jueves, 22 de abril de 2010

Viernes 23 – Feria o memoria libre (San Adalberto, obispo y mártir – Rojo / San Jorge, mártir – Rojo) – Blanco / Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección. Día penitencial.


Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (9, 1-20)

Es un instrumento elegido por mí para dar a conocer mi nombre a los pueblos

1Saulo, que todavía respiraba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote 2y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de traer encadenados a Jerusalén a los seguidores del Camino del Señor que encontrara, hombres o mujeres. 3Y mientras iba caminando, al acercarse a Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con su resplandor. 4Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?". 5El preguntó: "¿Quién eres tú Señor?". "Yo soy Jesús, a quien tú persigues, le respondió la voz. 6Ahora levántate, y entra en la ciudad: allí te dirán qué debes hacer". 7Los que lo acompañaban quedaron sin palabra, porque oían la voz, pero no veían a nadie. 8Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. 9Allí estuvo tres días sin ver, y sin comer ni beber. 10Vivía entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en una visión: "¡Ananías!". El respondió: "Aquí estoy, Señor". 11El Señor le dijo: "Ve a la calle llamada Recta, y busca en casa de Judas a un tal Saulo de Tarso. 12El está orando y ha visto en una visión a un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para devolverle la vista". 13Ananías respondió: "Señor, oí decir a muchos que este hombre hizo un gran daño a tus santos en Jerusalén. 14Y ahora está aquí con plenos poderes de los jefes de los sacerdotes para llevar presos a todos los que invocan tu Nombre". 15El Señor le respondió: "Ve a buscarlo, porque es un instrumento elegido por mí para llevar mi Nombre a todas las naciones, a los reyes y al pueblo de Israel. 16Yo le haré ver cuánto tendrá que padecer por mi Nombre". 17Ananías fue a la casa, le impuso las manos y le dijo: "Saulo, hermano mío, el Señor Jesús -el mismo que se te apareció en el camino- me envió a ti para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo". 18En ese momento, cayeron de sus ojos una especie de escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado. 19Después comió algo y recobró sus fuerzas. Saulo permaneció algunos días con los discípulos que vivían en Damasco, 20y luego comenzó a predicar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial

Salmo 117 (116), 1-2 (R.: Mc 16,15)

R. Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación.

1¡Alaben al Señor, todas las naciones, glorifíquenlo, todos los pueblos! R.

2Porque es inquebrantable su amor por nosotros, y su fidelidad permanece para siempre. ¡Aleluya! R.


Aleluya: Juan 6, 56.

“El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”


Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan (6, 51-59)

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

51Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo". 52Los judíos discutían entre sí, diciendo: "¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?". 53Jesús les respondió: "Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. 54El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 55Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. 56El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. 57Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. 58Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente". 59Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaúm.

Palabra del Señor.

Comentario:

El milagro de la Eucaristía sigue siendo para al mundo un sin sentido. Que aceptemos que un pedazo de pan y un poco de vino es el cuerpo y la Sangre de Jesús y que esto se realizó por obra de unas palabras u gestos –pronunciadas y realizados– por un simple mortal, ya suena a “magia”. Y es que este sacramento, como signo sensible y eficaz de la gracia, será siempre discutido. En la pequeñez del pan y el vino, Jesús sigue alimentando con su propia vida a su pueblo. Cuando celebramos la Santa Misa no es que volvemos a “matar” al Señor, no, el no vuelve a morir; en realidad es que nos “transportamos” místicamente al momento de la última cena, al acontecimiento de su pasión, muerte y resurrección. En esa “mesa larga” (en realidad tendríamos que decir: laaaargaaa), que ya lleva casi dos mil años que compartimos la mesa de la última cena, todos comemos del mismo alimento, todos compartimos el banquete original con Jesús.

La originalidad de Jesucristo, más allá de la realidad sacramental, es que su sacrificio es incruento. Nadie debe morir para que nosotros comamos su cuerpo y bebamos su sangre. Es un alimento espiritual, “bajado del cielo” (v. 58) dice el Señor; lo cual nos hace ver que la transformación del cristiano, por la Eucaristía, no se da en el plano físico, ni psicológico, ni social… se da en el plano del espíritu. Desde el espíritu se llegará a una transformación social, espiritual, y hasta física (porque cuando cambia la actitud fundamental, cambian los comportamientos, y al cambiar estos cambian las consecuencias psicológicas, físicas y sociales).


Meditemos:

  1. ¿Qué significa para mí recibir la Eucaristía?
  2. ¿Trato de ir siempre a Misa? ¿Por qué?

 


Tags: lectura diaria, misa, liturgia, leccionario, biblia, evangelio

Publicado por Desconocido @ 17:00
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