Domingo 25 – 4° DOMINGO DE PASCUA – Blanco / Misa: del Propio. Gloria. Credo – Liturgia de las horas: del Propio. 4ra semana para el Salterio. Jornada mundial de oración por las vocaciones.
Primera Lectura
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (13, 14. 43–52)
Como no se consideran dignos de la Vida eterna, nos dirigimos ahora a los paganos
14 En aquellos días, Pedro y Bernabé continuaron su viaje, y de Perge fueron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y se sentaron. 43Cuando se disolvió la asamblea, muchos judíos y prosélitos que adoraban a Dios siguieron a Pablo y a Bernabé. Estos conversaban con ellos, exhortándolos a permanecer fieles a la gracia de Dios. 44Casi toda la ciudad se reunió el sábado siguiente para escuchar la Palabra de Dios. 45Al ver esa multitud, los judíos se llenaron de envidia y con injurias contradecían las palabras de Pablo. 46Entonces Pablo y Bernabé, con gran firmeza, dijeron: "A ustedes debíamos anunciar en primer lugar la Palabra de Dios, pero ya que la rechazan y no se consideran dignos de la Vida eterna, nos dirigimos ahora a los paganos. 47Así nos ha ordenado el Señor: "Yo te he establecido para ser la luz de las naciones, para llevar la salvación hasta los confines de la tierra". 48Al oír esto, los paganos, llenos de alegría, alabaron la Palabra de Dios, y todos los que estaban destinados a la vida eterna abrazaron la fe. 49Así la Palabra del Señor se iba extendiendo por toda la región. 50Pero los judíos instigaron a unas mujeres piadosas que pertenecían a la aristocracia y a los principales de la ciudad, provocando una persecución contra Pablo y Bernabé, y los echaron de su territorio. 51Estos, sacudiendo el polvo de sus pies en señal de protesta contra ellos, se dirigieron a Iconio. 52Los discípulos, por su parte, quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 100 (99), 1–3. 5
R. Somos tu pueblo y ovejas de tu rebaño.
1Aclame al Señor toda la tierra, 2sirvan al Señor con alegría, lleguen hasta él con cantos jubilosos. R.
3Reconozcan que el Señor es Dios: él nos hizo y a él pertenecemos; somos su pueblo y ovejas de su rebaño. R.
5¡Qué bueno es el Señor! Su misericordia permanece para siempre, y su fidelidad por todas las generaciones. R.
Segunda Lectura
Lectura del libro del Apocalipsis (7, 9. 14–17)
El Cordero será su Pastor y los conducirá hacia los manantiales de agua viva
Yo, Juan, 9vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano y exclamaban con voz potente. 14Uno de los ancianos me dijo: "Estos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero. 15Por eso están delante del trono de Dios y le rinden culto día y noche en su Templo. El que está sentado en el trono habitará con ellos: 16nunca más padecerán hambre ni sed, ni serán agobiados por el sol o el calor. 17Porque el Cordero que está en medio del trono será su Pastor y los conducirá hacia los manantiales de agua viva. Y Dios secará toda lágrima de sus ojos".
Palabra de Dios.
Aleluya: Juan 10, 14
“Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí”
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan (10, 27–30)
Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen
Jesús dijo: 27Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. 28Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. 29Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. 30El Padre y yo somos una sola cosa".
Palabra del Señor.
Comentario:
parece haber perdido su sentido original. La ley del más fuerte o el más violento es la que se obedece. Y no pongamos el grito en el cielo por lo que nuestros, así llamados, “líderes”, hacen con los destinos del mundo. No, lo que ellos hacen también lo hacemos nosotros a diario con cada acto de discriminación, por cada palabra o mirada violenta, por cada vez que no nos importa lo que los demás sufren si nosotros estamos bien. La realidad más obvia es que estos personajes no existirían si nosotros fuéramos realmente pacíficos. Ellos son la punta del iceberg, ellos son la cumbre de la montaña de violencia que diariamente ayudamos a construir.
La primera condición para qué una persona, o un pueblo, sea violenta es que se sienta amenazada. Cuando no hay garantías de que las cosas salgan bien de forma pacífica la mayoría de nosotros recurre a la violencia. El problema más grande es que ya nuestros niños crecen en clima de violencia, con la aberración de niños terroristas suicidas en medio oriente y con la casi-aberración de niños occidentales que tienen como juegos preferidos las armas (aunque sean de juguete), los video juegos donde se vence dando muerte al rival (todo ello graficado con muchísima sangre). La violencia está instalada en nuestras casas, en las calles, en las escuelas, en el mundo de los negocios, en los deportes, y también en las instituciones religiosas, que con esquemas fundamentalistas envían a sus adeptos a “conquistar” seguidores para su culto (América latina es un buen ejemplo de ello). De la amenaza original que vuelve violenta a una persona (quizá como último recurso) se ha pasado a una situación de violencia donde todo se resuelve del mismo modo: con el sufrimiento y la muerte del rival de turno.
La segunda condición es que desde esa situación de amenaza (que no necesariamente tiene que ser momentánea, puede durar toda la vida) la persona o grupo social se cierra a escuchar otra propuesta que no sea la violenta. Expresaba W. Churchill que “un fanático es alguien que solo habla de una cosa y no quiere cambiar de tema”. El fanatismo, sea el que sea, siempre trae aparejada la violencia. El fanático se niega a “escuchar”, el fanático es fundamentalista porque fundamenta toda la comprensión del mundo o de un tema en cuestión en sus propias convicciones. Al fanático no le interesa escuchar otra cosa que un “sí” a su propuesta y para ello, casi sin dudar, recurrirá a la violencia. Desde el momento en que una parte no escucha a la otra el diálogo será de sordos y por lo tanto violento. Cuando uno no se siente escuchado tiende a levantar la voz, tiende a la violencia.
El mundo de hoy está lleno de sordos que gritan. Jesús “el Buen Pastor” nos propone escuchar… Escuchar los silencios de Dios, escuchar su voz en los que sufren y no piensan como nosotros. Escuchar los gemidos de los marginados, de los discriminados, de los que son minoría, de aquellos a quienes los aturdimos con los gritos de nuestras voces más fuertes. Este es un tiempo de opresiones económicas y culturales, tiempo de ruidos de fusiles y maquinas registradoras, tiempo de discursos vanos y derramamientos inútiles de sangre… Propongamos el silencio del que escucha, el respeto del que comprende la alteridad de los demás, la atención del que se fija en los desatendidos. Como Iglesia nos compete ser “el buen pastor” de este tiempo, ser “las manos de mi Padre” para acariciar, para abrazar, para servir y contener a las ovejas flacas del gran rebaño de la humanidad. Nosotros también, como Jesús, “somos una sola cosa” con el Padre, tengamos pues sus mismos gestos de misericordia escuchando las necesidades del rebaño para así servirle con generosidad.
Meditemos:
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