martes, 20 de abril de 2010

Miércoles 21 – Feria (o Memoria Libre: San Anselmo, obispo y doctor de la Iglesia) – Blanco / Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección.


Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (8, 1b-8)

Los que se habían dispersado iban por todas partes anunciando la Palabra

1Ese mismo día, se desencadenó una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Todos, excepto los Apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaría. 2Unos hombres piadosos enterraron a Esteban y lo lloraron con gran pesar. 3Saulo, por su parte, perseguía a la Iglesia; iba de casa en casa y arrastraba a hombres y mujeres, llevándolos a la cárcel. 4Los que se habían dispersado iban por todas partes anunciando la Palabra. 5Felipe descendió a una ciudad de Samaría y allí predicaba a Cristo. 6Al oírlo y al ver los milagros que hacía, todos recibían unánimemente las palabras de Felipe. 7Porque los espíritus impuros, dando grandes gritos, salían de muchos que estaban poseídos, y buen número de paralíticos y lisiados quedaron curados. 8Y fue grande la alegría de aquella ciudad.

Palabra de Dios


Salmo Responsorial

Salmo 66 (65), 1-3ª. 4-7ª (R.: 1)

R. ¡Aclame a Dios toda la tierra!

1¡Aclame a Dios toda la tierra! 2¡Canten la gloria de su Nombre! Tribútenle una alabanza gloriosa, 3digan a Dios: "¡Qué admirables son tus obras!". R.

4toda la tierra se postra ante ti, y canta en tu honor, en honor de tu Nombre. 5Vengan a ver las obras de Dios, las cosas admirables que hizo por los hombres. R.

6Él convirtió el Mar en tierra firme, a pie atravesaron el Río. Por eso, alegrémonos en él, 7que gobierna eternamente con su fuerza; sus ojos vigilan a las naciones, y los rebeldes no pueden sublevarse. R.

 

Versículo antes del Evangelio: Juan 6, 40.

“El que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna y que yo lo resucite en el último día”


Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan (6, 35-40)

Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna

35Jesús les respondió: "Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed. 36Pero ya les he dicho: ustedes me han visto y sin embargo no creen. 37Todo lo que me da el Padre viene a mí, y al que venga a mí yo no lo rechazaré, 38porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la del que me envió. 39La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me dio, sino que lo resucite en el último día. 40Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna y que yo lo resucite en el último día".

Palabra del Señor.


Comentario:

- Hch 8, 1-8: Al ir de un lugar para otro iban difundiendo la buena noticia. La violencia de la persecución contra el grupo de Esteban -en la que tuvo parte activa Saulo- obligó a la dispersión de sus miembros por Samaria, en donde de este modo se expandió el mensaje cristiano. Felipe, uno de los siete, proclama la Palabra y obra curaciones. En la celebración eucarística, reunidos en torno al altar del Señor, proclamamos el mensaje personal que trae Cristo y recibimos la fuerza del Espíritu, que confirma nuestra unidad eclesial y alienta nuestro testimonio de vida cristiana.

San Juan Crisóstomo, en su Homilía sobre los Hechos dice que los cristianos continúan la predicación, en vez de des-cuidarla. Y San León Magno:

"La religión, fundada por el misterio de la Cruz de Cristo, no puede ser destruida por ningún género de maldad. No se disminuye la Iglesia por las persecuciones, antes al contrario, se aumenta. El campo del Señor se viste entonces con una cosecha más rica. Cuando los granos que caen mueren, nacen multiplicados " (Homilía sobre los Santos Apóstoles Pedro y Pablo).

- La acción redentora de Cristo despliega su poder salvador en nuestra vida: el cristiano recibe y proclama esta salvación en la comunidad eclesial. Que toda la tierra aclame al Señor que obra maravillas. Así lo proclamamos con el Salmo 65: " Aclama al Señor, tierra entera, tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria; decid a Dios: "Qué terribles son tus obras. Que se postre ante Ti la tierra entera, que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre". Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres. Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río. Alegrémonos con Dios, que con su poder gobierna eternamente".

- Jn 6, 35-40: La voluntad de mi Padre es que todo el que ve al Hijo tenga vida eterna. Tras haberse manifestado a Sí mismo como Pan de vida, Jesús hace hincapié en la necesidad de la fe que conduce a la vida eterna y a la futura resurrección. La vida eterna y la resurrección en el último día son dos aplicaciones concretas del don de la Vida al creyente. Pero no agotan todo el don de Cristo-Vida. San Agustín comenta este pasaje evangélico:

""No he venido a hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió". Ésta es la mejor recomendación de la humildad. La soberbia hace su voluntad, la humildad hace la voluntad de Dios. Por eso, "al que se llega a Mí no lo arrojaré fuera". ¿Por qué? "No he venido a hacer mi voluntad sino la voluntad del que me envió". Yo he venido humilde, yo he venido a enseñar la humildad, yo soy el maestro de la humildad. El que se llega a Mí se incorpora a Mí; el que se llega a Mí será humilde, porque no hace su voluntad, sino la de Dios.

"Esa es la causa de que no se le arroje fuera; estaba arrojado fuera cuando era soberbio... Se entrega Él mismo al que conserva la humildad y Él mismo lo recibe; y, en cambio, el que no la conserva está distantísimo del Maestro de la humildad. "Que no se pierda nada de lo que me dio". No es, pues, voluntad de mi Padre que perezca uno solo de estos pequeñuelos. De entre los que se engríen no dejará de haber alguien que perezca; en cambio, de entre los humildes no se dará el caso de perecer uno solo... El que se llega a Mí resucita ahora hecho humilde, como uno de mis miembros; pero yo lo resucitaré también en el día postrero según la carne " (Tratado 25, 16 y 19 sobre el Evangelio de San Juan). (Tomado de Homilías Patrísticas, 2009)


Meditemos:

  1. ¿Cómo enfrentamos las persecuciones por el Reino de los Cielos?
  2. ¿Nosotros hacemos la voluntad de aquel que nos ha enviado a la vida? ¡En qué se nota?

 


Tags: lectura diaria, misa, liturgia, leccionario, biblia, evangelio

Publicado por Desconocido @ 17:00
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