lunes, 28 de diciembre de 2009

Martes 29 – Día 5° dentro de la octava de Navidad – Blanco / Misa: del Propio. Gloria. Prefacio de Navidad – Liturgia de las horas: del Propio.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del Apóstol San Juan 2, 3–11

Quien ama a su hermano permanece en la luz

3La señal de que lo conocemos, es que cumplimos sus mandamientos. 4El que dice: "Yo lo conozco", y no cumple sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. 5Pero en aquel que cumple su palabra, el amor de Dios ha llegado verdaderamente a su plenitud. Esta es la señal de que vivimos en él. 6El que dice que permanece en él, debe proceder como él. 7Queridos míos, no les doy un mandamiento nuevo, sino un mandamiento antiguo, el que aprendieron desde el principio: este mandamiento antiguo es la palabra que ustedes oyeron. 8sin embargo, el mandamiento que les doy es nuevo. Y esto es verdad tanto en él como en ustedes, porque se disipan las tinieblas y ya brilla la verdadera luz. 9El que dice que está en la luz y no ama a su hermano, está todavía en las tinieblas. 10El que ama a su hermano permanece en la luz y nada lo hace tropezar. 11Pero el que no ama a su hermano, está en las tinieblas y camina en ellas, sin saber a dónde va, porque las tinieblas lo han enceguecido.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Salmo 96 (95), 1–3. 5–6

R. ¡Alégrese el cielo y exulte la tierra!

1Canten al Señor un canto nuevo, cante al Señor toda la tierra; 2canten al Señor, bendigan su Nombre. R.

Día tras día, proclamen su victoria. 3Anuncien su gloria entre las naciones, y sus maravillas entre los pueblos. R.

5Los dioses de los pueblos no son más que apariencia, pero el Señor hizo el cielo; 6en su presencia hay esplendor y majestad, en su Santuario, poder y hermosura. R.

Aleluya: Lucas 2, 32

“Aleluya. Aleluya. Luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel. Aleluya”


Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 2, 22–35  

Luz para alumbrar a las naciones

22Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, 23como está escrito en la Ley: "Todo varón primogénito será consagrado al Señor". 24También debían ofrecer un sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. 25Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él 26y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. 27Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, 28Ángel lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: 29“Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, 30porque mis ojos han visto la salvación 31que preparaste delante de todos los pueblos: 32luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel”. 33Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. 34Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, 35y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”.

Palabra del Señor.

Comentario:

En el relato evangélico de hoy, Simeón, profetiza y celebra gozoso que Dios le haya permitido ver al Mesías antes de morir. Los padres de Jesús realizan todo lo que la Ley pide para su hijo. Allí se encuentran con cosas sorprendentes, como estas palabras de Simeón, que son como un preludio de lo sorprendente que será la vida del Hijo de Dios.

Simeón dice a viva voz el proyecto de Dios. Jesús es la luz que viene a iluminar al las naciones paganas y la gloria de Israel. En una misma persona se encuentran la salvación para los paganos y los judíos, para todos.

La advertencia final de Simeón a María muestra que la historia no es color de rosas para el Salvador y su Madre. Hay que tomar decisiones frente a Jesús, hay que tener la fuerza necesaria para seguirlo y dejarse “elevar” por Él. La bendición de Jesús debe ser aprovechada por aquellos que queremos ser “elevados”, sino la “caída” será dura y dolorosa. Pero, el corazón de la Madre sufrirá, no será fácil para ella ver a su Hijo sufrir por los pecados del mundo.

En el pensamiento de Lucas, sucesos como este, marcan un camino. Lucas elige poner este relato, heredado de la tradición cristiana, para mostrarnos los caminos inescrutables de Dios, como Dios salva a los hombres entregándose totalmente. Sólo los que están en sintonía con Él, como Simeón, entienden y captan la realidad del accionar divino.

María guardará estas cosas en su corazón, como prendiendo a medias, quizá, lo que aquí se le dice… empieza a intuir que la Salvación de la humanidad en ese niño no será tan fácil como muchos pensaban.


Meditemos:

  • ¿Qué cosas esperamos de la vida?
  • ¿Dejamos a Dios hablar en nosotros? ¿Le escuchamos?

 


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Publicado por Desconocido @ 17:00
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