Martes 04 – Feria – Blanco / Misa: del Propio del tiempo – Liturgia de las horas: del propio del tiempo.
Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (14, 19-28)
Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos
19Vinieron de Antioquía y de Iconio algunos judíos que lograron convencer a la multitud. Entonces apedrearon a Pablo y, creyéndolo muerto, lo arrastraron fuera de la ciudad. 20Pero él se levantó y, rodeado de sus discípulos, regresó a la ciudad. Al día siguiente, partió con Bernabé rumbo a Derbe. 21Después de haber evangelizado esta ciudad y haber hechos numerosos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía de Pisidia. 22Confortaron a sus discípulos y los exhortaron a perseverar en la fe, recordándoles que es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios. 23En cada comunidad establecieron presbíteros, y con oración y ayuno, los encomendaron al Señor en el que habían creído. 24Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. 25Luego anunciaron la Palabra en Perge y descendieron a Atalía. 26Allí se embarcaron para Antioquía, donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para realizar la misión que acababa de cumplir. 27A su llegada, convocaron a los miembros de la Iglesia y les contaron todo lo que Dios había hecho con ellos y cómo había abierto la puerta de la fe a los paganos. 28Después permanecieron largo tiempo con los discípulos.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 145 (144), 10-13ab. 21 (R.: Cfr. 11)
R. ¡Que tus fieles, manifiesten tu gloria, Señor!
10Que todas tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; 11que anuncien la gloria de tu reino y proclamen tu poder. R.
12Así manifestarán a los hombres tu fuerza y el glorioso esplendor de tu reino: 13Tu reino es un reino eterno, y tu dominio permanece para siempre. R.
21Mi boca proclamará la alabanza del Señor: que todos los vivientes bendigan su santo Nombre, desde ahora y para siempre. R.
Aleluya: Cfr. Lucas 24, 46. 26.
“El mesías debía sufrir, y resucitar de entre los muertos para entrar en su gloria”
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan (14, 27-31a)
Les dejo la paz, les doy mi paz
27Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! 28Me han oído decir: "Me voy y volveré a ustedes". Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo. 29Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean. 30Ya no hablaré mucho más con ustedes, porque está por llegar el Príncipe de este mundo: él nada puede hacer contra mí, 31pero es necesario que el mundo sepa que yo amo al Padre y obro como él me ha ordenado.
Palabra del Señor.
Comentario:
Las palabras clave que Jesús presenta: PAZ, AMOR, FE. De hecho de eso se trata la vida cristiana: la fe en Jesús nos trae el amor de Dios, el cual se enraíza en nuestros corazones y llenándonos de paz. Podríamos preguntarnos por qué el mundo de hoy vive sin paz, por qué hay tanta gente con trastornos de ansiedad, con depresión, al borde de una continua crisis de nervios. Más allá de los motivos psicológicos, o psiquiátricos, que haya, la razón fundamental es que falta fe. Falta aferrarnos al “principio” divino, falta equilibrar en nuestro ser la presencia espiritual del hacedor de todo. Eso nos lleva a vivir sin amor, porque no canalizamos nuestras capacidades, nuestra “energía” (el término hoy se entiende de modo distinto según la orientación de cada uno, por eso las comillas), nuestra fuerza vital, hacia un objetivo que nos trascienda… amar es darse, aunque hoy se entienda como satisfacción personal o intento burdo de “poseer” el afecto de los demás. Quién vive dando, entregando con fe renovada su propio ser, vive en PAZ. Esa paz nace del darse con sencillez, y del recibir con humildad lo que los demás nos dan, esa paz es armonía total, no es ausencia de problemas (como la del mundo) es serenidad en medio de los problemas, es “tenerla clara” y actuar en consecuencia. La imagen de paz que Jesús presenta es muy distinta a la que nosotros imaginamos en este mundo febril: no significa “no hacer”, significa “hacer” tranquilamente, con seguridad, sabiendo el principio y el final, en armonía con Dios, conmigo mismo, con los demás, con la creación. Paz es “amar al Padre y obrar como él ha ordenado” (ver vers. 31).
Meditemos:
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