Viernes 05 – Feria – Morado / Misa: del propio del tiempo – Liturgia de las horas: del propio del tiempo. Día penitencial: Abstinencia
Primera lectura
Lectura del libro del Génesis 37, 3-4. 12-13ª. 17b-28
Ahí viene ese soñador. ¿Por qué no lo matamos?
3Israel amaba a José más que a ningún otro de sus hijos, porque era el hijo de la vejez, y le mandó hacer una túnica de mangas largas. 4Pero sus hermanos, al ver que lo amaba más que a ellos, le tomaron tal odio que ni siquiera podían dirigirle el saludo. 12Un día, sus hermanos habían ido hasta Siquem para apacentar el rebaño de su padre. 13Entonces Israel dijo a José: “Tus hermanos están con el rebaño de Siquem. Quiero que vayas a verlos”. José fue entonces en busca de sus hermanos, y los encontró en Dotán. 18Ellos lo divisaron desde lejos, y antes que se acercara, ya se habían confabulado para darle muerte. 19“Ahí viene ese soñador”, se dijeron unos a otros. 20“¿Por qué no lo matamos y lo arrojamos en una de esas cisternas? Después diremos que lo devoró una fiera. ¡Veremos entonces en qué terminan sus sueños!”. 21Pero Rubén, al oír esto, trató de salvarlo diciendo: “No atentemos contra su vida”. 22Y agregó: “No derramen sangre. Arrójenlo en esa cisterna que está allá afuera, en el desierto, pero no pongan sus manos sobre él”. En realidad, su intención era librarlo de sus manos y devolverlo a su padre sano y salvo. 23Apenas José llegó al lugar donde estaban sus hermanos, estos lo despojaron de su túnica –la túnica de mangas largas que llevaba puesta–, 24lo tomaron y lo arrojaron a la cisterna, que estaba completamente vacía. 25Luego se sentaron a comer. De pronto, alzaron la vista y divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad, transportando en sus camellos una carga de goma tragacanto, bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto. 26Entonces Judá dijo a sus hermanos: “¿Qué ganamos asesinando a nuestro hermano y ocultando su sangre? 27En lugar de atentar contra su vida, vendámoslo a los ismaelitas, porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne”. Y sus hermanos estuvieron de acuerdo. 28Pero mientras tanto, unos negociantes madianitas pasaron por allí y retiraron a José de la cisterna. Luego lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de planta, y José fue llevado a Egipto.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 104 (103), 16-21 (R.: 5a)
R. Recuerden las maravillas que obró el Señor.
16El provocó una gran sequía en el país y agotó las provisiones, 17Pero antes envió a un hombre, a José, que fue vendido como esclavo. R.
18le ataron los pies con grillos y el hierro oprimió su garganta, 19hasta que se cumplió lo que él predijo, y la palabra del Señor lo acreditó. R.
20el rey ordenó que lo soltaran, el soberano de pueblos lo puso en libertad; 21lo nombró señor de su palacio y administrador de todos sus bienes. R.
Versículo antes del Evangelio: Jn 3, 16
“Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 21, 33-46
Éste es el heredero: vamos a matarlo
33Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. 34Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. 35Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. 36El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera. 37Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: “Respetarán a mi hijo”. 38Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: “Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia”. 39Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron. 40Cuando vuelve el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?". 41Le respondieron: “Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo”. 42Jesús agregó: “¿No han leído nunca en las Escrituras: "La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos"? 43Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos”. 45Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. 46Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.
Palabra del Señor.
Comentario:
Primera Lectura: Los celos... la búsqueda de ocupar logares de importancia sin trabajar para ello, eligiendo la muerte del adversario y no ganarse el “lugar” a puro trabajo, es lo que vemos aquí de parte de los hermanos de José. La historia triste de José, a quién Dios le mostraba en sueños para qué lo llamaba, se verá continuada (y por qué no decirlo, mejorada hasta el extremo) por Jesús. Uno sólo de los hermanos trata de salvarlo de la muerte, y gracias a Dios, para él y sus homicidas hermanos, lo logra. Será tratado como esclavo, humillado y vendido a alguien poderoso… pero Dios “escribirá derecho en renglones torcidos” no solo en la vida de este hombre, sino también en la historia del pequeño pueblo elegido. Las cosas empezaron mal y terminan bien, porque Dios actúa en la historia. José es arquetipo de Jesucristo, porque en él vemos al hombre maltratado, discriminado, violentado. José es condenado a muerte por sus hermanos, como lo será Jesús por los líderes de su pueblo; José terminará victorioso salvando a toda su familia, Jesús, por su resurrección, salvará no solo al pueblo judío, sino a toda la humanidad.
Salmo: El salmo nos invita a valorar a Dios siempre presente y obrando maravillas en nuestra vida a pesar de las situaciones angustiantes que podamos soportar. El salmista lee en clave teológica la historia de su pueblo, se convierte así en “historia de salvación”, donde lo malo sucede con un “plan”, donde las cosas difíciles que pasan no suceden por qué sí. De manera sucinta, e inteligible, relata los hechos y dándonos, en el responsorio, a modo de letanía, la llave de interpretación para lo que nos relata: “recuerden las maravillas que obró el Señor”.
Evangelio: En la parábola que hoy leemos se nos presenta la imagen del dueño de una viña, un terrateniente, que hace todo lo necesario para que su viña de “fruto”: la cerca, cava un lagar y construye la torre de vigilancia. Pero este propietario “arrenda” su viña y se va al extranjero. Esta realidad que presenta Jesús en la parábola no era rara en su época donde, en la mayor parte del imperio romano, las cosas se hacían de ese modo. La tarea de la viña podía estar a cargo de personas libres, o esclavos; en caso de ser “arrendatarios”, como en la parábola, al final de la cosecha se entregaba un 25 por ciento, o más, de las ganancias que la viña produjera. Los grandes propietarios de tierras vivían de los “arriendos” en las grandes ciudades, con muy poco contacto con la tierra arrendada. Jesús cita de manera sobrentendida la parábola de la viña de Isaías 5, 1-7, en donde se termina diciendo: “Porque la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantación predilecta. ¡Él esperó de ellos equidad, y hay efusión de sangre; esperó justicia, y hay gritos de angustia!”. Sin duda alguna, el auditorio de Jesús sabía que esta parábola era una reedición de aquella y por eso lo escucharon con atención y contestaron con tanta dureza a la pregunta del v. 40: “Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?”. Fijémonos como Jesús va mostrándonos la escalada de violencia en la que caen los viñadores (v. 35-37) que golpean y matan a los enviados del dueño hasta llegar al absurdo de matar al hijo, al heredero. Así se plantean dos cosas:
1º.- Que Jesús es el “Hijo de Dios”, y que este va irremediablemente a su pasión y muerte (el final de la parábola en el v. 45, muestra con claridad quienes son los viñadores homicidas). Por eso nos decía Juan Pablo II, refiriéndose a esta parábola: En ella se manifiesta con toda evidencia la verdad sobre Cristo como Hijo mandado por el Padre. Es más, se subraya con toda claridad el carácter sacrificial y redentor de este envío. El Hijo es verdaderamente “...Aquél a quien el Padre santificó y envió al mundo” (Jn 10, 36). Así, pues, Dios no sólo “nos ha hablado por medio del Hijo... en los últimos tiempos” (Cfr. Hebr 1, 1-2), sino que a este Hijo lo ha entregado por nosotros, en un acto inconcebible de amor, mandándolo al mundo. (Juan Pablo II, Audiencia General, miércoles 24 de junio de 1987)
2º.- Que los viñadores están muy locos, o son muy tontos, ya que todos sabían que los propietarios tenían toda la ley de su lado, incluso contaban con gente dispuesta a golpear, o matar, a algún arrendatario que se pasara de listo. Es decir, era imposible que los viñadores arrendatarios se quedaran con la viña. La imagen que Jesús presenta es la de los líderes religiosos de su época que utilizaban la fe del pueblo para su propio bien y no para servir y engrandecer a Dios. Ellos abusaban de la “viña-pueblo”, sin tener en cuenta a quien realmente pertenecía. Jesús es consciente de la situación en la que está y sabe bien que, como hijo del dueño de la viña, será rechazado y asesinado; por eso cita el salmo 118, 22-23, cuando dice: “¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?” (v. 42). La piedra angular, probablemente, es la que se ponía para trabar un arco; cosa que la convertía en eje de la construcción del techo. De todos modos, al ponerse como piedra angular, Jesús se asume como el hijo rechazado y asesinado; pero también, ya en clave de resurrección, como aquel que dice: “No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor” (Sal 118, 17) y “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!” (Sal 118, 26). Dando, con claridad, su nítido conocimiento de la realidad que está viviendo. Jesús les dijo a sus oyentes: “Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos” (v. 43). Así cambia la imagen de la “viña” por la realidad del “reino de Dios”, que viene a significar algo así como “la posesión del favor y la protección de Dios”, pero sobre todo en el tiempo final. También es notorio que, aunque el auditorio responde que “esos miserables” merecen la muerte (v. 41), Jesús es más compasivo y solo habla de “quitar”. Otra cosa importante es que el nuevo “pueblo” (la Iglesia) no puede dormirse en los laureles, sino que al trabajar la viña “le hará producir sus frutos”. Esta parábola nos invita a ser fieles servidores del Señor, a reconocer que la vida que nos han entregado solo es un “arriendo” y que tenemos que dar “fruto” a su tiempo. Como decía CLEMENTE DE ALEJANDRÍA: “Cada uno de nosotros es viña y a la vez labrador de sí mismo”. Amén.
Meditemos:
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