Lunes 08 – Feria – Morado / Misa: del Propio del Tiempo – Liturgia de las horas: del Propio del Tiempo.
Primera lectura
Lectura del segundo libro de los Reyes 5, 1-15
Había muchos leprosos en Israel, pero ninguno fue curado, sino Naamán, el sirio
1Naamán, general del ejército del rey de Aram, era un hombre prestigioso y altamente estimado por su señor, porque gracias a él, el Señor había dado la victoria a Aram. Pero este hombre, guerrero valeroso, padecía de una enfermedad en la piel. 2En una de sus incursiones, los arameos se habían llevado cautiva del país de Israel a una niña, que fue puesta al servicio de la mujer de Naamán. 3Ella dijo entonces a su patrona: "¡Ojalá mi señor se presentara ante el profeta que está en Samaría! Seguramente, él lo libraría de su enfermedad". 4Naamán fue y le contó a su señor: "La niña del país de Israel ha dicho esto y esto". 5El rey de Aram respondió: "Está bien, ve, y yo enviaré una carta al rey de Israel". Naamán partió llevando consigo diez talentos de plata, seis mil siclos de oro y diez trajes de gala, 6y presentó al rey de Israel la carta que decía: "Al mismo tiempo que te llega esta carta, te envío a Naamán, mi servidor, para que lo libres de su enfermedad". 7Apenas el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras y dijo: "¿Acaso yo soy Dios, capaz de hacer morir y vivir, para que este me mande librar a un hombre de su enfermedad? Fíjense bien y verán que él está buscando un pretexto contra mí". 8Cuando Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras, mandó a decir al rey: "¿Por qué has rasgado tus vestiduras? Que él venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel". 9Naamán llegó entonces con sus caballos y su carruaje, y se detuvo a la puerta de la casa de Eliseo. 10Eliseo mandó un mensajero para que le dijera: "Ve a bañarte siete veces en el Jordán; tu carne se restablecerá y quedarás limpio". 11Pero Naamán, muy irritado, se fue diciendo: "Yo me había imaginado que saldría él personalmente, se pondría de pie e invocaría el nombre del Señor, su Dios; luego pasaría su mano sobre la parte afectada y curaría al enfermo de la piel. 12¿Acaso los ríos de Damasco, el Abaná y el Parpar, no valen más que todas las aguas de Israel? ¿No podía yo bañarme en ellos y quedar limpio?". Y dando media vuelta, se fue muy enojado. 13Pero sus servidores se acercaron para decirle: "Padre, si el profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria ¿no la habrías dicho? ¡Cuánto más si él te dice simplemente: Báñate y quedarás limpio!". 14Entonces bajó y se sumergió siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del hombre de Dios; así su carne se volvió como la de un muchacho joven y quedó limpio. 15Luego volvió con toda su comitiva adonde estaba el hombre de Dios. Al llegar, se presentó delante de él y le dijo: "Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra, a no ser en Israel.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 42 (41), 2-3; 43 (42) 3-4 (R.: cf. 41, 3)
R. Mi alma tiene sed del Dios viviente: ¿cuándo contemplaré el rostro de Dios?
422Como la cierva sedienta busca las corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi Dios. R.
3Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente: ¿Cuándo iré a contemplar el rostro de Dios? R.
433 Envíame tu luz y tu verdad: que ellas me encaminen y me guíen a tu santa Montaña, hasta el lugar donde habitas. R.
4Y llegaré al altar de Dios, el Dios que es la alegría de mi vida; y te daré gracias con la cítara, Señor, Dios mío. R.
Versículo antes del Evangelio: Salmo 130, 5. 7
“5Mi alma espera en el Señor, y yo confío en su palabra. 7porque en él se encuentra la misericordia y la redención en abundancia”
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 4, 24-30
Jesús, como Elías y Eliseo, no es enviado solamente a los judíos
En aquel tiempo, dijo Jesús al pueblo en la sinagoga de Nazaret: 24“Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. 25Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. 26Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. 27También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio". 28Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron 29y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. 30Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.
Palabra del Señor.
Comentario:
Primera Lectura: La curación de Naamán el sirio es un gran signo. No sólo porque él es un extranjero, no es judío. Sino también porque el milagro de la curación se realiza desde la sencillez de bañarse “siete veces en el Jordán” (v. 10). Dios está manifestando que quiere, y puede, hacer milagros donde a él le plazca. No importa la creencia de la persona, no interesa su raza, su religión, su origen, su lugar de nacimiento, su modo de ser, o actuar. Importa que se acerque decididamente y crea en que Dios puede curar, puede salvar. Dios no discrimina a la hora de hacer milagros, solo pide obediencia. Naamán esperaba ser curado de un modo espectacular, quiere la “mediación” del profeta, quiere que las cosas salgan como él lo desea, a su modo, a su costumbre. Para Dios es más sencillo, lo servidores de Naamán lo saben y por eso le dicen: “Padre, si el profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria ¿no la habrías dicho? ¡Cuánto más si él te dice simplemente: Báñate y quedarás limpio!”, con lo cual indican: ¡Solo obedece y ten fe! Es que no necesita hacer algo extraordinario o espectacular para que sea un milagro. Como dice Santa Teresita del niño Jesús: “para quien quiere verlos, allí están los signos”. Solo se trata de querer hacer lo que Dios pide, el milagro viene solo, porque viene de Dios. Un punto aparte en el relato es el simbolismo con el BAUTISMO ya que será después Juan el Bautista que lleve al Jordán a los “leprosos” (pecadores) a sanarse por medio de la inmersión que hace renacer la vida.
Salmo: La búsqueda de lo divino, la sed de Dios, marca la tonalidad de este salmo. Se nos invita al deseo de Dios, a la búsqueda de Aquel que “es la alegría de mi vida” (43, 4). El alma del salmista está prendada del “rostro de Dios” (42, 3), desea con esperanza y prisa ir a contemplarlo. Busca denodadamente llegar al “altar de Dios” para darle “gracias con la cítara” (43, 4). Es una persona deseosa de encontrarse con la paz divina. Con él, nosotros repetimos “mi alma tiene sed del Dios viviente: ¿cuándo contemplaré el rostro de Dios?”, confiando poder llegar a esa contemplación.
Evangelio: Jesús recibe el mal trato, la actitud descreída de sus paisanos de Nazaret. Por eso les indica que Dios no lo envió solo para unos pocos, sino que él vino para todos. Para salvar a la humanidad. La respuesta, desmesuradamente agresiva, de ellos es el intento de asesinarlo. Jesús para entre medio de ellos sin problemas, es que su hora no ha llegado todavía, su tiempo es de predicar, no de morir. En contraste con la actitud obediente de Naamán, los paisanos de Jesús se manifiestan indolentes y agresivos. El primero es dócil, no sin “peros”; los segundos son rebeldes. El primero recibirá la gracia pedida, los segundos se quedarán sin nada. Debemos aprender a valorar el paso de Dios por nuestra vida, a dejarle hacer en nuestra existencia. Ese Dios que mira a “todos” con inmenso amor y caridad; nos mira a “nosotros” de manera privilegiada. Aprovechemos su cercanía, no para actuar como niños malcriados, sino para dejarle hacer su voluntad y obrar grandes milagros en nuestra vida.
Meditemos:
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