Viernes 26 – Feria – Morado / Misa: del propio del tiempo – Liturgia de las horas: del propio del tiempo. Día penitencial: Abstinencia
Primera lectura
Lectura del libro del profeta Ezequiel 18, 21-28
¿Acaso deseo yo la muerte del pecador y no que se convierta de su mala conducta y viva?
21Pero si el malvado se convierte de todos los pecados que ha cometido, observa todos mis preceptos y practica el derecho y la justicia, seguramente vivirá, y no morirá. 22Ninguna de las ofensas que haya cometido le será recordada: a causa de la justicia que ha practicado, vivirá. 23¿Acaso deseo yo la muerte del pecador -oráculo del Señor- y no que se convierta de su mala conducta y viva? 24Pero si el justo se aparta de su justicia y comete el mal, imitando todas las abominaciones que comete el malvado, ¿acaso vivirá? Ninguna de las obras justas que haya hecho será recordada: a causa de la infidelidad y de pecado que ha cometido, morirá. 25Ustedes dirán: "El proceder del Señor no es correcto". Escucha, casa de Israel: ¿Acaso no es el proceder de ustedes, y no el mío, el que no es correcto? 26Cuando el justo se aparta de su justicia, comete el mal y muere, muere por el mal que ha cometido. 27Y cuando el malvado se aparta del mal que ha cometido, para practicar el derecho y la justicia, él mismo preserva su vida. 28El ha abierto los ojos y se ha convertido de todas las ofensas que había cometido: por eso, seguramente vivirá, y no morirá.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 130 (129), 1-2. 3-4ab. 4c-6. 7-8 (R.: 3)
R. Si tienes en cuenta las culpas, Señor, ¿quién podrá subsistir?
1Desde lo más profundo te invoco, Señor, 2¡Señor, oye mi voz! Estén tus oídos atentos al clamor de mi plegaria. R.
3Si tienes en cuenta las culpas, Señor, ¿quién podrá subsistir? 4Pero en ti se encuentra el perdón, para que seas temido. R.
5Mi alma espera en el Señor, y yo confío en su palabra. 6Mi alma espera al Señor, más que el centinela la aurora. R.
Como el centinela espera la aurora, 7espere Israel al Señor, porque en él se encuentra la misericordia y la redención en abundancia: 8él redimirá a Israel de todos sus pecados. R.
Versículo antes del Evangelio Ez 18, 31
“Dice el Señor: arrojen lejos de ustedes todas las rebeldías y háganse un corazón nuevo y un espíritu nuevo”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 20-26
Ve a reconciliarte con tu hermano
20Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. 21Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: "No matarás", y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. 22Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego. 23Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, 24deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. 25Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. 26Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.
Palabra del Señor.
Comentario:
Ezequiel nos invita a comprender a Dios con este maravilloso texto nacido de su mano. La secuencia que el Señor propone para que el malvado viva es: conversión (lo que equivale a no obrar mal de nuevo), observar los preceptos divinos (es decir, adecuarse a lo que exige la ley del Señor), practicar el derecho y la justicia (vivir en armonía y respeto con el prójimo). Son los tres pasos a los cuáles se nos llama. Es decir, en tres pasos, la vida plena junto a Dios. La contracara es que el bueno puede pecar y morirá, no se le tiene en cuenta su pasado “glorioso” y “recto”, no acumula puntos para el viaje a la vida eterna. Para Dios no es así: lo que importa es vivir rectamente, no acumular puntos, o bonus, de entrada a la vida eterna. No se trata de si se es justo o no, no es algo legal… es un estilo de vida, es una actitud ante la vida y la comunidad. Es ser como Dios o solo simularlo…
El Salmo 130 nos invita a la oración suplicante de perdón y protección. El orante sabe que ha cometido pecado, por eso le insiste a Dios “Si tienes en cuenta las culpas, Señor, ¿quién podrá subsistir?” (v. 3). Pero también comprende, y con profundidad que en Dios se encuentran “la misericordia y la redención en abundancia” (v.7). Por eso, porque todos pecamos, y necesitamos la redención abundante, hoy la Iglesia nos lo propone como camino, itinerario, de oración en este tiempo de cuaresma. No es solo desear ser perdonado, es hacer lo necesario para que esto suceda: la súplica confiada es lo primero.
Jesús exagera, sin duda, sobre lo extremo que debe ser el cuidado de las relaciones interpersonales entre los cristianos. Pero esa exageración, como todo ideal, por otra parte, tiene algo de real: estimula el deseo de crecer como creyente, como perfección en el amor-servicio. Los términos usados por el Señor: irritación, insulto, maldición… expresan como un drama en tres actos de lo que la ira, la bronca, puede provocar, en esa escalada de violencia en nuestra vida familiar, laboral o de amigos. Casi sin darnos cuenta pasamos de la simple irritación o molestia, al insulto (no necesariamente verbalizado o expresado al que causa la irritación) y, por último, la maldición (o malos deseos hacia esa persona); la última, la maldición, ya expresa la posibilidad del la violación del mandamiento “no matarás”. Para Jesús no hay que llegar tan lejos como para darnos cuenta de que algo está mal en nuestra vida. Se tratará de “llegar a un acuerdo”, de arreglar, de ver las dos posturas, antes de que nos pongan presos (v. 25). La idea es concreta, práctica: no es la última acción, es la primera la que hay que corregir; como dicen los Alcohólicos Anónimos: no es la última copa la peligrosa, es la primera. Si se pierde el control al inicio, no se lo tendrá al final.
Meditemos:
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