Jueves 25 – Feria – Morado / Misa: del Propio del tiempo – Liturgia de las horas: del Propio del tiempo.
Primera lectura
Lectura del libro de Ester (suplemento griego) 3, 6; 4, 12. 14-16. 23-25
Señor, no tengo otra ayuda fuera de ti
36El rey de Persia firmó un decreto, ordenando que todos los judíos fueran exterminados del país por la espada. Al enterarse todo Israel clamaba con todas sus fuerzas, porque veían que su muerte era inminente. 412La reina Ester, presa de una angustia mortal, también buscó refugio en el Señor. 14Luego oró al Señor, Dios de Israel, diciendo: “¡Señor mío, nuestro Rey, tú eres el Único! Ven a socorrerme, porque estoy sola, no tengo otra ayuda fuera de ti 15y estoy expuesta al peligro. 16Yo aprendí desde mi infancia, en mi familia paterna, que tú, Señor, elegiste a Israel entre todos los pueblos, y a nuestros padres entre todos sus antepasados, para que fueran tu herencia eternamente. ¡Y tú has hecho por ellos lo que habías prometido! 23¡Acuérdate, Señor, y manifiéstate en el momento de nuestra aflicción! Y a mí, dame valor, Rey de los dioses y Señor de todos los que tienen autoridad. 24Coloca en mis labios palabras armoniosas cuando me encuentre delante del león, y cámbiale el corazón para que deteste al que nos combate y acabe con él y con sus partidarios. 25¡Líbranos de ellos con tu mano y ven a socorrerme, porque estoy sola, y no tengo a nadie fuera de ti, Señor! Tú, que lo conoces todo”.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 138 (137), 1-2ª. 2bc-3. 7c-8 (R.: 3ª)
R. Me respondiste cada vez que te invoqué, Señor.
1Te doy gracias, Señor, de todo corazón, te cantaré en presencia de los ángeles, y 2me postraré ante tu santo Templo. R.
Daré gracias a tu Nombre por tu amor y tu fidelidad, porque tu promesa ha superado tu renombre. 3Me respondiste cada vez que te invoqué y aumentaste la fuerza de mi alma. R.
7Tu derecha me salva. 8El Señor lo hará todo por mí. Señor, tu amor es eterno, ¡no abandones la obra de tus manos! R.
Versículo antes del Evangelio: Salmo 51 (50), 12ª. 14a
“Creo en mí, Dios mío, un corazón puro, y devuélveme la alegría de tu salvación”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 7, 7-12
El que pide recibe
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “7Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. 8Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. 9¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra? 10¿O si le pide un pez, le da una serpiente? 11Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará cosas buenas a aquellos que se las pidan! 12Todos los que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas”.
Palabra del Señor.
Comentario:
La súplica de Ester, reina, esposa del rey Jerjes I (486-465) –nombrado como Asuero en la Biblia-, es dramática… en ella vemos el dolor y el temor de esta mujer por la situación que se avecina: la destrucción de su gente, de su pueblo. Ella recurre en su oración al recuerdo de lo que le enseñaron en su infancia, a la memoria de la “elección” divina sobre el pueblo de Israel. Desde esa memoria Ester hace “acordar” a Dios que “su” pueblo sufre y le pide “valor” y “palabras armoniosas”. Esta súplica refiere a la situación del relato: Amán, hijo de Hamdatá, de Agag, es ascendido a “super-ministro” el único que no parece enterarse de que debe rendirle “honores” es Mardoqueo, el judío, lo cual provoca la ira del superministro, el cuál intenta, no solo eliminar a Mardoqueo, sino a todo su pueblo. Mardoqueo no se arrodilla ante otro que no sea Dios, su fe así se lo pide, no lo hará frente a un hombre, por más superministro que este sea… Amán sabe esto y quiere destruirlo: si por ser judío no se arrodilla, sus paisanos tampoco lo harán… todos deben ser destruidos. Ester no había dicho que era judía, ahora se va a animar a decirlo para salvar a su pueblo del decreto que dice que todo judío debe ser exterminado. Por eso pide VALOR y PALABRAS ARMONIOSAS. Termina su oración reconociendo su soledad y pidiendo a Dios que su MANO la socorra.
El salmo 138 invita a la alegría de saber que Dios siempre responde. La acción de gracias, la postración (signo de humildad ante el poder celestial), la acción de gracias por el amor y la fidelidad divinas invita a ver en el salmista un hombre feliz porque Dios no le abandonó y su derecha lo salvó (v. 7). La súplica final (¡no abandones la obra de tus manos!) del vers. 8 manifiesta que el orante sabe quién es (obra de Dios) y que necesita constantemente su ayuda.
El evangelio nos invita a la oración confiada, a la súplica constante. “Pidan, busquen, llamen” son los términos que usa el Señor para referirse a la oración. Presupone Jesús que hay alguien escuchando la oración del necesitado, que Dios tiene el oído atento, que ninguna súplica caerá en saco roto. Por eso la comparación de los vv. 9-11: Dios es padre bueno, Él da a sus “hijos”, nosotros, todo lo que necesitamos y aún más. Terminará Jesús en el v. 12 con la regla de oro: hacer a los otros lo que queremos que los otros hagan con nosotros. Casi como que en la comunidad se resuelve la paternidad divina y que somos nosotros los encargados de ejercer misericordia y amor, socorro y ternura, a los fieles del Señor. Si así lo hiciéramos, así lo harán con nosotros.
Meditemos:
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