sábado, 23 de enero de 2010

Domingo 24 – 3° DOMINGO DURANTE EL AÑO – Verde / Misa: del Propio. Gloria. Credo – Liturgia de las horas: del Propio. 3ra semana del salterio.

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Nehemías 8, 2–4ª. 5-6. 8-10

Te nombré profeta de los gentiles

En aquel tiempo: 2El sacerdote Esdras trajo la Ley ante la Asamblea, compuesto por los hombres, las mujeres y por todos los que podían entender lo que se leía. Era el primer día del séptimo mes. 3Luego, desde el alba hasta promediar el día, leyó el libro en la plaza que está ante la puerta del Agua, en presencia de los hombres, de las mujeres y de todos los que podían entender. Y todo el pueblo seguía con atención la lectura del libro de la Ley. 4Esdras, el escriba, estaba de pie sobre una tarima de madera que habían hecho para esa ocasión. 5Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo -porque estaba más alto que todos- y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso de pie. 6Esdras bendijo al Señor, el Dios grande y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: "¡Amén! ¡Amén!". Luego se inclinaron y se postraron delante del Señor con el rostro en tierra. 8Ellos leían el libro de la Ley de Dios, con claridad, e interpretando el sentido, de manera que se comprendió la lectura. 9Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote escriba, y los levitas que instruían al pueblo, dijeron a todo el pueblo: "Este es un día consagrado al Señor, su Dios: no estén tristes ni lloren". Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley. 10Después añadió: "Ya pueden retirarse; coman bien, beban un buen vino y manden una porción al que no tiene nada preparado, porque este es un día consagrado a nuestro Señor. No estén tristes, porque la alegría en el Señor es la fortaleza de ustedes".

Palabra de Dios

Salmo Responsorial

Salmo 19 (18), 8–10. 15

R¡Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida!

8La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma; el testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple. R.

9Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón; los mandamientos del Señor son claros, iluminan los ojos. R.

10La palabra del Señor es pura, permanece para siempre; los juicios del Señor son la verdad, enteramente justos. R.

15¡Ojalá sean de tu agrado las palabras de mi boca, y lleguen hasta ti mis pensamientos, Señor, mi Roca y mi redentor! R.


Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 12–30

Quedan la fe, la esperanza, el amor; pero lo más grande es el amor

Hermanos: 12Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. 13Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo -judíos y griegos, esclavos y hombres libres- y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. 14El cuerpo no se compone de un solo miembro sino de muchos. 15Si el pie dijera: "Como no soy mano, no formo parte del cuerpo", ¿acaso por eso no seguiría siendo parte de él? 16Y si el oído dijera: "Ya que no soy ojo, no formo parte del cuerpo", ¿acaso dejaría de ser parte de él? 17Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿dónde estaría el oído? Y si todo fuera oído, ¿dónde estaría el olfato? 18Pero Dios ha dispuesto a cada uno de los miembros en el cuerpo, según un plan establecido. 19Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? 20De hecho, hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo. 21El ojo no puede decir a la mano: "No te necesito", ni la cabeza, a los pies: "No tengo necesidad de ustedes". 22Más aún, los miembros del cuerpo que consideramos más débiles también son necesarios, 23y los que consideramos menos decorosos son los que tratamos más decorosamente. Así nuestros miembros menos dignos son tratados con mayor respeto, 24ya que los otros no necesitan ser tratados de esa manera. Pero Dios dispuso el cuerpo, dando mayor honor a los miembros que más lo necesitan, 25a fin de que no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los miembros sean mutuamente solidarios. 26¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría. 27Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo. 28En la Iglesia, hay algunos que han sido establecidos por Dios, en primer lugar, como apóstoles; en segundo lugar, como profetas; en tercer lugar, como doctores. Después vienen los que han recibido el don de hacer milagros, el don de curar, el don de socorrer a los necesitados, el don de gobernar y el don de lenguas. 29¿Acaso todos son apóstoles? ¿Todos profetas? ¿Todos doctores? ¿Todos hacen milagros? 30¿Todos tienen el don de curar? ¿Todos tienen el don de lenguas o el don de interpretarlas?

Palabra de Dios.

Aleluya: Lucas 4, 18

“Aleluya. Aleluya. El Señor me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos. Aleluya.”


Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1, 1–4. 4, 14-21

Jesús, como Elías y Elíseo, no es enviado sólo a los judíos

11Muchos han tratado de relatar ordenadamente los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros, 2tal como nos fueron transmitidos por aquellos que han sido desde el comienzo testigos oculares y servidores de la Palabra. 3Por eso, después de informarme cuidadosamente de todo desde los orígenes, yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo Teófilo, un relato ordenado, 4a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido. 414Jesús volvió a Galilea con el poder el Espíritu y su fama se extendió en toda la región. 15Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan. 16Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. 17Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: 18"El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos 19y proclamar un año de gracia del Señor". 20Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. 21Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír".

Palabra del Señor.

Comentario:

Hoy.

Vivimos en un mundo de vanas promesas. Los que nos gobiernan patean la pelota para adelante y el que viene después, como no puede cumplir lo que el otro prometió, se conforma con echarle la culpa de todo lo que pasa y promete algo que él tampoco cumplirá. Palabras como siempre, nunca, jamás, es la última vez, etc., suenan a promesa incumplida, o lo que es peor, por incumplirse.

Las palabras del Señor, expresadas con tanta fuerza en el evangelio de hoy, nos llaman la atención sobre la cantidad, casi infinita, de promesas incumplidas (hacia nosotros y hacia los demás) que tenemos en nuestro haber. Es muy fácil, en un momento de emoción, arrepentimiento, valor o cobardía, prometer algo que, desde lo más profundo de nuestro corazón, queremos cumplir; pero que, con el tiempo, se va diluyendo.

Aprendamos que no se trata de tener buenas intenciones ni motivaciones exquisitas, sino que lo importante, no son las palabras, sino los hechos. El hoy es lo que cuenta, el hoy es el campo de batalla donde se desenvuelve el combate de la vida. De nada valen las promesas si no se las realiza. No nos mintamos más: ¡O hacemos hoy lo que pensamos o nunca se hará realidad! Hoy es el tiempo, no mañana.

Muchos viven frustrados por las oportunidades que perdieron o no se les dieron en la vida, se la pasan hablando de lo que hicieron o no hicieron en el pasado. El pasado ya está muerto, no existe. Si ayer fuiste una mala o excelente persona, eso no importa: ¡Lo importante es qué sos ahora! De recuerdos no se hace un presente.

Otros viven planificando para mañana, se sacrifican por un mundo tan irreal como el de las películas y, en realidad, proyectan sobre una pared blanca imágenes que a plena luz del hoy no existen. Viven soñando una realidad que nunca llegará. No porque no pueda existir, sino porque nunca se pasa de los sueños a la obra, de la promesa a los hechos, de la visión legítima a la concreción, en el hoy, de esa idea.

¡Vive el hoy! ¡Esfuérzate hoy por ser quien eres o quieres ser! ¡El ayer y el mañana no existen! ¡Sólo existe el hoy! Y eso es lo que somos. ¡Seamos hoy y seremos siempre!

Me ha consagrado por la unción

Nosotros también estamos consagrados por la unción. No una unción sólo de aceite, sino una unción del Espíritu Santo. ¡Tú, cristiano, eres un consagrado por la unción! El día de tu bautismo, el Señor te consagró por la unción. El día de tu confirmación, el Señor te consagró por la unción. Cada vez que recibes la Eucaristía, el Señor se te entrega a ti, consagrado por la unción. Al pedir perdón por tus pecados, renuevas la consagración que hay en ti por la unción. Todo bautizado es un ungido. Todo bautizado está consagrado en el Espíritu del Señor.

Pero no se trata de recibir la consagración por la unción del Espíritu del Señor para nada. No es un objeto que se cuelga en la casa. No es arte decorativo en la vida del creyente. La unción sirve para algo, no está de adorno, tiene un propósito definido: ENVIAR.

Él me envió

Como cristiano has sido enviado por Dios para hacer la tarea de Cristo Jesús hoy y aquí en la tierra (vea Gál 2, 20). ¿Cuántos de nosotros valoramos este envío? ¿Qué significa misionar para los católicos de hoy? Aparentemente, muy poco. Los bautizados, en su gran mayoría, tienen los tesoros guardados por Dios en su corazón, tirados en el sótano de su vida. Allí, en el cuartito de los objetos que no sirven para nada, hemos puesto la unción del Espíritu del Señor. En vez de estar llevando la buena noticia a los pobres, ni siquiera sabemos de qué se trata esa buena noticia. ¡Eh, la Biblia no muerde! Aunque sea un salmito por día podrías meditar, ¿no? En vez de anunciar la liberación a los cautivos, parece que nosotros somos los mejores prisioneros de Satán. Aunque la puerta esté abierta, a pocos se les ocurre dejar la esclavitud del pecado. Dar la vista a los ciegos, primer milagro en la vida de todo creyente, no pasa, para nosotros, de ser algo formal. En vez de andar por la vida con los ojos de la fe bien abiertos, parecemos ciegos guiando a otros ciegos. Estamos atados a las devociones de moda y donde aparece un nuevo “profeta” trasnochado, o alguna nueva “aparición de la Virgen”, allí están los ”ciegos” corriendo para ver... nada, sino solo su propia imaginación de que son iluminados. El prólogo de san Juan nos decía el segundo domingo de Navidad: “En ella (la Palabra) estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Jn 1, 4). Busquemos en la Palabra de Dios la luz para nosotros los hombres. Dejemos el mundo de las tinieblas, que Dios nos ha llamado a ser iluminados y no ciegos.

Me animo a escribirles como lo hace San Juan: “Hijos míos, les he escrito estas cosas para que no pequen” (1 Jn 2, 1).

Dar la libertad a los oprimidos es algo que todos podemos, desde la unción del Espíritu Santo, hacer hoy en nuestra vida. No hace falta mucho. Mire cómo ocurren las cosas. Pregúntese: ¿Qué pasa si nos hemos perdido en el camino y sólo uno conoce cómo volver? ¿Qué hacemos? -Lo hacemos guía y lo seguimos –me responderá. Y es cierto. Si él encuentra el camino para sí, con sólo caminar, será seguido por todos. Usted puede liberar a los oprimidos con sólo liberarse a sí mismo. Si usted es capaz de seguir el camino de Señor, los demás también lo seguirán.

Proclamemos un año de gracia del Señor. Lo hagamos hoy, en nuestra vida. Que cada uno siga su camino espiritual y todos estaremos en la misma senda. No busquemos el cambio de los otros. Cambiemos nosotros y los demás nos seguirán. ¿Y si no me siguen? ¿Crees, acaso, que si no siguen tu ejemplo, seguirán tus palabras? Es hoy y soy yo el protagonista del cambio. Se trata de hoy, y no de mañana, se trata de mí, y no de los demás. Ojalá todos podamos decir como Jesús: “Hoy se ha cumplido (en mí) este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.

 

Meditemos:

 

  • ¿Qué significa: “El Espíritu del Señor está sobre mí”? En tu vida: ¿Puedes decir lo mismo que Jesús?
  • ¿Qué es “llevar la Buena Noticia a los pobres”? ¿Hago eso?
  • Proclamar un año de gracia del Señor significaba alegrarse en la liberación y salvación que Dios daba a su pueblo (hasta se liberaban esclavos como gesto de imitación a la bondad de Dios). El pueblo entraba en estado de júbilo y glorificaba la presencia de Dios. Este 2010, ¿puede ser un año de júbilo para ti? ¿Cómo harías que se convirtiera en un año de gracia del Señor?

 


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Publicado por Desconocido @ 18:03
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