miércoles, 17 de febrero de 2010

Jueves 18 – Morado / Misa: del Propio del tiempo – Liturgia de las horas: del Propio del tiempo.

Primera lectura

Lectura del libro del Deuteronomio 30, 15-20

Yo he puesto delante de ti la bendición y la maldición

15Hoy pongo delante de ti la vida y la felicidad, la muerte y la desdicha. 16Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios, que hoy te prescribo, si amas al Señor, tu Dios, y cumples sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, entonces vivirás, te multiplicarás, y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde ahora vas a entrar para tomar posesión de ella. 17Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, si te dejas arrastrar y vas a postrarte ante otros dioses para servirlo. 18yo les anuncio hoy que ustedes se perderán irremediablemente, y no vivirán mucho tiempo en la tierra que vas a poseer después de cruzar el Jordán. 19Hoy tomo por testigos contra ustedes al cielo y a la tierra; yo he puesto delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, y vivirás, tú y tus descendientes, 20con tal que ames al Señor, tu Dios, escuches su voz y le seas fiel. Porque de ello depende tu vida y tú larga permanencia en la tierra que el Señor juró dar a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Salmo 1, 1–4. 6

R¡Feliz el que pone en el Señor toda su confianza!

1¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos, 2sino que se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche! R.

3El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá bien. R.

4No sucede así con los malvados: ellos son como paja que se lleva el viento. 6porque el Señor cuida el camino de los justos, pero el camino de los malvados termina mal. R.

Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 9, 22-25

El que pierda su vida por mí la salvará

22"El hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día". 23Después dijo a todos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. 24Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará. 25¿De qué le servirá la hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?

Palabra del Señor.

Comentario

La vida es tomar decisiones, es optar por esto o aquello. En las cosas del espíritu también es igual: se debe elegir entre la vida feliz y la desdicha (muerte). El Señor es sencillo y práctico: haciendo esto, va a pasar esto otro. Quien sigue los caminos de Dios, llega a la vida feliz, llega a “completar” su vida, a hacerla plena. Lo más fuerte del relato de Deuteronomio es que “elige la vida, y vivirás, tú y tus descendientes” (v. 19); es decir, nuestras decisiones las tomamos nosotros, pero también afectan a los demás, y sobre todo afectan a los que más amamos. Hay que decidir bien, esto está asegurado “con tal que ames al Señor, tu Dios, escuches su voz y le seas fiel” (v. 20). Bueno, hay que hacerlo.

El Salmo 1 remarca lo expresado en la primera lectura: ser feliz es elegir bien. Esta buena elección se caracteriza por “complacerse en la ley del Señor y meditarla de día y de noche” (v. 2); estar plantado al “borde de las aguas”, al borde del cauce divino, en las “orillas” del río de la vida, al “costado” de Dios (v. 3), y dejar a Dios “cuidarnos” siempre (v. 6).

La vida: tema central del día de hoy. La vida feliz, consecuencia de buenas decisiones. La vida en el Señor, seguirlo, entregar la vida, garantía de resurrección, de vida para siempre y felicidad perpetua. La manera de hacer esto posible es elegir adecuadamente el camino del Señor y, como dice Mateo 4, 17 convertirnos, “porque el Reino del los Cielos está cerca”. Este es el tiempo de la conversión, de volver a empezar, de aprovechar la vida que nos queda para ser felices en el Señor.

Meditemos:

  • ¿Cómo he buscado la felicidad hasta ahora? ¿Por los caminos de Dios o por otros? ¿Qué estoy esperando para “amar a Dios y escuchar su voz y serle fiel”?
  • ¿Leo la Palabra de Dios y la medito diariamente? ¿Estoy tan cerca de Dios que me parezco al árbol del Salmo? ¿En qué se nota? ¿Me dijo cuidar por Dios?
  • ¿A qué renuncio –o renuncié- por seguir a Jesús? ¿En qué cosas estoy “perdiendo” la vida, para ganarla en Cristo?

 


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Publicado por Desconocido @ 17:00
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