Martes 15 – Feria – Verde / Misa: a elección –Liturgia de las horas: de la feria.
Primera lectura
Lectura del primer libro de los Reyes 21, 17–29
Porque se ha humillado delante de mí, no atraeré la desgracia mientras él viva
Después que murió Nabot, 17la palabra del Señor llegó a Elías, el tisbita, en estos términos: 18"Baja al encuentro de Ajab, rey de Israel en Samaría. Ahora está en la viña de Nabot: ha bajado allí para tomar posesión de ella. 19Tú le dirás: Así habla el Señor: ¡Has cometido un homicidio, y encima te apropias de lo ajeno! Por eso, así habla el Señor: En el mismo sitio donde los perros lamieron la sangre de Nabot, allí lamerán tu sangre". 20Ajab respondió a Elías: "¡Me has sorprendido, enemigo mío!". "Sí, repuso Elías, te he sorprendido, porque te has prestado a hacer lo que es malo a los ojos de Señor. 21Yo voy a atraer la desgracia sobre ti: barreré hasta tus últimos restos y extirparé a todos los varones de la familia de Ajab, esclavos o libres en Israel. 22Dejaré tu casa como la de Jeroboam, hijo de Nebat, y como la de Basá, hijo de Ajías, porque has provocado mi indignación y has hecho pecar a Israel. 23Y el Señor también ha hablado contra Jezabel, diciendo: Los perros devorarán la carne de Jezabel en la parcela de Izreel. 24Al de la familia de Ajab que muera en la ciudad, se lo comerán los perros, y al que muera en despoblado, se lo comerán los pájaros del cielo". 25No hubo realmente nadie que se haya prestado como Ajab para hacer lo que es malo a los ojos del Señor, instigado por su esposa Jezabel. 26El cometió las peores abominaciones, yendo detrás de los ídolos, como lo habían hecho los amorreos que el Señor había desposeído delante de los israelitas. 27Cuando Ajab oyó aquellas palabras, rasgó sus vestiduras, se puso un sayal sobre su carne, y ayunó. Se acostaba con el sayal y andaba taciturno. 28Entonces la palabra del Señor llegó a Elías, el tisbita, en estos términos: 29“¿Has visto cómo Ajab se ha humillado delante de mí? Porque se ha humillado delante de mí, no atraeré la desgracia mientras él viva, sino que la haré venir sobre su casa en tiempos de su hijo”.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo responsorial: 51 (50), 3–6. 11. 16
R. ¡Ten piedad, Señor, porque hemos pecado!
3¡Ten piedad de mí, oh Dios, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas! 4¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! R.
5Porque yo reconozco mis faltas y mi pecado está siempre ante mí. 6Contra ti, contra ti solo pequé e hice lo que es malo a tus ojos. R.
11Aparta tu vista de mis pecados y borra todas mis culpas. 16¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío,y mi lengua anunciará tu justicia! R.
Evangelio
Evangelio de Nuestro señor Jesucristo según San Mateo 5, 43–48
Amen a sus enemigos
43Ustedes han oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y odiarás a tu enemigo. 44Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; 45así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. 46Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? 47Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? 48Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.
Palabra del Señor.
Comentario:
Esta última antítesis es la principal de todas. Ella opone al mandamiento antiguo (que admitía implícitamente el odio al enemigo) la exigencia de amar al enemigo. De este modo, los discípulos de Jesús serán semejantes al Padre celestial, que derrama sus dones sobre buenos y malos, sobre justos e injustos.
En el AT no se encuentra el precepto de odiar al enemigo. Por tanto, este añadido ha sido interpretado como un "comentario limitativo", es decir, que aquí el verbo "odiar", como en otros textos de la Biblia, indicaría simplemente la ausencia de amor (cf. Dt 21, 15-16). En tal caso, odiarás a tu enemigo estaría indicando que el precepto de amar al prójimo no se aplica al enemigo.
En la interpretación de Jesús, el mandamiento nuevo del amor al enemigo constituye el criterio fundamental para discernir la voluntad de Dios en la legislación del AT (cf. 5, 17). Este mandamiento no es un precepto más, sino el centro y el vértice de todos los mandamientos, que introduce un cambio cualitativo en la práctica de la justicia tal como la entendían los fariseos.
La perfección de los discípulos debe corresponder a la del Padre celestial, cuya generosidad se extiende indistintamente a buenos y malos (v.45). Este imperativo está en consonancia con el anuncio de Jesús sobre el reino de Dios. El reino es la actuación misericordiosa de Dios y un don puramente gratuito, como son gratuitas la luz del sol que brilla cada día y la lluvia que fecunda los campos. Esto no quiere decir que la actuación humana carezca de importancia. El discípulo debe imitar la acción misericordiosa del Creador. Pero esa imitación no es un requisito previo que condiciona la acción divina, sino la respuesta al don recibido. Tomado de Comentario Bíblico Internacional (Navarra, 2003), Armando J. Levoratti, pág. 309.
Meditemos:
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