Jueves 21 – Santa Inés, virgen y mártir – memoria obligatoria – Rojo / Misa: de la memoria. – Liturgia de las horas: de la memoria.
Primera lectura
Lectura del primer libro del profeta Samuel 18, 6–9; 19, 1–7
Mi padre Saúl intenta matarte
186A su regreso, después que David derrotó al filisteo, las mujeres de todas las ciudades de Israel salían a recibir al rey Saúl, cantando y bailando, al son jubiloso de tamboriles y triángulos. 7Y mientras danzaban, las mujeres cantaban a coro: "Saúl ha matado a miles y David a decenas de miles". 8Saúl se puso furioso y muy disgustado por todo aquello, pensó: "A David le atribuyen los diez mil, y a mí tan sólo los mil. ¡Ya no le falta más que la realeza!". 9Y a partir de ese día, Saúl miró con malos ojos a David. 191Saúl habló a su hijo Jonatán y a todos sus servidores de su proyecto de matar a David. Pero Jonatán, hijo de Saúl, quería mucho a David, 2y lo puso sobre aviso, diciéndole: "Mi padre Saúl intenta matarte. Ten mucho cuidado mañana por la mañana; retírate a un lugar oculto y no te dejes ver. 3Yo saldré y me quedaré junto con mi padre en el campo donde tú estés; le hablaré de ti, veré que pasa y te lo comunicaré". 4Jonatán habló a su padre Saúl en favor de David, y le dijo: "Que el rey no peque contra su servidor David, ya que él no ha pecado contra ti. Al contrario, sus acciones te reportan grandes beneficios. 5El se jugó la vida cuando derrotó al filisteo, y el Señor dio una gran victoria a todo Israel. Si tanto te alegraste al verlo, ¿por qué vas a pecar con sangre inocente, matando a David sin motivo?". 6Saúl hizo caso a Jonatán y pronunció este juramento: "¡Por la vida del Señor, no morirá!". 7Jonatán llamó a David y lo puso al tanto de todo. Luego lo llevó a la presencia de Saúl, y David quedó a su servicio como antes.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 56 (55), 2–3. 9–13.
R. ¡En Dios confío y no temo!
2Ten piedad de mí, Señor, porque me asedian, todo el día me combaten y me oprimen: 3mis enemigos me asedian sin cesar, son muchos los que combaten contra mí. R.
9Tú has anotado los pasos de mi destierro; recoge mis lágrimas en tu odre: ¿acaso no está todo registrado en tu Libro? 10Mis enemigos retrocederán cuando te invoque. R.
Yo sé muy bien que Dios está de mi parte; 11confío en Dios y alabo su palabra; 12confío en él y ya no temo: ¿qué pueden hacerme los hombres? R.
13Debo cumplir, Dios mío, los votos que te hice: te ofreceré sacrificios de alabanza. R.
Aleluya: Cfr. 2 Timoteo 1, 10
“Aleluya. Aleluya. Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte e hizo brillar la vida, mediante la Buena Notivia. Aleluya”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 3, 1–6
Los espíritus impuros se tiraban a sus pies, gritando: "¡Tú eres el Hijo de Dios!". Pero Jesús les ordenaba terminantemente que no lo pusieran de manifiesto
7Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió mucha gente de Galilea. 8Al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de la Transjordania y de la región de Tiro y Sidón. 9Entonces mandó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara. 10Porque, como curaba a muchos, todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre él para tocarlo. 11Y los espíritus impuros, apenas lo veían, se tiraban a sus pies, gritando: "¡Tú eres el Hijo de Dios!". 12Pero Jesús les ordenaba terminantemente que no lo pusieran de manifiesto.
Palabra del Señor.
Comentario:
Jesús, en San Marcos, tiene mucha calma, pero vive un mundo agitado. Marcos lo lleva aceleradamente de un lado para el otro, haciendo milagros, liberando gente, discutiendo, enseñando. Encima tiene que hacer callar a los demonios para que no hablen de Él. El famoso secreto mesiánico está presente. Pero también es importante recalcar que Jesús no quiere que el “enemigo” sea quien predique su nombre, para eso están los “amigos”, los discípulos.
Meditemos:
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