Sábado 02 – Santos Basilio Magno y Gregorio de Nacianzo, obispos y doctores de la Iglesia – Memoria Obligatoria – Blanco / Misa: de la memoria – Liturgia de las horas: de la memoria.
Primera lectura
1° Juan 2, 22-28
Permanezcan fieles a lo que oyeron desde el principio
22¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el Anticristo: el que niega al Padre y al Hijo. 23El que niega al Hijo no está unido al Padre; el que reconoce al Hijo también está unido al Padre. 24En cuanto a ustedes, permanezcan fieles a lo que oyeron desde el principio: de esa manera, permanecerán también en el Hijo y en el Padre. 25La promesa que él nos hizo es esta: la Vida eterna. 26Esto es lo que quería escribirles acerca de los que intentan engañarlos. 27Pero la unción que recibieron de él permanece en ustedes, y no necesitan que nadie les enseñe. Y ya que esa unción los instruye en todo y ella es verdadera y no miente, permanezcan en él, como ella les ha enseñado. 28Sí, permanezcan en él, hijos míos, para que cuando él se manifieste, tengamos plena confianza, y no sintamos vergüenza ante él en el Día de su Venida.
Salmo Responsorial
Salmo 98 (97), 1-4.
R. ¡El Señor manifestó su victoria!
1Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas: su mano derecha y su santo brazo le obtuvieron la victoria. R.
2El Señor manifestó su victoria, reveló su justicia a los ojos de las naciones: 3se acordó de su amor y su fidelidad en favor del pueblo de Israel. R.
Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios. 4Aclame al Señor toda la tierra, prorrumpan en cantos jubilosos. R.
Aleluya: Hebreos 1, 1–2
“Aleluya. Aleluya. Después de haber hablado a nuestros padres por medio de los profetas, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo. Aleluya.”
Evangelio
Juan 1, 19-28
En medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen
19Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: "¿Quién eres tú?". 20El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: "Yo no soy el Mesías". 21"¿Quién eres, entonces?", le preguntaron: "¿Eres Elías?". Juan dijo: "No". "¿Eres el Profeta?". "Tampoco", respondió. 22Ellos insistieron: "¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?" 23Y él les dijo: "Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías". 24Algunos de los enviados eran fariseos, 25y volvieron a preguntarle: "¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?". 26Juan respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: 27él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia". 28Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán donde Juan bautizaba.
Comentario:
Juan el Bautista, acosado por las preguntas de los fariseos, responde sobre lo que “no es” y lo que “es”. El “no” es el Mesías, ni ninguno de los profetas, el es “una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías” (Is 40, 3). Su llamada vocacional consiste el “allanar”, en facilitar la llegada del Mesías prometido. No viene a quitarle el lugar a Jesús (v. 27), viene a provocar el encuentro entre Dios y su pueblo. Podemos entender la frase de Juan el Bautista en un doble sentido: El no es el “esposo” de la humanidad, por eso “yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia”. Cfr. La ley del levirato, Deut 25, 5-6 y Rut 4, 1-10, donde juega importante papel el tema de la “sandalia”. O, también, se puede entender como señal de respeto o súplica por el que viene (1Sam 25, 24; 2Reyes 4, 27), o de discipulado (Hechos 22, 3). La necesidad de lavar los pies, para comodidad e higiene, surgió de los caminos polvorientos, y el lavado de los pies era signo de hospitalidad, generalmente realizado por el más bajo de los esclavos (1Sam 25, 41; Lc 7, 44; Jn 13, 5ss); Juan ni se considera digno de ser su esclavo.
Meditemos:
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