Martes 09 – Feria – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: de la feria.
Primera lectura
Lectura del primer libro de los Reyes 8, 22–23. 27–30
Sobre este templo quisiste que residiera tu nombre. Escucha la súplica de tu pueblo Israel
22Salomón se puso ante el altar del Señor, frente a toda la asamblea de Israel, extendió sus manos hacia el cielo 23y dijo: "Señor, Dios de Israel, ni arriba en el cielo ni abajo en la tierra hay un Dios como tú, que mantienes la Alianza y eres fiel con tus servidores, cuando caminan delante de ti de todo corazón. 27Pero ¿es posible que Dios habite realmente en la tierra? Si el cielo y lo más alto del cielo no pueden contenerte, ¡cuánto menos esta Casa que yo he construido! 28No obstante, Señor, Dios mío, vuelve tu rostro hacia la oración y la súplica de tu servidor, y escucha el clamor y la oración que te dirige hoy tu servidor. 29Que tus ojos estén abiertos día y noche sobre esta Casa, sobre el lugar del que tú dijiste: "Allí residirá mi Nombre". ¡Escucha la oración que tu servidor dirige hacia este lugar! 30¡Escucha la súplica y la oración que tu servidor y tu pueblo Israel dirijan hacia este lugar! ¡Escucha desde tu morada en el cielo, escucha y perdona!
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 84 (83), 3–5. 10–11
R. ¡Qué amable es tu casa, Señor del universo!
3Mi alma se consume de deseos por los atrios del Señor; mi corazón y mi carne claman ansiosos por el Dios viviente. R.
4Hasta el gorrión encontró una casa, y la golondrina tiene un nido donde poner sus pichones, junto a tus altares, Señor del universo, mi Rey y mi Dios. R.
5¡Felices los que habitan en tu Casa y te alaban sin cesar! 10 Protege, Dios, a nuestro Escudo y mira el rostro de tu Ungido. R.
11Vale más un día en tus atrios que mil en otra parte; yo prefiero el umbral de la Casa de mi Dios antes que vivir entre malvados. R.
Aleluya: Salmo 119 (118), 36. 29b
“Aleluya. Aleluya. Inclina mi corazón hacia tus prescripciones y dame la gracia de conocer tu Ley. Aleluya”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 7, 1–13
Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres
1Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, 2y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar. 3Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; 4y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce. 5Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?". 6El les respondió: "¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. 7En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos. 8Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres". 9Y les decía: "Por mantenerse fieles a su tradición, ustedes descartan tranquilamente el mandamiento de Dios. 10Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y además: El que maldice a su padre y a su madre será condenado a muerte. 11En cambio, ustedes afirman: "Si alguien dice a su padre o a su madre: Declaro "corbán" -es decir, ofrenda sagrada- todo aquello con lo que podría ayudarte..." 12En ese caso, le permiten no hacer más nada por su padre o por su madre. 13Así anulan la palabra de Dios por la tradición que ustedes mismos se han transmitido. ¡Y como estas, hacen muchas otras cosas!".
Palabra del Señor.
Comentario:
Jesús se enfrenta a los escribas en una discusión sobre la pureza ritual. Esa pureza ritual nace de las leyes compiladas en el libro del Levítico y son relativas al estado de pureza requerido para participar en el culto divino. Muchos de estos “preceptos” rituales apuntaban a los sacerdotes y levitas, pero los fariseos las ampliaban a todo el pueblo de modo muy escrupuloso, aplicando no solo las leyes de Levítico, sino también otras que se transmitían de modo oral. El problema es que para esos lavados rituales se necesitaba agua en cantidad y los más pobres no contaban, en un lugar tan seco como donde vivían, más que de agua para sobrevivir o para cultivar, lo que los hacía “impuros” por no practicar la pureza ritual.
Jesús considera que estás tradiciones no son queridas por Dios, y menos mandadas por Él, y ve a quienes cumplen escrupulosamente los rituales de purificación, pero no viven como verdaderos creyentes, como “hipócritas” (del griego hypokritês, que se utilizaba para referirse al actor de teatro que se cubría el rostro con un máscara asumiendo un personaje de ficción, con el tiempo asumió la connotación de “falso” o “doble cara”).
Para el Señor, siguiendo a Isaías 29, 13, que dice: “Este pueblo se acerca a mí con la boca y me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí, y el temor que me tiene no es más que un precepto humano, aprendido por rutina”, los gestos externos son irrelevantes si no van unidos a un corazón cercano al Creador… todo será rutina, precepto humano, sin relación con lo divino.
Lo peor de todo es que estos hombres, en vez de usar la “tradición” para el bien de las personas, la siguen -abusando de ella- para el bien propio y su egoísmo. El caso propuesto como ejemplo por Jesús en los vv. 8-13 manifiesta claramente cuál es su pensamiento sobre el cumplimiento de la ley. Cuando la ley protege a los más débiles, cuando la ley beneficia a los marginados, haciéndonos responsables unos de otros, la ley es adecuada… pero si la ley solo beneficia a los impulsos vengativos o egoístas de las personas es contraria al pensamiento y el deseo de quién la legisla y su interpretación (eso es: la tradición) debe ser cambiada.
En el caso concreto que plantea el Señor, declarar corbán una ofrenda hecha al templo, por la cual las personas “ofrendaban” alguna cosa, algún bien, al templo, con lo cual ya no se podía usar ese bien para que le sirviera a alguien en especial (por ejemplo a los padres ancianos), pero no era obligatorio llevarlo al templo, o sea, podía estar en la propia casa, con lo cual esa aparente conducta piadosa de ofrendar bienes a Dios es en realidad una maldición, venganza, o abandono explícito a los padres ancianos a quienes se les impide el uso del bien en cuestión (podía ser dinero, también) sumiéndolos en la pobreza… aquí la Ley Divina (cuarto mandamiento) es vulnerada por la ley humana (tradición del corbán) y la decisión de Dios, que los padres sean cuidados y preservados en su ancianidad, no se cumple. Así se burla el cumplimiento de la Ley divina y tanto los padres como Dios son despreciados por el egoísmo humano. Algunas razones para hacer esto se podrían entender por deseos de venganza a los progenitores o por “aparentar” una actitud piadosa; lo cual llevaría, al costo del sufrimiento de sus padres, a la persona que eso hiciera “a sumar puntos” sociales.
Esta discusión se da en el contexto de una extensión de las obligaciones de la clase sacerdotal a todo el pueblo de Israel, que de ese modo, en la mente de los fariseos, se vería como un pueblo verdaderamente sacerdotal. Lo único que trae esa concepción es una ley pesada e imposible de cumplir. Jesús reacciona duramente frente a esa concepción y lo hace con ejemplos concretos. Pablo seguirá la misma línea e insistirá que la ley solo sirve para tomar conciencia del pecado, la salvación es obra de la fe (ver Romanos 4, 14; Romanos 5, 20).
Tal vez esta discusión de Jesús con los escribas nos ayude a entender que tampoco en la Iglesia actual (en sus normativas concretas para la vida de los creyentes) es válido mirar la vida solo desde un lugar, llamémosle así, “clerical”, sino que será necesario que el pueblo “sacerdotal” viva de acuerdo a las reglas del amor que Cristo se empeñó en enseñar aunque no cumpla con la “pureza ritual” que, no solo es hartamente difícil e imposible practicar por la mayoría, sino que también puede llegar a estar violando el deseo de Dios, exagerando la aplicación humana de la misma. En esta cuestión sería necesario revalorizar la orientación que Dios quiere que tengamos, sin “atarnos” a nuestras tradiciones, por más bellas y antiguas que sean.
Meditemos:
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