miércoles, 10 de marzo de 2010

Miércoles 18 – Feria – Morado / Misa: del Propio del tiempo – Liturgia de las horas: del Propio del tiempo. 1as Vísperas de la solemnidad.


Primera lectura

Lectura del libro del Deuteronomio 4, 1. 5-9

Observen los mandamientos y pónganlos en práctica

1Y ahora, Israel, escucha los preceptos y las leyes que no les enseño para que las pongan en práctica. Así ustedes vivirán y entrarán a tomar posesión de la tierra que les da el Señor, el Dios de sus padres. 5Tengan bien presente que ha sido el Señor, mi Dios, el que me ordenó enseñarles los preceptos y las leyes que ustedes deberán cumplir en la tierra de la que van a tomar posesión. 6Obsérvenlos y pónganlos en práctica, porque así serán sabios y prudentes a los ojos de los pueblos, que al oír todas estas leyes, dirán: "¡Realmente es un pueblo sabio y prudente esta gran nación!". 7¿Existe acaso una nación tan grande que tenga sus dioses cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros siempre que lo invocamos? 8¿Y qué gran nación tiene preceptos y costumbres tan justas como esta Ley que hoy promulgo en presencia de ustedes? 9Pero presta atención y ten cuidado, para no olvidar las cosas que has visto con tus propios ojos, ni dejar que se aparten de tu corazón un sólo instante. Enséñalas a tus hijos y a tus nietos.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial

Salmo 148 (147), 12-13. 15-16. 19-20

R¡Glorifica al Señor, Jerusalén!

12¡Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión! 13El reforzó los cerrojos de tus puertas y bendijo a tus hijos dentro de ti. R.

15Envía su mensaje a la tierra, su palabra corre velozmente; 16reparte la nieve como lana y esparce la escarcha como ceniza. R.

19Revela su palabra a Jacob, sus preceptos y mandatos a Israel: 20a ningún otro pueblo trató así ni le dio a conocer sus mandamientos. R.

 

Versículo antes del Evangelio: Juan 6, 63b. 68b

“Tus palabras Señor, son Espíritu y Vida; tú tienes palabras de Vida eterna”


Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 17-19

El que las cumpla y enseñe será considerado grande

17No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. 18Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. 19El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

Palabra del Señor.

Comentario:

Primera lectura: Esta primera lectura nos invita a “practicar” los mandamientos. No son cosas intelectuales las que nos ha enseñado el Señor. Son realidades prácticas para vivirlas todos y cada uno de nuestros días. La expresión de alabanza “¡Realmente es un pueblo sabio y prudente esta gran nación!” (v. 6), muestra hasta dónde llega la invitación a vivir en lo concreto según las palabras de Dios. Después de enseñar la palabra de Dios se nos pide una respuesta y se nos garantiza por esa respuesta una vida feliz, una vida sabia y prudente, con éxito. Prestar atención, tener cuidado (v. 9)… llevan a recordar todo lo que Dios enseña y a no apartar el corazón (centro de las decisiones fundamentales del ser humano) de los preceptos divinos.

Salmo: El salmo nos invita a glorificar a Dios. A darle alabanza. ¿Por qué? porque Él es “tú” Dios (v. 12). Él te protege y bendice (v. 13). Como llega el invierno en manos de Dios las fuerzas de la naturaleza se domestican: la nieve, en vez de enfriar… abriga, como lana, suave y protectora. La escarcha, en vez de traer hielo, se vuelve ceniza… restos de fuego que recuerdan al hogar calentito, a la calidez de una cocina rural (vv. 15-16). Serán los preceptos enseñados por Dios lo que produce esta transmutación de los elementos: Dios trastoca las apariencias con su palabra: de algo malo sacará siempre bondad, amor y seguridad para los que creen en Él.

Evangelio: Para Jesús su venida salvadora no implica un relaje en la vida del cristiano, al contrario, el cristiano se exige mucho más que los demás, se vuelve estricto consigo mismo, al tiempo que compasivo y paciente con los demás. El verdadero creyente cumple lo que Dios le ha mandado y enseña, no impone, ese mandamiento a los otros. Solo así es considerado “grande” en el Reino de los Cielos. Por eso, en la Imitación de Cristo III, 3, de Tomás de Kempis, hablando como si fuera Dios quién lo hace, se nos dice: “Escribe tú mis palabras en tu corazón y considéralas con gran diligencia, pues el tiempo de la tentación las habrás menester (te serán necesarias). Lo que no entiendes cuando lo lees, lo conocerás el día que te visite”.

Meditemos:

  1. ¿Recuerdo siempre lo que Dios me ha enseñado? ¿Tengo cercano mi corazón a la Ley del Señor? ¿En qué se nota?
  2. ¿En qué situaciones adversas experimenté el poder salvador de la palabra de Dios? ¿Doy alabanza a mi Señor?
  3. ¿Cómo está mi vida cristiana? ¿Soy de los que se exigen en la práctica de la voluntad de Dios o vivo sin que me importen sus preceptos?

 


Tags: lectura diaria, misa, liturgia, leccionario, biblia, evangelio

Publicado por Desconocido @ 12:17
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