Jueves 11 – Feria – Morado / Misa: del Propio del tiempo – Liturgia de las horas: del Propio del tiempo.
Primera lectura
Lectura del libro del profeta Jeremías 7, 23–28
Aquí está la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios
23Esta fue la orden que les di: Escuchen mi voz, así yo seré su Dios y ustedes serán mi Pueblo; sigan por el camino que yo les ordeno, a fin de que les vaya bien. 24Pero ellos no escucharon ni inclinaron sus oídos, sino que obraron según sus designios, según los impulsos de su corazón obstinado y perverso; se volvieron hacia atrás, no hacia adelante. 25Desde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta el día de hoy, yo les envié a todos mis servidores los profetas, los envié incansablemente, día tras día. 26Pero ellos no me escucharon ni inclinaron sus oídos, sino que se obstinaron y obraron peor que sus padres. 27Tú les dirás todas estas palabras y no te escucharán: los llamarás y no te responderán. 28Entonces les dirás: "Esta es la nación que no ha escuchado la voz del Señor, su Dios, ni ha recibido la lección. La verdad ha desaparecido, ha sido arrancada de su boca".
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 95 (94), 1–2. 6–9
R. ¡Ojalá hoy escuchen la voz del Señor!
1¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva! 2¡Lleguemos hasta él dándole gracias, aclamemos con música al Señor! R.
6¡Entren, inclinémonos para adorarlo! ¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó! 7Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo que él apacienta, las ovejas conducidas por su mano. R.
Ojalá hoy escuchen la voz del Señor: 8"No endurezcan su corazón como en Meribá, como en el día de Masá, en el desierto, 9cuando sus padres me tentaron y provocaron, aunque habían visto mis obras. R.
Versículo antes del Evangelio: Cfr. Joel 2, 12–13
“Vuelvan a mí de todo corazón, porque soy bondadoso y compasivo”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 11, 14–23
El que no está conmigo está contra mí
14Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada, 15pero algunos de ellos decían: "Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios". 16Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo. 17Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: "Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casa caen una sobre otra. 18Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul. 19Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces. 20Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. 21Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras, 22pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes. 23El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.
Palabra del Señor.
Comentario:
Este evangelio nos presenta gráficamente la batalla que existe desde la creación del mundo: Satanás contra los hijos de Dios. “Pongo enemistad perpetua entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo” (Génesis 3, 15) Y en esta batalla vemos triunfante a nuestro rey y señor. Él está al lado de cada uno de sus soldados para luchar y vencer con ellos. Nosotros somos soldados de primera fila en ese glorioso ejército y Cristo también quiere vencer en la batalla que Satanás mantiene en nuestro interior. Por ese motivo nos propone una estrategia. ¿La desarrollamos? ¡Con mucho gusto!
“Todo reino dividido contra sí mismo será devastado”. Primeramente mucha unidad. Debemos estar unidos a Él en todo momento por la oración. Nosotros sabemos lo débiles que somos y cómo ante el primer asalto del demonio sucumbimos si no estamos con Él. Por ello es conveniente elevar nuestro pensamiento a Dios continuamente al inicio del trabajo, del estudio, del descanso y demás actividades preguntándole cuál es la estrategia: ¿Cómo quieres que realice esta labor para el mayor bien de la empresa y de mí mismo? ¿Cómo puedo descansar mejor y hacer descansar mejor a los demás? ¿Cómo lo harías tú?
“Si llega uno más fuerte que él, le vencerá” La segunda consigna es tener valor. Si le tenemos a Él qué podemos temer. Con la seguridad de que Él va delante de nosotros debemos seguir las consignas que nos dé el gran estratega, el Espíritu Santo: momentos de oración, hablar bien del otro, defender la fe aún entre los amigos, huir de todo aquello que pueda arrebatarnos la amistad con Dios... ¡Con estas consignas y con tal caudillo seguramente venceremos!
Tomado de http://www.es.catholic.net/aprendeaorar/103/185/articulo.php?id=2984.
Meditemos:
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