sábado, 20 de marzo de 2010

Domingo 21 – 5° DE CUARESMA – Morado / Misa: del Propio. Credo. Prefacio Propio – Liturgia de las horas: del Propio 1ª semana para el Salterio.  


Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Isaías (43, 16–21)

Miren que realizo algo nuevo y daré bebida a mi pueblo

16Así habla el Señor, el que abrió un camino a través del mar y un sendero entre las aguas impetuosas; 17el que hizo salir carros de guerra y caballos, todo un ejército de hombres aguerridos; ellos quedaron tendidos, no se levantarán, se extinguieron, se consumieron como una mecha. 18No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas; 19yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta? Sí, pondré un camino en el desierto y ríos en la estepa. 20Me glorificarán las fieras salvajes, los chacales y los avestruces; porque haré brotar agua en el desierto y ríos en la estepa, para dar de beber a mi Pueblo, mi elegido, 21el Pueblo que yo me formé para que pregonara mi alabanza.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial

Salmo 126 (125), 1–6

R¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros!

1Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía que soñábamos: 2nuestra boca se llenó de risas y nuestros labios, de canciones. Hasta los mismos paganos decían: "¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!". R.

3¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros y estamos rebosantes de alegría! 4¡Cambia, Señor, nuestra suerte como los torrentes del Négueb! R.

5Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre canciones. 6El sembrador va llorando cuando esparce la semilla, pero vuelve cantando cuando trae las gavillas. R.


Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (3, 8–14)

Todo lo estimo pérdida, comparado con Cristo, configurado, como estoy, con su muerte

8Más aún, todo me parece una desventaja comparado con el inapreciable conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él he sacrificado todas las cosas, a las que considero como desperdicio, con tal de ganar a Cristo 9y estar unido a él, no con mi propia justicia -la que procede de la Ley- sino con aquella que nace de la fe en Cristo, la que viene de Dios y se funda en la fe. 10Así podré conocerlo a él, conocer el poder de su resurrección y participar de sus sufrimientos, hasta hacerme semejante a él en la muerte, 11a fin de llegar, si es posible, a la resurrección de entre los muertos. 12Esto no quiere decir que haya alcanzado la meta ni logrado la perfección, pero sigo mi carrera con la esperanza de alcanzarla, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús. 13Hermanos, yo no pretendo haberlo alcanzado. Digo solamente esto: olvidándome del camino recorrido, me lanzo hacia adelante 14y corro en dirección a la meta, para alcanzar el premio del llamado celestial que Dios me ha hecho en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

Versículo antes del Evangelio: Joel 2, 1–13

“Vuelvan a mí de todo corazón, porque soy bondadoso y compasivo”, dice el Señor.


Evangelio

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 1–11

El que esté sin pecado que le tire la primera piedra

1Jesús fue al monte de los Olivos. 2Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a el. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles. 3Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, 4dijeron a Jesús: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. 5Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?". 6Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. 7Como insistían, se enderezó y les dijo: "El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra". 8E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. 9Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, 10e incorporándose, le preguntó: "Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?". 11Ella le respondió: "Nadie, Señor". "Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante".

Palabra del Señor.

Comentario:

EL PECADO DE CONDENAR

Jesús vuelve del monte de los olivos, sabemos que iba allí para hacer oración, y se dirige al Templo. Es allí donde los maestros de la ley y los fariseos le llevan a una mujer sorprendida en adulterio. Todos sabemos que la situación de la mujer en la antigüedad, y todavía ahora, era bastante más desfavorable que la del hombre. Nuestros prejuicios nos llevan a ver a la mujer como alguien casi de segunda categoría. Hay cosas que a los hombres se les permite y no así a las mujeres; por ejemplo, cuando un hombre joven sale con dos muchachas, la sociedad guiña un ojo, como diciendo que tipo genial, pero si una muchacha sale con dos jóvenes al mismo tiempo, la mirada es totalmente diferente: ella es lo peor que hay.

El evangelio nos muestra a un conjunto de hombres que intentan condenar a una mujer por adúltera pero: ¿dónde está su cómplice? Si la mujer es adúltera: ¿No debería haber un “adúltero junto a ella”? Se condena a la mujer pero no al hombre.

Jesús debe ser el Juez de la causa. Por un lado la “pecadora”, por otro los “acusadores”. Nadie la defiende. Un rabino de su época, probablemente la condenaría. Escucharía el testimonio de los testigos y dejaría que todo siguiera su curso. ¿Para qué hacerse problema por una perdida? El orgullo masculino quedaría a salvo. Pero Jesús no es de esos. Parece distraído. Empieza a escribir con el dedo en la tierra. ¿Qué escribiría el Señor? ¿Tal vez los pecados de la mujer? ¿O tal vez los pecados de los hombres que la acusaban? ¿O, quizás, las llamadas de atención que Dios hace en la Biblia sobre cómo debemos perdonar a nuestro prójimo? No lo sabemos, a Juan no le interesa contarlo.

- “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra”, tajante respuesta la del Señor. Estos hombres buscaban una condena absoluta y la obtuvieron, no para ella, ni siquiera de parte de Jesús, sino para ellos y pronunciada por ellos mismos. ¡Todos somos pecadores! Esa es la verdad más absoluta. Jesús lo sabe. No huye de un problema sin solución, sino que enfrenta una situación en donde el hombre juega a ser Dios olvidándose de su miseria. ¡Todos somos pecadores! No hay lugar para la condena en aquel que entienda que también necesita de misericordia. Cuando condenamos estamos tan ciegos que no vemos nuestra propia maldad, nuestra incapacidad para obrar bien y lo peor de todo es que al condenar a los demás nos condenamos a nosotros mismos: “Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden” nos hace repetir la oración principal de creyente.

 

LA MISERICORDIA JUNTO A LA MISERIA

-“Tampoco yo te condeno; ahora, vete y no peques más”. San Agustín decía que en este relato se veía la presencia de Jesús que es pura misericordia junto a la presencia del ser humano pecador que es pura miseria. La misericordia junto a la miseria es la actitud que mas imitación tendría que tener de parte nuestra hacia Dios. Dios se muestra siempre misericordioso porque nosotros estamos llenos de miseria. En nuestra pequeñez Dios ofrece su grandiosidad puesta a nuestro servicio. En nuestra limitación ahí está Dios para poner su infinitud. En nuestra nada, Dios pone su TODO.

Hay miles de situaciones como esta que merecen de nosotros la misma actitud de Jesús. Cuantas veces podríamos haber perdonado así, sin juzgar ni condenar, solo siendo misericordiosos con el pecador. Cuantas veces podríamos haber ayudado sin exigir que nos dieran la razón, que nos escucharan con nuestros sermones moralizantes sobre la maldad, el error, las causas de la pobreza y tantas estupideces que decimos cuando lo importante es ayudar, sea perdonando, sea siendo generosos con la pobreza y debilidad ajenas. Se trata de ser mas cristiano, de no condenar, de tener misericordia… siempre.


Meditemos:

  1. ¿Qué significa “el que no tenga pecado que tire la primera piedra”?
  2. ¿Qué significa “vete y no peques más”?
  3. Nosotros: ¿Cómo somos a la hora de ver las acciones de nuestros hermanos? ¿Somos de los que enjuiciamos? ¿En qué se nota?
  4. ¿Qué podemos hacer para ser misericordiosos y no condenar? ¿Lo estamos haciendo?

 


Tags: lectura diaria, misa, liturgia, leccionario, biblia, evangelio

Publicado por Desconocido @ 18:38
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Invitado
lunes, 29 de marzo de 2010 | 0:52
esta muy buena la lectura del domingo.
es la mejor