sábado, 20 de febrero de 2010

Domingo 21 – 1° DOMINGO DE CUARESMA – Morado / Misa: del Propio. Credo – Liturgia de las horas: del Propio. 1ra semana del salterio.


Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio 26, 1–2. 4–10

Profesión de fe del pueblo escogido

Moisés habló al pueblo diciendo: 1Cuando entres en la tierra que el Señor, tu Dios, te da en herencia, cuando tomes posesión de ella y te establezcas allí, 2 recogerás las primicias de todos los frutos que extraigas de la tierra que te da el Señor, tu Dios, las pondrás en una canasta, y las llevarás al lugar elegido por el Señor, tu Dios, para constituirlo morada de su Nombre. 4El sacerdote tomará la canasta que tú le entregues, la depositará ante el altar, 5y tú pronunciarás estas palabras en presencia del Señor, tu Dios. "Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y se refugió allí con unos pocos hombres, pero luego se convirtió en una nación grande, fuerte y numerosa. 6Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron una dura servidumbre. 7Entonces pedimos auxilio al Señor, el Dios de nuestros padres, y él escuchó nuestra voz. El vio nuestra miseria. nuestro cansancio y nuestra opresión. 8y nos hizo salir de Egipto con el poder de su mano y la fuerza de su brazo, en medio de un gran terror, de signos y prodigios. 9El nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra que mana leche y miel. 10Por eso ofrezco ahora las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me diste". Tú depositarás las primicias ante el Señor, tu Dios, y te postrarás ante el Señor, tu Dios, y te postrarás delante de él.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial

Salmo 91 (90), 1–2. 10–15

R¡En el peligro, Señor, estás conmigo!

1Tú que vives al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Todopoderoso, 2di al Señor: “Mi refugio y mi baluarte, mi Dios, en quien confío”. R.

10No te alcanzará ningún mal, ninguna plaga se acercará a tu carpa, 11  porque Él te encomendó a sus ángeles para que te cuiden en todos tus caminos. R.

12Ellos te llevarán en sus manos para que no tropieces contra ninguna piedra; 13caminarás sobre leones y víboras, pisotearás cachorros de león y serpientes. R.

14“El se entregó a mí, por eso, yo lo glorificaré; lo protegeré, porque conoce mi Nombre; 15me invocará, y yo le responderé. Estaré con él en el peligro, lo defenderé y lo glorificaré”. R.


Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Cristianos de Roma 10, 5–13

Profesión de fe del que cree en Jesucristo

Hermanos: 5Moisés escribe acerca de la justicia que proviene de la Ley: “El hombre que la practique vivirá por ella”. 6En cambio, la justicia que proviene de la fe habla así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo?, esto es, para hacer descender a Cristo. 7O bien: ¿Quién descenderá al Abismo?, esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos. 8¿Pero qué es lo que dice la justicia?: La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, es decir la palabra de la fe que nosotros predicamos. 9Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado. 10Con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa para obtener la salvación. 11Así lo afirma la Escritura: “El que cree en él, no quedará confundido”. 12Porque no hay distinción entre judíos y los que no lo son: todos tienen el mismo Señor, que colma de bienes a quienes lo invocan. 13Ya que todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.

Palabra de Dios.

Aclamación: Mateo 4, 4

“El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”


Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 4, 1–13  

El Espíritu le iba llevando por el desierto. Y era tentado

1Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto, 2donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre. 3El demonio le dijo entonces: "Si tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan". 4Pero Jesús le respondió: "Dice la Escritura: "El hombre no vive solamente de pan"". 5Luego el demonio lo llevó a un lugar más alto, le mostró en un instante todos los reinos de la tierra 6y le dijo: "Te daré todo este poder y esplendor de estos reinos, porque me han sido entregados, y yo los doy a quien quiero. 7Si tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá". 8Pero Jesús le respondió: "Está escrito: "Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto"". 9Después el demonio lo condujo a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del Templo y le dijo: "Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, 10porque está escrito: "El dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden". 11Y también: "Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra"". 12Pero Jesús le respondió: "Está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios"". 13Una vez agotadas todas las formas de tentación, el demonio se alejó de él, hasta el momento oportuno.

Palabra del Señor.

Comentario:

Aunque Jesús fue tentado durante cuarenta días en el desierto, Lucas sólo nos cuenta el contenido de las tres últimas tentaciones del Señor.

Primera tentación

La primera tentación de Satanás quiere apartar a Jesús del camino del sufrimiento. Es como decirle al Señor: sé el “Mesías providente”, o también decir: “¿Para qué vas a morir en la cruz, si sólo con llenar la panza de la gente basta para que te aclamen como Rey?”. Alguien que es capaz de convertir piedras en panes, puede llegar a conquistar al mundo entero.

A ninguno de nosotros nos extraña que las piedras de hoy que se convierten en panes para ganar los corazones de las personas son los “billetes”. “Poderoso caballero, es don dinero”. Ante tanta corrupción, tanto voto entregado por unas cuantas monedas, un colchón, o una caja de mercadería, no nos extraña que el Señor haya dicho que “¡no!”. Jesús es consciente que en Él se realiza la nueva humanidad, el hombre no vive solamente de pan, el hambre del pueblo no se calma con demagogia, con mercadería antes de una elección de autoridades, con piedras convertidas en pan; el hambre del pueblo se sacia viviendo la Palabra de Dios, haciendo lo que se debe hacer y no lo que me conviene, obrando con honestidad, con responsabilidad y no aprovechándose de la debilidad ajena para conseguir una vil ganancia. Jesús es el hombre honrado y obediente a la ley de Dios que todos nosotros, por más hambre de cualquier cosa que tengamos, debiéramos ser. Jesús tiene dominio de sí, Él tiene poder y control sobre sus decisiones, a pesar de las circunstancias. Ni esclavo, ni amo, ¡dueño de sí!

Segunda tentación

Y hablando de poder, la tentación de Satanás, apunta a eso. Si la primera tentación apuntaba a aprovecharse de las debilidades propias de Jesús, la segunda tentación busca aprovechar la debilidad y necesidades propias de los otros. Dos caras de la misma moneda. Todo esto está relacionado con eso de que: “el fin justifica los medios”. Muchas veces nos cansamos de ir por el camino correcto y pareciera que la senda del autoritarismo, del control sobre los demás, de la brutalidad o el maltrato, como modo de gobierno, nos sedujera, de tal manera, que caemos en él. Aceptar la tentación de seguir el camino de los violentos y los poderosos, de los que no ven el sufrimiento que provocan, de los que creen que las personas son números, de los que piensan que los demás son piezas de ajedrez, peones sacrificables, es aceptar la tentación de postrarse delante de Satanás y no de Dios.

El mundo de hoy tiene cada vez más concentración de poder, riquezas y esplendor en unos pocos, y, mientras pocos tienen mucho, muchos tienen poco. La mala distribución de la riqueza, la mala distribución del poder, lleva al sufrimiento a innumerable cantidad de personas que no sólo son llevados a la esclavitud económica, sino también sometidos a la esclavitud cultural. Una pobreza trae la otra. Mientras unos pocos comen de más y reciben una formación esmerada, muchos no tienen con qué alimentarse y, al mismo tiempo, se ven privados de la formación y la información que les servirían para mejorar la calidad de su vida y la de los suyos. Es el monopolio del poder, el esplendor y las riquezas, y la globalización del abandono, la marginación, la miseria, el sufrimiento y la muerte. Ante eso, Jesús, nueva humanidad, da culto a Dios entregando su vida para que aquellos que somos “imagen y semejanza” del Creador, vivamos como hermanos en paz, armonía y justicia. Ni esclavo, ni amo, ¡dueño de sí!

Tercera tentación

En esta tentación, la inmensa ternura del corazón de Jesús, es puesta a prueba. Muchas personas han caído en ella, perdieron su alegría por ella, han muerto por ella. Es la gran tentación de toda la humanidad. La magia, la superstición, el ocultismo, los hechizos, apuntan a eso. Esta tentación golpea directamente a nuestra confianza en Dios. Cuando vienen los problemas, cuando la situación se vuelve difícil y las cosas no nos salen como queremos, nos quejamos de Dios.

Hay muchas formas de tentar a Dios, quizás la peor de todas sea la de querer ocupar su lugar. Y es lo que precisamente muchos creen que estar haciendo hoy. Desde los más “burdos”, aquellos que recurren a la magia, la superstición, el ocultismo, los hechizos, etc., hasta los más “refinados”, aquellos que recurren a la ciencia todopoderosa, a la inteligencia omnipotente, a la razón infalible, a la técnica que todo lo alcanza, etc. Todos tientan a Dios. Quizás partimos del presupuesto de “¿Por qué a mí?”, como si fuera que Dios tiene que andar siempre a mi lado para que nada me pase. Y si Dios no lo hace, desilusionado, recurro a lo “burdo” o a lo “refinado”.

Jesús decía “No tentarás al Señor, tu Dios”. Al final de su vida lo repitió, aunque de otro modo: “Que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. No se trata de dejarnos estar, de resignarnos, de bajar los brazos. Se trata de movernos, de intentar mejorar la situación con la razón y la fe, pero libres del pecado de presunción, de la tentación de la soberbia, del orgullo y la autonomía, como dice el salmo 19, versículo 14: Presérvame, además, del orgullo, para que no me domine: entonces seré irreprochable y me veré libre de ese gran pecado.

 

Jesús eligió el camino largo y difícil de la entrega generosa de su vida, del servicio a los hermanos, y de la muerte para que todos vivieran. Él es la nueva humanidad. Ni esclavo, ni amo, ¡dueño de sí!


Meditemos:

 

  • ¿Quién conduce a Jesús al desierto? ¿Cuánto tiempo estuvo allí? ¿Qué le pasó durante ese tiempo?
  • ¿De qué se trata la primera tentación? ¿Qué significa la respuesta de Jesús? ¿Cómo reaccionamos ante el hambre, la gula, la pobreza, la riqueza, el dinero, el tener, el sufrimiento en la vida?
  • ¿De qué se trata la segunda tentación? ¿Qué significa la respuesta de Jesús? ¿Cómo reaccionamos ante el poder político, el liderazgo en una comunidad, el ser más importante que los demás, la soberbia, la manipulación?
  • ¿De qué se trata la tercera tentación? ¿Qué significa la respuesta de Jesús? ¿Cómo reaccionamos ante la providencia, nuestras oraciones no escuchadas, la ayuda de Dios que parece tardar en llegar, los milagros, el tener que vivir sólo de fe, la pretensión de que Dios siempre me tiene que ayudar?

 


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Publicado por Desconocido @ 19:05
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