martes, 13 de abril de 2010

Miércoles 22 – Feria – Blanco / Misa: del Propio del tiempo – Liturgia de las horas: del Propio del tiempo.


Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (5, 17-26)

Los hombres que ustedes arrestaron, están en el Templo y enseñan al pueblo

17Intervino entonces el Sumo Sacerdote con todos sus partidarios, los de la secta de los saduceos. Llenos de envidia, 18hicieron arrestar a los Apóstoles y los enviaron a la prisión pública. 19Pero durante la noche, el Ángel del Señor abrió las puertas de la prisión y los hizo salir. Luego les dijo: 20"Vayan al Templo y anuncien al pueblo todo lo que se refiere a esta nueva Vida". 21Los Apóstoles, obedecieron la orden, entraron al Templo en las primeras horas del día, y se pusieron a enseñar. Entre tanto, llegaron el Sumo Sacerdote y sus partidarios, convocaron al Sanedrín y a todo el Senado del pueblo de Israel, y mandaron a buscarlos a la cárcel. 22Cuando llegaron los guardias a la prisión, no los encontraron. Entonces volvieron y dijeron: 23"Encontramos la prisión cuidadosamente cerrada y a los centinelas de guardia junto a las puertas, pero cuando las abrimos, no había nadie adentro". 24Al oír esto, el jefe del Templo y los sumos sacerdotes quedaron perplejos y no podían explicarse qué había sucedido. 25En ese momento llegó uno, diciendo: "Los hombres que ustedes arrestaron, están en el Templo y enseñan al pueblo". 26El jefe de la guardia salió con sus hombres y trajeron a los Apóstoles, pero sin violencia, por temor a ser apedreados por el pueblo.

Palabra de Dios


Salmo Responsorial

Salmo 34 (33), 2–9 (R.: 7a)

R¡Este pobre hombre invocó al Señor: él lo escuchó!

2Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. 3Mi alma se gloría en el Señor; que lo oigan los humildes y se alegren. R.

4Glorifiquen conmigo al Señor, alabemos su Nombre todos juntos. 5Busqué al Señor: él me respondió y me libró de todos mis temores. R.

6Miren hacia él y quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán. 7Este pobre hombre invocó al Señor: él lo escuchó y los salvó de sus angustias. R.

8El Ángel del Señor acampa en torno de sus fieles, y los libra. 9¡Gusten y vean qué bueno es el Señor! ¡Felices los que en él se refugian! R.

 

Aleluya: Juan 3, 16.

“Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna”


Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan (3, 16-21)

Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él

16Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. 17Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. 19En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. 20Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. 21En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios".

Palabra del Señor.


Comentario:

Cuántas cosas hay que soportar en la vida del creyente por seguir a Jesús, sufrimientos, maltratos, cadenas, cárcel… es así, cuando se predica al Señor, la cruz es una constante que no se puede obviar. Loa apóstoles no tienen otro interés que enseñar sobre Cristo crucificado, que anunciar que ha resucitado, no les importa el sufrimiento, solo les interesa la tarea que se les encomendó. La impotencia de sus adversarios es notoria, ellos nada pueden contra el poder del Espíritu que acompaña a los hombres de Dios.

La búsqueda concreta de Jesús es la salvación de la humanidad. No necesita gran cosa de nosotros: solo nuestra fe. A Él le basta con que creamos en Él y le creamos a Él. Por eso la comparación con la luz y las tinieblas. Estar en la fe es vivir en la luz, es ser transparente, como el Señor. Y vivir en la luz significa no solo esa trasparencia, sino sobre todo que podemos ver la realidad tal como es. El que está en la luz ve con claridad todas las cosas, sabe por dónde ir, entiende lo que lo rodea, cómo es, en dónde está parado. Eso es vivir en Cristo, no solo adquirir la salvación, sino saber el porqué y el para qué de la vida.


Meditemos:

  1. Nosotros ¿Qué cruz cargamos por seguir y predicar a Jesús?
  2. ¿Creemos verdaderamente en el Señor?

 


Tags: lectura diaria, misa, liturgia, leccionario, biblia, evangelio

Publicado por Desconocido @ 17:23
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios