Martes 23 – Feria – Morado / Misa: del propio del tiempo – Liturgia de las horas: del propio del tiempo.
Primera lectura
Lectura del libro del profeta Isaías 55, 10-11
La palabra que sale de mi boca realiza todo lo que yo quiero
Así habla el Señor:
10Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, 11así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 34 (33), 4-5. 6-7. 16-27. 18-19 (R.: cf. 18b)
R. El Señor libra a los justos de todas sus angustias.
4Glorifiquen conmigo al Señor, alabemos su Nombre todos juntos. 5Busqué al Señor: él me respondió y me libró de todos mis temores. R.
6Miren hacia él y quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán. 7Este pobre hombre invocó al Señor: él lo escuchó y los salvó de sus angustias. R.
16Los ojos del Señor miran al justo y sus oídos escuchan su clamor; 17pero el Señor rechaza a los que hacen el mal para borrar su recuerdo de la tierra. R.
18Cuando ellos claman, el Señor los escucha y los libra de todas sus angustias. 19El Señor está cerca del que sufre y salva a los que están abatidos. R.
Versículo antes del Evangelio Mt 4, 4b
“El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 6, 7-15
Ustedes oren de esta manera
7Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. 8No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. 9Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, 10que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo. 11Danos hoy nuestro pan de cada día. 12Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. 13No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal. 14Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. 15Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.
Palabra del Señor.
Comentario:
La comparación que hace Isaías, no solo es gráfica, sino, al mismo tiempo, muy esperanzadora; ya que compara “la palabra que sale de mi boca” con el agua que todo lo humecta, que todo lo vuelve vida. El gran peligro de la Palabra de Dios es quedar “estéril”, ser infecunda, ser in-útil. Por eso el Señor Dios se encarga de mostrarnos que esa Palabra que sale de su boca, “realiza todo lo que yo quiero” y “cumple la misión que yo le encomendé”. Dios vuelve “real”, concreto, auténtico, verdadero; todo lo que toca con su palabra de vida. La misión de esta palabra, comparándola con el agua del v. 10, es germinar en el ser humano y convertirse en “pan” que se parte y reparte. Es decir, la palabra alimenta, la palabra da vida.
El Salmo 34 nos invita a ver a Dios como el que siempre está escuchando y socorriendo al ser humano. Al salmista le parece imposible que no nos hayamos dado cuenta de que “el Señor está cerca del que sufre y salva a los que están abatidos” (v. 19). En vez de quejarnos tanto de que los demás son así o asá, de que las cosas que vivimos son de lo peor, o de llorar por nuestra tan “mala suerte”; podríamos, como el salmista, recurrir un poco más a la oración y suplicarle al Dios de la vida que nos ayude en nuestras necesidades ya que “el Señor libra a los justos de todas sus angustias” (v. 18).
La oración del Padre Nuestro es la plegaria por excelencia, no solo porque nos fue enseñada por el Salvador del mundo, sino porque de modo completo nos pone delante del creador, como hijos delante de su padre, y nos lleva suavemente a pedir lo que verdaderamente nos hace falta. El condicional del v. 12: “Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido”, invita a una seria reflexión sobre que estamos haciendo con esa hermosa herramienta espiritual para construir nuestras personas: EL PERDÓN. Los versículos 14-15 nos marcan lo que es esencial a los ojos de Cristo: perdonarnos mutuamente. Jesús no se anda con rodeos a la hora de mostrarnos en donde está la llave para abrir las puertas del perdón divino: si quieres que Dios se fije en tu oración, empieza a ser como es Él. Jesús incentiva el DESEO de ser como Dios, no se trata de creer que podremos llegar al 100 por cien de lo que es Dios, en este caso en el PERDÓN, se trata de llegar al 100 por cien de nuestra capacidad de hacer las cosas.
Meditemos:
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