martes, 23 de marzo de 2010

Miércoles 24 – Feria – Morado / Misa: del Propio del tiempo. Prefacio de la Pasión I – Liturgia de las horas: del Propio del tiempo.


Primera lectura

Lectura del libro del profeta Daniel 3, 1. 4. 5b-6. 8. 12. 14-20. 24-25. 28

Ha enviado a su Ángel y ha salvado a sus servidores

1El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, de treinta metros de alto y tres de ancho, y la erigió en la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia. 4El heraldo proclamó con fuerza: “A todos ustedes, pueblos, naciones y lenguas, se les ordena lo siguiente: 5ustedes deberán postrarse y adorar la estatua de oro que ha erigido el rey Nabucodonosor. 6El que no se postre para adorarla será arrojado inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente”. 8En ese mismo momento, se acercaron unos caldeos y acusaron a los judíos. 12Pero hay unos judíos, Sadrac, Mesac y Abed Negó, a quienes tú has encomendado la administración de la provincia de Babilonia: esos hombres no te han hecho caso, rey; ellos no sirven a tus dioses ni adoran la estatua de oro que tú has erigido”. 14Nabucodonosor tomó la palabra y les dijo: “¿Es verdad Sadrac, Mesac y Abed Negó, que ustedes no sirven a mis dioses y no adoran la estatua de oro que yo erigí? 15¿Están dispuestos ahora, apenas oigan el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, a postrarse y adorar la estatua que yo hice? Porque si ustedes no la adoran, serán arrojados inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente. ¿Y qué Dios podrá salvarlos de mi mano?”. 16Sadrac, Mesac y Abed Negó respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: “No tenemos necesidad de darte una respuesta acerca de este asunto. 17Nuestro Dios, a quien servimos, puede salvarnos del horno de fuego ardiente y nos librará de tus manos. 18Y aunque no lo haga, ten por sabido, rey, que nosotros no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que tú has erigido”. 19Nabucodonosor se llenó de furor y la expresión de su rostro se alteró frente a Sadrac, Mesac y Abed Negó. El rey tomó la palabra y ordenó activar el horno siete veces más de lo habitual. 20Luego ordenó a los hombres más fuertes de su ejército que ataran a Sadrac, Mesac y Abed Negó, para arrojarlos en el horno de fuego ardiente. 24El rey Nabucodonosor quedó estupefacto y se levantó rápidamente. Y tomando la palabra, dijo a sus cortesanos: “¿No eran tres los hombres que fueron atados y arrojados dentro del fuego?”. Ellos le respondieron, diciendo: “Así es, rey”. 25El replicó: “Sin embargo, yo veo cuatro hombres que caminan libremente por el fuego sin sufrir ningún daño, y el aspecto del cuarto se asemeja a un hijo de los dioses”. 28Nabucodonosor tomó la palabra y dijo: “Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed Negó, porque ha enviado a su Ángel y ha salvado a sus servidores, que confiaron en él y, quebrantando la orden del rey, entregaron su cuerpo antes que servir y adorar a cualquier otro dios que no fuera su Dios”.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial

Daniel 3, 52-56

R¡A ti, gloria y honor eternamente!

52Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres. Bendito sea tu santo y glorioso Nombre. Alabado y exaltado eternamente. R.

53Bendito seas en el Templo de tu santa gloria. Aclamado y glorificado eternamente por encima de todo R.

54Bendito seas en el trono de tu reino. Aclamado por encima de todo y exaltado eternamente. R.

55Bendito seas tú, que sondeas los abismos y te sientas sobre los querubines. Alabado y exaltado eternamente por encima de todo. R.

56Bendito seas en el firmamento del cielo. Aclamado y glorificado por encima de todo. R.

 

Versículo antes del Evangelio: cf. Lucas 8, 15

“Felices los que retienen la Palabra de Dios con un corazón bien dispuesto y dan fruto gracias a su constancia”


Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 31-42

Si el Hijo los libera, ustedes serán realmente libres

31Jesús dijo a aquellos judíos que habían creído en él: “Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos: 32conocerán la verdad y la verdad los hará libres”. 33Ellos le respondieron: “Somos descendientes de Abraham y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir entonces: “Ustedes serán libres”?”. 34Jesús les respondió: “Les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado. 35El esclavo no permanece para siempre en la casa; el hijo, en cambio, permanece para siempre. 36Por eso, si el Hijo los libera, ustedes serán realmente libres. 37Yo sé que ustedes son descendientes de Abraham, pero tratan de matarme porque mi palabra no penetra en ustedes. 38Yo digo lo que he visto junto a mi Padre, y ustedes hacen lo que han aprendido de su padre”. 39Ellos le replicaron: “Nuestro padre es Abraham”. Y Jesús les dijo: “Si ustedes fueran hijos de Abraham obrarían como él. 40Pero ahora quieren matarme a mí, al hombre que les dice la verdad que ha oído de Dios. Abraham no hizo eso. 41Pero ustedes obran como su padre”. Ellos le dijeron: “Nosotros no hemos nacido de la prostitución; tenemos un solo Padre, que es Dios”. Jesús prosiguió: 42“Si Dios fuera su Padre, ustedes me amarían, porque yo he salido de Dios y vengo de él. No he venido por mí mismo, sino que él me envió”.

Palabra del Señor.

Comentario:

Los tres jóvenes valientes, de la primera lectura, son salvados del fuego por su testimonio y decisión de permanecer fieles a Dios a pesar de la violencia de los intolerantes. Dios ha obrado con misericordia, ha bendecido a estos jóvenes que se enfrentan al peligro por amor a su Nombre. Podemos preguntarnos cuanta gente hoy sufre lo mismo. En la Iglesia católica podemos contabilizar 70.000.000 de mártires a lo largo de un poco más de 2000 años. Son casi 4 mártires por hora, un poco más de 95 diarios. Ese es el promedio de creyentes que se entregaron a la muerte por amor a Jesús, por no negar su nombre. Hoy nos toca a nosotros.

El evangelio nos enfrenta a la opción de seguir esclavos de nuestras costumbres y leyes, de nuestras ambiciones, o de dejar a Cristo liberarnos del pecado y la muerte. No es una decisión fácil, no porque no lo sea en sí, sino porque ya estamos acostumbrados a la vida que llevamos. Lo peor de todo es que tenemos, como los adversarios de Jesús, armada nuestra defensa ante algún predicador que quiera hacernos pensar en algo distinto. No es que mintamos… lo peor es que nos creemos, nosotros mismos, nuestra fútiles razones, que solo sirven para decirle que no a Jesucristo.

Meditemos:

  1. ¿Qué significa para mí el martirio? ¿Vivo el ser testigo, mártir, de Cristo cotidianamente?
  2. ¿En qué áreas todavía no dejé al Señor liberar mi vida?

 


Tags: lectura diaria, misa, liturgia, leccionario, biblia, evangelio

Publicado por Desconocido @ 17:00
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