Martes 05 – Feria – Blanco / Misa: del Propio del tiempo. Prefacio de Navidad – Liturgia de las horas: del Propio del tiempo.
Primera lectura
1° Juan 3, 11–20
No amemos solamente con la lengua y de palabra, sino con obras y de verdad
11La noticia que oyeron desde el principio es esta: que nos amemos los unos a los otros. 12No hagamos como Caín, que era del Maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué lo mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano, en cambio, eran justas. 13No se extrañen, hermanos, si el mundo los aborrece. 14Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la Vida, porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama permanece en la muerte. 15El que odia a su hermano es un homicida, y ustedes saben que ningún homicida posee la Vida eterna. 16En esto hemos conocido el amor: en que él entregó su vida por nosotros. Por eso, también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos. 17Si alguien vive en la abundancia, y viendo a su hermano en la necesidad, le cierra su corazón, ¿cómo permanecerá en él el amor de Dios? 18Hijitos míos, no amemos solamente con la lengua y de palabra, sino con obras y de verdad. 19En esto conoceremos que somos de la verdad, y estaremos tranquilos delante de Dios 20aunque nuestra conciencia nos reproche algo, porque Dios es más grande que nuestra conciencia y conoce todas las cosas.
Salmo Responsorial
Salmo 100 (99), 1–5
R. ¡Aclame al Señor toda la tierra!
1Aclame al Señor toda la tierra, 2sirvan al Señor con alegría, lleguen hasta él con cantos jubilosos. R.
3Reconozcan que el Señor es Dios: él nos hizo y a él pertenecemos; somos su pueblo y ovejas de su rebaño. R.
4Entren por sus puertas dando gracias, entren en sus atrios con himnos de alabanza, alaben al Señor y bendigan su Nombre. R.
5¡Qué bueno es el Señor! Su misericordia permanece para siempre, y su fidelidad por todas las generaciones. R.
Aleluya:
“Aleluya. Aleluya. Nos ha amanecido n día sagrado; vengan, naciones, adoren al Señor, porque hoy una gran luz ha bajado a la tierra. Aleluya”
Evangelio
Juan 1, 43–51
Maestro, tú eres el hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel
43Al día siguiente, Jesús resolvió partir hacia Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: "Sígueme". 44Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro. 45Felipe encontró a Natanael y le dijo: "Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret". 46Natanael le preguntó: "¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?". "Ven y verás", le dijo Felipe. 47Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: "Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez". 48"¿De dónde me conoces?", le preguntó Natanael. Jesús le respondió: "Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera". 49Natanael le respondió: "Maestro, tú eres el hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel". 50Jesús continuó: "Porque te dije: "Te vi debajo de la higuera", crees. Verás cosas más grandes todavía". 51Y agregó: "Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre".
Comentario:
“JUAN Y LOS SAMARITANOS: He aquí a un verdadero israelita. Cuando el Evangelio habla del Mesías, recurre habitualmente, no al vocabulario común de los judíos, sino al de los samaritanos, herederos lejanos del reino de Israel y de las tribus del norte. Habló de Elías, el gran profeta de Israel, del Profeta mencionado por el Deuteronomio 18,15, uno de los libros que figuraban igualmente en la Biblia de los samaritanos; en el versículo 45 la frase está torcida y todo el acento está puesto: del cual habló Moisés en la Ley, porque los Samaritanos reivindicaban a Moisés, pero no a los profetas casi todos judíos; Jesús es el hijo de José, un nombre querido por la gente del norte por que era el territorio de las tribus de José; y Natanael responde: Tú eres el Rey de Israel. Jesús reprende evocando el sueño de Jacob en Betel, un hombre y un lugar que son todavía típicamente samaritanos.
Todo eso nos lleva a pensar que algunas partes por lo menos del evangelio de Juan fueron escritas para los samaritanos o, más precisamente, para comunidades cristianas del otro lado del Jordán donde se sentían más cerca de los samaritanos que de los judíos. En el capítulo 4 la conversación excepcionalmente larga con la samaritana mostrará las mismas características, hasta la réplica del v. 42, porque la expresión Salvador del mundo parece haber nacido por esa época en la provincia de Samaría. En los capítulos siguientes Juan escribirá muchas veces: los judíos, como si hablara de un grupo extranjero. El descubrimiento en China de documentos importantes provenientes de cristianos llamados nestorianos que llevaron allá el Evangelio en el siglo sexto ha arrojado alguna luz sobre sus tradiciones antiguas. Provenían de países situados al este del Jordán y se consideraban como los herederos de Juan; en cambio sus tradiciones miraban con desconfianza a los judíos de Judea” (Comentario a este pasaje de la Biblia Latinoamericana, 1995).
Meditemos:
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