Domingo 13 – DOMINGO 11° DURANTE EL AÑO – Verde / Misa: del Propio. Gloria. Credo – Liturgia de las horas: del Propio. 11va semana durante el año. 3ra semana durante el año.
Primera Lectura
Lectura del segundo libro de Samuel (12, 7–10. 13)
El Señor, por su parte, ha borrado tu pecado: no morirás
7El profeta Natán dijo a David: “¡Ese hombre eres tú! Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel y te libré de las manos de Saúl; 8te entregué la casa de tu señor y puse a sus mujeres en tus brazos; te di la casa de Israel y de Judá, y por si esto fuera poco, añadiría otro tanto y aún más. 9¿Por qué entonces has despreciado la palabra del Señor, haciendo lo que es malo a sus ojos? ¡Tú has matado al filo de la espada a Urías, el hitita! Has tomado por esposa a su mujer, y a él lo has hecho morir bajo la espada de los amonitas. 10Por eso, la espada nunca más se apartará de tu casa, ya que me has despreciado y has tomado por esposa a la mujer de Urías, el hitita”. 11Así habla el Señor: “Yo haré surgir de tu misma casa la desgracia contra ti. Arrebataré a tus mujeres ante tus propios ojos y se las daré a otro, que se acostará con ellas en pleno día. 12Porque tú has obrado ocultamente, pero yo lo haré delante de todo Israel y a la luz del sol”. 13David dijo a Natán: “¡He pecado contra el Señor!”. Natán le respondió: “El Señor, por su parte, ha borrado tu pecado: no morirás”.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 32 (31), 1–2. 5. 7. 11
R. Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado.
1¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta! 2¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas, y en cuyo espíritu no hay doblez! R.
5Pero yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa, pensando: "Confesaré mis faltas al Señor". ¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado! R.
7Tú eres mi refugio, tú me libras de los peligros y me colmas con la alegría de la salvación. 11¡Alégrense en el Señor, regocíjense los justos! ¡Canten jubilosos los rectos de corazón! R.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Galacia (2, 16. 19–21)
Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí
16Pero como sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo, hemos creído en él, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la Ley. 19Pero en virtud de la Ley, he muerto a la Ley, a fin de vivir para Dios. Yo estoy crucificado con Cristo, 20y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí. 21Yo no anulo la gracia de Dios: si la justicia viene de la Ley, Cristo ha muerto inútilmente.
Palabra de Dios.
Aleluya: 1° Juan 4, 10
Aleluya. Dios nos amó primero, y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados. Aleluya.
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (7, 36 – 8, 3)
Sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor
736Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa. 37Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume. 38Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume. 39Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: "Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!" 40Pero Jesús le dijo: "Simón, tengo algo que decirte". "Di, Maestro!, respondió él. 41“Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. 42Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos amará más?”. 43Simón contestó: “Pienso que aquel a quien perdonó más”. Jesús le dijo: “Has juzgado bien”. 44Y volviéndose hacia la mujer, dijo de Simón: “¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. 45Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies. 46Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies. 47Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor”. 48Después dijo a la mujer: “Tus pecados te son perdonados”. 49Los invitados pensaron: “¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?”. 50Pero Jesús dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado, vete en paz”. 81Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce 2y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; 3Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.
Palabra del Señor.
Comentario:
Vers. 36. ¿Quiénes eran los fariseos? Sabemos que eran gente muy religiosa y que trataba de cumplir al máximo todas las enseñanzas de la ley, con todos los ritos de pureza que los judíos de esa época tenían. Eran personas dispuestas a un enorme sacrificio personal para satisfacer las obligaciones de la ley judía. Pero donde estaba su victoria, ahí también su derrota. Porque de tanto cumplir la ley ellos se consideraban perfectos y con derecho a juzgar a los que consideraban pecadores, a los que creían infractores de la ley... entre ellos los más pobres que, muchas veces, debían violentar la ley para ganarse el pan para sus familias. Recordemos que la ley judía estaba compuesta no solo de preceptos morales, como la nuestra, sino también de prescripciones de pureza e impureza, de lavados rituales, de comidas prohibidas, y trabajos que no se debían hacer, etc. Según J. Jeremías: “Se puede decir, por tanto, como resumen, que el círculo de Jesús incluía en primer lugar a los que eran víctimas del desprecio de la masa..., las gentes incultas, ignorantes, a quienes su ignorancia religiosa y su conducta moral prohibían, según los sentimientos de la época, el acceso a la salvación”[1].
Vers. 37-38: Decir “una mujer pecadora” es suavizar la palabra, más bien se tendría que decir: “Una mujer prostituta” (se ganaba el pan diario entregando su cuerpo a la prostitución), porque eso era lo que hacía y de que vivía. Según Alonso Schökel (Biblia del Peregrino): “Era muy poco decoroso que tal mujer entrara en casa del anfitrión; los fariseos eran muy mirados en tales asuntos. Lo que hace después con Jesús es tan afectuoso como escandaloso: soltarse el cabello en presencia de varones, sobar con ellos los pies bañados en sus lágrimas, el derroche del perfume (aunque no lo derrame en la cabeza, como es costumbre). Todo sin reparo y con insistencia”.
Vers. 39: No pasa desapercibido para Simón, el anfitrión, lo que está pasando. También es su fama al que se juega con esta mujer en su casa haciendo lo que hace. Lo imagino de todos colores, mirando para todos lados y totalmente desilusionado del “maestro” galileo. Aunque es respetuoso y cortés, muy propio de la época, y no dice nada... lo piensa.
Vers. 40-43. La comparación que hace Jesús cae de maduro y es fácil de resolver... de hecho es lo que busca el Señor, que Simón tome partido sin dificultad y sin pensarlo mucho. Exagerado es hablar de amor por el perdón de una deuda, más fácil para nosotros tendría que ser la palabra “agradecimiento”, pero aquí se resalta el AMOR. De todas maneras es un amor interesado y no generoso: ama porque se le perdonó la deuda. Pero esto tiene mucha relación con la forma religiosa de Simón: el cumplimiento. Las personas que “cumplen”, no aman... retribuyen. El cumplidor equilibra su relación con los demás “devolviendo” favores, entregando de lo suyo por lo poco, o mucho, que los demás le dan (incluido Dios). Entonces entra en una relación de “negociado”: doy para que me den... a más perdón... más amor (Jesús entendía bien esta forma de pensar de Simón, y todos los fariseos, por eso este relato de los dos perdonados). Lo que Simón no sabía era lo que venía después... Jesús no da puntada sin hilo.
Vers. 44-47: Samuel Oyin Abogunrin (Comentario Bíblico Internacional) nos dice: El Señor sabía perfectamente cuáles eran los malos pensamientos que pasaban por la mente de Simón. “Di, Maestro”, dijo Simón. Jesús le cuenta un breve relato, en el que menciona una moneda llamada denarius. Era el equivalente al salario de un día de trabajo para un trabajador del campo (cf. Mt 20, 2). Simón escuchó el relato de Jesús y respondió correctamente sin dificultad. Al hacerlo emitió un juicio sobre sí mismo (ésta era la intención de Jesús). Jesús recogió la respuesta de Simón, se volvió a la mujer y comparó la forma en que ella lo había tratado con la forma en que él, Simón, lo había tratado desde el momento en que entró en su casa. Jesús explicó porque su conducta hacia él era tan diferente: “Simón, se te ha perdonado poco, por eso amas poco”. Las comparaciones siempre son odiosas, pero sirven de contraste entre dos actitudes totalmente diversas:
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Simón |
Mujer prostituta |
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Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies |
Ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos |
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Tú no me besaste |
Ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies |
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Tú no ungiste mi cabeza |
Ella derramó perfume sobre mis pies |
Simón invitó a su casa a Jesús, pero lo hizo por curiosidad, por cholulismo, o por lo que sea, menos por amor o por creerlo un enviado de Dios para la salvación de su vida... no trata bien, porque no ama, y no ama, porque no cree que se le deba perdonar nada: ¿De qué le sirve a Simón la presencia de Jesús si él se cree libre de culpa y pecado, si el se cree perfecto cumplidor de la ley? La mujer se reconoce perdonada, ella ve en Jesús a su salvador, a quién le trae de parte de Dios la esperanza de una vida nueva, por eso lo unge, lo trata con el agradecimiento y el amor que la cortesía de la época demandaba hacia un invitado a casa... Jesús estaba invitado no a su casa, sino a su corazón; no a su domicilio, sino a su “hogar”.
Vers. 48-50: Los invitados: aquellos que, como Simón, solo están para Juzgar, para mirar, para hablar de los otros, no para encontrar perón, salvación, liberación... Recién entran en escena y lo hacen para pensar como Simón... con criterios de cumplimiento y solamente humanos... Jesús no es importante para ellos. Según Alonso Schökel (Biblia del Peregrino): Jesús pronuncia la fórmula de absolución, sancionando la reconciliación (Sal 103, 3: “Él perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias”). Esto provoca el segundo escándalo de los invitados, más grave que el primero, porque tiene por blanco la misión y revelación de Jesús. La fórmula convencional de despedida, “vete en paz”, se carga aquí de sentido trascendente y ha pasado a la práctica cristiana de la penitencia o la eucaristía.
Meditemos:
[1] Tomado de: ¿PREDICAR EN LA MONTAÑA O CENAR CON MERETRlCES? De J. POHIER (en http://www.pastoralsida.com.ar/estudiosbiblicos/predicar_en_la_montana.htm#_ftn2) que cita a J. Jeremías, Teología del Nuevo Testamento, Salamanca 1974.
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