viernes, 21 de mayo de 2010

Sábado 22 – Feria (o Memoria Libre: Santa Rita de Casia, religiosa – Blanco) – Blanco / Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección.


Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (28, 16-20. 30-31)

Pablo vivió en Roma proclamando el Reino de Dios

16Cuando llegamos a Roma, recibió autorización para alojarse en una casa particular con un soldado que lo custodiara. 17Tres días después convocó a los judíos principales, y cuando se reunieron les dijo: "Hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo ni contra las costumbres de nuestros padres, fui arrestado en Jerusalén y puesto en manos de los romanos. 18Después de interrogarme, quisieron dejarme en libertad, porque no encontraban en mí nada que mereciera la muerte; 19pero ante la oposición de los judíos, me vi obligado a apelar al Emperador, sin querer por esto acusar en nada a mi pueblo. 20Por eso he querido verlos y hablarles, ya que a causa de la esperanza de Israel llevo estas cadenas". 30Pablo vivió dos años enteros por sus propios medios, recibiendo a todos los que querían verlo, 31proclamando el Reino de Dios, y enseñando con toda libertad y sin encontrar ningún obstáculo, lo concerniente al Señor Jesucristo.

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial

Salmo 11 (10), 4-5. 7 (R.: cf. 7b)

R¡Los que son rectos verán tu rostro, Señor!

4Pero el Señor está en su santo Templo, el Señor tiene su trono en el cielo. Sus ojos observan el mundo, sus pupilas examinan a los hombres. R.

5El Señor examina al justo y al culpable, y odia al que ama la violencia. 7Porque el Señor es justo y ama la justicia, y los son rectos verán su rostro. R.

 

Aleluya: Juan 16, 7. 13.

“Les enviaré el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad”


Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 21, 19-25

Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero

19De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: "Sígueme". 20Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el mismo que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús y le había preguntado: "Señor, ¿quién es el que te va a entregar?". 21Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús: "Señor, ¿y qué será de este?". 22Jesús le respondió: "Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué importa? Tú sígueme". 23Entonces se divulgó entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría, pero Jesús no había dicho a Pedro: "El no morirá", sino: "Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa?". 24Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero. 25Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relata detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían.

Palabra del Señor.

Comentario:


Una de las cosas más difíciles e la vida del cristiano es dejar de lado la envidia sobre el otro, que, si no se trabaja con fortaleza puede caerse en “codiciar los bienes ajenos”. Pedro, sin duda, está lejos de la envidia o la codicia de los bienes ajenos… pero manifiesta un interés un poco raro por el final del discípulo amado, por el destino de ese discípulo. Jesús actúa a su modo, directo, sin importarle el qué dirán, sin preocuparle la opinión de Pedro. "Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué importa? Tú sígueme" (v. 22), parece una respuesta un poco “grosera”; pero en realidad es una respuesta que pone a Pedro en su justo límite… lo que el Señor decida sobre Juan es cosa entre ellos dos… lo que Pedro tiene que hacer es seguirlo y dedicarse a las cosas que el Señor tiene con él. Es importante, como enseñanza para el camino, aprovechar este relato para bien personal. En vez de andar viendo lo que el otro hace, dedicarme a hacer muy bien lo que yo tengo entre manos. En vez de curiosear, lo que puede llevarme a la envidia y codicia de los bienes, espirituales y materiales, de los demás; ponerme las pilas y hacer de modo excelente mi propia tarea.


Meditemos:

 

  1. ¿Experimenté, en alguna circunstancia, curiosidad, envidia o codicia sobre los bienes de los demás?
  2. ¿Sufrí alguna vez esa codicia o envidia ajena? ¿Cómo me sentí en ese momento?

 

 

 


Tags: lectura diaria, misa, liturgia, leccionario, biblia, evangelio

Publicado por Desconocido @ 18:00
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