martes, 06 de abril de 2010

Miércoles 07 – DE LA OCTAVA DE PASCUA – Blanco / Misa: del Propio. Gloria. Prefacio de Pascua – Liturgia de las horas: del Propio.


Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (3, 1-10)

Te doy lo que tengo: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina

1En una ocasión, Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la tarde. 2Allí encontraron a un paralítico de nacimiento, que ponían diariamente junto a la puerta del Templo llamada "la Hermosa", para pedir limosna a los que entraban. 3Cuando él vio a Pedro y a Juan entrar en el Templo, les pidió una limosna. 4Entonces Pedro, fijando la mirada en él, lo mismo que Juan, le dijo: "Míranos". 5El hombre los miró fijamente esperando que le dieran algo. 6Pedro le dijo: "No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina". 7Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó; de inmediato, se le fortalecieron los pies y los tobillos. 8Dando un salto, se puso de pie y comenzó a caminar; y entró con ellos en el Templo, caminando, saltando y glorificando a Dios. 9Toda la gente lo vio caminar y alabar a Dios. 10Reconocieron que era el mendigo que pedía limosna sentado a la puerta del Templo llamada "la Hermosa", y quedaron asombrados y llenos de admiración por lo que le había sucedido.

Palabra de Dios


Salmo Responsorial

Salmo 105 (104), 1-4. 6-9 (R.: 3b)

R¡Alégrense los que buscan al Señor!

1¡Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, hagan conocer entre los pueblos sus proezas; 2canten al Señor con instrumentos musicales, pregonen todas sus maravillas! R.

3¡Gloríense en su santo Nombre, alégrense los que buscan al Señor! 4¡Recurran al Señor y a su poder, busquen constantemente su rostro. R.

6Descendientes de Abraham, su servidor, hijos de Jacob, su elegido: 7el Señor es nuestro Dios, en toda la tierra rigen sus decretos. R.

8El se acuerda eternamente de su alianza, de la palabra que dio por mil generaciones, 9del pacto que selló con Abraham, del juramento que hizo a Isaac. R.

 

Aleluya: Salmo 118 (117), 24.

“Aleluya. Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. Aleluya”


Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (24, 13-35)

Lo reconocieron al partir el pan

13Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. 14En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. 15Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. 16Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. 17El les dijo: "¿Qué comentaban por el camino?". Ellos se detuvieron, con el semblante triste, 18y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!". 19"¿Qué cosa?", les preguntó. Ellos respondieron: "Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, 20y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. 21Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. 22Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro 23y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les había aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. 24Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron". 25Jesús les dijo: "¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! 26¿No será necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?" 27Y comenzando por Moisés y continuando en todas las Escrituras lo que se refería a él. 28Cuando llegaron cerca del pueblo adónde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. 29Pero ellos le insistieron: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba". El entró y se quedó con ellos. 30Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. 31Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. 32Y se decían: "¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?". 33En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, 34y estos les dijeron: "Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!". 35Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.

Comentario:

El paralítico espera una “limosna”, su corazón se ha resignado a unas pocas monedas al día. Su prosperidad depende de la buena voluntad de los demás, de que le den lo que a ellos les sobra. Pedro y Juan tiene otra idea, no es una “limosna” lo que van a darle, no es el “pan de hoy, hambre de mañana”, quieren entregarle algo más importante: “No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina” (Hechos 3, 6). El “Nombre de Jesús” actúa con fuerza sobre él y “dando un salto, se puso de pie y comenzó a caminar; y entró con ellos en el Templo, caminando, saltando y glorificando a Dios” (Hechos 3, 8). Así es Dios, cuando nos conformamos, cuando renunciamos a lo que podemos, cuando nos resignamos a quedarnos postrados y vivir de limosnas… Él viene en nuestra ayuda y obra el milagro que necesitábamos, ese milagro que nos hace caminar, saltar y glorificar a Dios llenos de alegría. Eso pasó en la vida de este paralitico, también puede suceder en la nuestra.

Al mismo modo que el paralítico de la primera lectura, los dos discípulos de Emaús, están “conformes” con lo que sucedió: desanimados no atinan a otra explicación de lo sucedido que aquella que las apariencias les indican: que todo ha terminado, que Jesús murió, que nada se puede hacer. Su pensamiento lineal les lleva a ver solo lo que aparece delante de ellos. Tendrá que aparecer el Salvador resucitado para mostrarles la realidad, no obvia, pero si previsible por las escrituras sagradas. Es que a veces en la vida hay que mirar de modo diferente a lo que las cosas parecen presentarse, darle lugar a todo el escenario, no solo a lo que el dolor y lo “lógico” nos muestran. Jesús explicará las escrituras, mostrará la “verdad” de Dios y, como muestra significativa, repetirá el gesto de partir el pan, para que vean que es verdad que está vivo.

Meditemos:

  1. ¿En nuestra vida experimentamos “milagros”? ¿Cuáles?
  2. ¿Hay otra forma de mirar mi vida? ¿Por qué me cuesta tanto dejarle a Dios mostrarme la “realidad” como la ve Él?

 

 


Tags: lectura diaria, misa, liturgia, leccionario, biblia, evangelio

Publicado por Desconocido @ 17:00
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