Lunes 28 – Fiesta – Blanco / Misa: del Propio. Gloria. Prefacio de Navidad – Liturgia de las horas: del Propio.
Primera lectura
Lectura de la primera carta del Apóstol San Juan 1, 5 – 2, 2
La sangre de Cristo nos purifica de todo pecado
15La noticia que hemos oído de él y que nosotros les anunciamos, es esta: Dios es luz, y en él no hay tinieblas. 6Si decimos que estamos en comunión con él y caminamos en las tinieblas, mentimos y no procedemos conforme a la verdad. 7Pero si caminamos en la luz, como el mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos purifica de todo pecado. 8Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. 9Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos y purificarnos de toda maldad. 10Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso, y su palabra no está en nosotros. 21Hijos míos, les he escrito estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos un defensor ante el Padre: Jesucristo, el Justo. 2El es la Víctima propiciatoria por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.
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Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 124 (123), 2–5. 7–8
R. ¡Nuestra ayuda está en el Nombre del Señor!
2Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando los hombres se alzaron contra nosotros, 3nos habrían devorado vivos. Cuando ardió su furor contra nosotros. R.
4Las aguas nos habrían inundado, un torrente nos habría sumergido, 5nos habrían sumergido las aguas turbulentas. R.
7Nuestra vida se salvó como un pájaro de la trampa del cazador: la trampa se rompió y nosotros escapamos. 8Nuestra ayuda está en el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra. R.
Aleluya:
“Aleluya. Aleluya. A ti, Dios, te alabamos y cantamos; a ti, Señor, te alaba la brillante multitud de los mártires. Aleluya”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 2, 13–18
Herodes mandó matar a todos los niños en Belén
13Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo". 14José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto. 15Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: "Desde Egipto llamé a mi hijo". 16Al verse engañado por los magos, Herodes se enfureció y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, de acuerdo con la fecha que los mayor le habían indicado. 17Así se cumplió lo que había sido anunciado por el profeta Jeremías: 18"En Ramá se oyó una voz, hubo lágrimas y gemidos: es Raquel, que llora a sus hijos y no quiere que la consuelen, porque ya no existen".
Palabra del Señor.
Comentario:
La Iglesia recuerda con veneración a estos “mártires”, a estos infantes asesinados por Herodes. La realidad del mal se plantea con dureza en situaciones como estas. Lejos de ser un día dedicado a las burlas o los chistes de mal gusto, donde te dicen “feliz día de los inocentes”, hoy se debe mirar a los niños que sufren y mueren por las necedades de los mayores.
La Escritura nos muestra a un hombre poderoso que tiene miedo de perder su poder. Herodes hace las maldades necesarias para mantener lo único que a él le interesa: su permanencia en la cresta de la ola, ser el más poderoso. Cualquier amenaza a ese poder omnímodo será tirada abajo por cualquier medio.
Al no poder dar con Jesús se “asegurará” de que este no quede vivo. Matará a todos los niños de dos años para abajo. Así cree controlar la situación. Su ceguedad y su miedo le impiden ver que el nuevo “rey” no viene a robarle su trono temporal, viene a instaurar otro Reino distinto del que Herodes cuida tanto. Por otro lado, Jesús no estará entre las víctimas del asesino, huirá con sus padres como inmigrante a Egipto. Las muertes fueron, por ambos motivos, absolutamente innecesarias.
A los poderosos no le interesan los pobres, los marginados, los que no cuentan en sus planes. No. A ellos solo le interesa su propio poder, su bien personal… los demás son piezas en el ajedrez de sus manipulaciones cotidianas. La reflexión más profunda que podemos hacer es: ¿por qué hoy, después de tanto tiempo de cristianismo en el mundo, sigue habiendo estas maneras de proceder en los que ejercen el poder? ¿Por qué sigue muriendo gente por el provecho y el afán de lucro o poder de los que los gobiernan? ¿Qué nos pasa a los cristianos que no cambiamos eso?
Meditemos:
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