Lunes 14 – Feria – Verde / Misa: de la feria – Liturgia de las horas: de la feria.
Primera lectura
Lectura del primer libro de los Reyes 21, 1–19
En el mismo sitio donde los perros lamieron la sangre de Nabot, allí lamerán tu sangre
1Después de esto, sucedió lo siguiente: Nabot, el izreelita, tenía una viña en Izreel, al lado del palacio de Ajab, rey de Samaría. 2Ajab dijo a Nabot: “Dame tu viña para hacerme una huerta, ya que está justo al lado de mi casa. Yo te daré a cambio una viña mejor o, si prefieres, te pagaré su valor en dinero”. 3Pero Nabot respondió a Ajab: “¡El Señor me libre de cederte la herencia de mis padres!”. 4Ajab se fue a su casa malhumorado y muy irritado por lo que le había dicho Nabot, el izreelita: “No te daré la herencia de mis padres”. Se tiró en su lecho, dio vuelta la cara y no quiso probar bocado. 5Entonces fue a verlo su esposa Jezabel y le preguntó: “¿Por qué estás tan malhumorado y no comes nada?”. 6El le dijo: “Porque le hablé a Nabot, el izreelita, y le propuse: Véndeme tu viña o, si quieres, te daré otra a cambio”. Pero él respondió: “No te daré mi viña”. 7Su esposa Jezabel le dijo: “¿Así ejerces tú la realeza sobre Israel? ¡Levántate, come y alégrate! ¡Yo te daré la viña de Nabot, el izreelita!”. 8En seguida escribió una carta en nombre de Ajab, la selló con el sello del rey y la envió a los ancianos y a los notables de la ciudad, conciudadanos de Nabot. 9En esa carta escribió: “Proclamen un ayuno y en la asamblea del pueblo hagan sentar a Nabot en primera fila. 10Hagan sentar enfrente a dos malvados, que atestigüen contra él, diciendo: "Tú has maldecido a Dios y al rey". Luego sáquenlo afuera y mátenlo a pedradas”. 11Los hombres de la ciudad, los ancianos y notables, conciudadanos de Nabot, obraron de acuerdo con lo que les había mandado Jezabel, según lo que estaba escrito en la carta que les había enviado. 12Proclamaron un ayuno e hicieron sentar a Nabot en primera fila. 13En seguida llegaron dos malvados que se le sentaron enfrente y atestiguaron contra él diciendo: “Nabot ha maldecido a Dios y al rey”. Entonces lo sacaron fuera de la ciudad y lo mataron a pedradas. 14Y mandaron decir a Jezabel: “Nabot fue apedreado y murió”. 15Cuando Jezabel se enteró de que Nabot había sido matado a pedradas, dijo a Ajab: “Ya puedes tomar posesión de la viña de Nabot, esa que él se negaba a venderte, porque Nabot ya no vive: está muerto”. 16Apenas oyó Ajab que Nabot estaba muerto, bajó a la viña de Nabot, el izreelita, para tomar posesión de ella. 17Entonces la palabra del Señor llegó a Elías, el tisbita, en estos términos: 18“Baja al encuentro de Ajab, rey de Israel en Samaría. Ahora está en la viña de Nabot: ha bajado allí para tomar posesión de ella. 19Tú le dirás: Así habla el Señor: ¡Has cometido un homicidio, y encima te apropias de lo ajeno! Por eso, así habla el Señor: En el mismo sitio donde los perros lamieron la sangre de Nabot, allí lamerán tu sangre”.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 5, 2–3. 5–7
R. ¡Atiende a mis gemidos, Señor!
2Señor, escucha mis palabras, atiende a mis gemidos; 3oye mi clamor, mi Rey y mi Dios. R.
5Tú no eres un Dios que ama la maldad; ningún impío será tu huésped, 6ni los orgullosos podrán resistir delante de tu mirada. R.
Tú detestas a los que hacen el mal 7y destruyes a los mentirosos. ¡Al hombre sanguinario y traicionero lo abomina el Señor! R.
Aleluya: Salmo 119 (118), 105
Aleluya. Tu palabra es una lámpara para mis pasos y una luz en mi camino. Aleluya.
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 5, 38–42
Yo les digo que no hagan frente al que les hace mal
38Ustedes han oído que se dijo: "Ojo por ojo y diente por diente". 39Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. 40Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; 41y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él. 42Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.
Palabra del Señor.
Comentario:
Mucho antes de Moisés, la ley del talión ya había sido formulada por el código de Hammurabi. Mientras que el cántico de Lámec, el descendiente de Caín, no ponía límites a la venganza (Yo maté a un hombre por una herida y a un muchacho por una contusión, Gén 4, 23), la ley del talión establecía un principio de equidad: Ojo por ojo, diente por diente (Éx 21, 23-25; Lev 24, 19-20; Dt 19, 21). Por tanto, no propiciaba la venganza, sino que trataba de moderar los impulsos desenfrenados de la persona ofendida y determinaba la justa medida del castigo, sin excesos ni defectos. En tiempos de Jesús, algunos defendían este principio al pie de la letra, pero en general se tendía a sustituir el daño físico por una reparación o compensación económica.
En contraposición con este principio, Jesús invita a sus discípulos a no enfrentarse al que les hace mal (es decir, a no responder con violencia a la violencia y a evitar cualquier forma de represalia). Para Jesús no basta con evitar la falta de proporción entre la ofensa y el castigo, como lo requería la ley del talión. El rechazo de la violencia puede exigir, llegado el caso, la renuncia a lo que podría considerarse un legítimo derecho.
La enumeración de las ofensas infligidas y recibidas sigue una escala descendente. La gradación comienza con la agresión física (el golpe en la mejilla derecha); luego viene el recurso a los tribunales, después la coacción, y por último una petición probablemente inoportuna y molesta.
El agravio más humillante es el golpe recibido en la mejilla derecha, no en la izquierda. Esto quiere decir que se trata de una bofetada dada no con el interior de la mano, sino con el revés. Un golpe tal era considerado en Oriente una ofensa extremadamente grave.
Luego viene el intento de quitarle a uno la túnica. No se detalla la situación concreta, pero se trata indudablemente de un pleito entablado en los tribunales contra un pobre que poseía una sola túnica y un solo abrigo. La invitación a entregar también el manto implicaba renunciar a un legítimo derecho, ya que la ley prohibía despojar del manto al pobre que tenía necesidad de él para protegerse del frío nocturno (Éx 22, 25-26).
La coacción a que se refiere el v. 41 hace pensar en la extorsión ejercida por las cohortes romanas, que se atribuían el derecho de obligar a un judío a caminar con ellos para servirles de guía o para llevar una carga gratuitamente (cf. Mc 15, 21).
La enumeración concluye con una doble exhortación: no volver la espalda al que requiere un préstamo y dar al que pide. Esta última exhortación es tanto más apremiante si se tiene en cuenta cuán numerosos e insistentes eran los mendigos en Oriente.
Es importante notar que esta renuncia a la acción violenta, a las represalias y a la sanción jurídica no implica quedarse inactivo frente a la injusticia. Habría que pensar, más bien, en el texto de Prov 25, 21-22, citado por Pablo en Rom 12, 20: “Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Haciendo esto, amontonarás carbones encendidos sobre su cabeza. Es decir, al devolverle bien por mal harás que su rostro se ponga rojo de vergüenza y lo moverás al arrepentimiento. De ahí la exhortación que Pablo añade inmediatamente después: No te dejes vencer por el mal, sino vence al mal haciendo el bien (Rom 12, 21).
Cuando se trata de llevar a la práctica las exigencias expresadas en esta antítesis, no se puede ignorar el carácter hiperbólico de muchas expresiones de Jesús (cf. 18, 6-9). Pero al recurrir con tanta frecuencia a la hipérbole, él lanzaba un desafío a la imaginación de sus oyentes. En el tono profético y provocador de tales expresiones radica precisamente la eficacia de sus palabras. Tomado de Comentario Bíblico Internacional (Navarra, 2003), Armando J. Levoratti, pág. 308-9.
Meditemos:
1. ¿Qué me impide hacer lo que Jesús me dice?
2. ¿Respondo, habitualmente, con mal al mal que me hacen?
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