miércoles, 28 de abril de 2010

Jueves 29  – Memoria Obligatoria: Santa Catalina de Siena – Blanco / Misa: del Propio. – Liturgia de las horas: del Propio.


Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (13, 13-25)

Dios sacó de la descendencia de David un salvador: Jesús

13Desde Pafos, donde se embarcaron, Pablo y sus compañeros llegaron a Perge de Panfilia. Juan se separó y volvió a Jerusalén, 14pero ellos continuaron su viaje, y de Perge fueron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y se sentaron. 15Después de la lectura de la Ley y de los Profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a decir: "Hermanos, si tienen que dirigir al pueblo alguna exhortación, pueden hablar". 16Entonces Pablo se levantó y, pidiendo silencio con un gesto, dijo: "Escúchenme, israelitas y todos los que temen a Dios. 17El Dios de Este Pueblo, el Dios de Israel, eligió a nuestros padres y los convirtió en un gran Pueblo, cuando todavía vivían como extranjeros en Egipto. Luego, con el poder de su brazo, los hizo salir de allí 18y los cuidó durante cuarenta años en el desierto. 19Después, en el país de Canaán, destruyó a siete naciones y les dio en posesión sus tierras, 20al cabo de unos cuatrocientos cincuenta años. A continuación, les dio Jueces hasta el profeta Samuel. 21Pero ellos pidieron un rey y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, por espacio de cuarenta años. 22Y cuando Dios desechó a Saúl, les suscitó como rey a David, de quien dio este testimonio: He encontrado en David, el hijo de Jesé, a un hombre conforme a mi corazón que cumplirá siempre mi voluntad. 23De la descendencia de David, como lo había prometido, Dios hizo surgir para Israel un Salvador, que es Jesús. 24Como preparación a su venida, Juan había predicado un bautismo de penitencia a todo el pueblo de Israel. 25Y al final de su carrera, Juan decía: "Yo no soy el que ustedes creen, pero sepan que después de mí viene aquel a quien yo no soy digno de desatar las sandalias".

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial

Salmo 89 (88), 2-3. 21-22. 25. 27 (R.: cf. 2a)

R¡Cantaré eternamente tu amor, Señor!

2Cantaré eternamente el amor del Señor, proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones. 3Porque tú has dicho: "Mi amor se mantendrá eternamente, mi fidelidad está afianzada en el cielo. R.

21Encontré a David, mi servidor, y lo ungí con el óleo sagrado, 22para que mi mano esté siempre con él y mi brazo lo haga poderoso. R.

25Mi fidelidad y mi amor lo acompañarán, su poder crecerá a causa de mi Nombre: 27El me dirá: "Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora". R.

 

Aleluya: Apocalipsis 1, 5ab.

“Jesucristo, tú eres el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos; tú nos amaste y nos has librado de nuestros pecados por tu sangre”


Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan (13, 16-20)

El que recibe a mi enviado me recibe a mí

16Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía. 17Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican. 18No lo digo por todos ustedes; yo conozco a los que he elegido. Pero es necesario que se cumpla la Escritura que dice: El que comparte mi pan se volvió contra mí. 19Les digo esto desde ahora, antes que suceda, para que cuando suceda, crean que Yo Soy. 20Les aseguro que el que reciba al que yo envíe, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me envió".

Palabra del Señor.

Comentario:

Este pasaje se sitúa en el contexto del lavatorio de los pies, en la víspera del sacrificio supremo del Señor. Es indudable que este gesto, recogido sólo por el evangelio de Juan, tiene un profundo significado en el contexto de la pasión, muerte y resurrección del Salvador. El servicio generoso a los hermanos no hace superior al que lo otorga. Tampoco quien realiza la misión encomendada es superior a quien le ha encomendado la tarea. Jesús quiere dejar en claro que su entrega por amor a todos los suyos es la máxima expresión del servicio salvador. Es indudable que no se puede separar la pasión de Jesús de su ministerio. Es más, la pasión es el acto culminante de su misión. Por eso les dice a sus más cercanos que no se escandalicen; porque la consecuencia normal es que, si la misión ha sido realizada a cabalidad, la pasión y muerte sean la ratificación de la legitimidad de esa misión. La Resurrección, por su parte, como lo hemos meditado durante todo este tiempo pascual, es la respuesta afirmativa del Padre a la misión de Jesús. Ahora es el momento de los discípulos: así como quien recibe al Hijo recibe al Padre, a su vez quien recibe a sus enviados, recibe al Hijo. ¡Profunda comunión entre Padre, Hijo y discípulos! ¡Y aliento tremendamente consolador para nuestra misión evangelizadora!

Tomado de http://servicioskoinonia.org/biblico/090503.htm#JUE.


Meditemos:

  1. ¿Valoro la entrega cotidiana en el servicio a los demás como el mayor gesto de amor posible? ¿Me entrego generosamente?

  2. ¿En qué se nota que soy un verdadero cristiano?

 


Tags: lectura diaria, misa, liturgia, leccionario, biblia, evangelio

Publicado por Desconocido @ 17:00
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