Jueves 17 – Feria – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: de la feria.
Primera lectura
Lectura del libro del Eclesiástico 48, 1–14
Cuando Elías fue llevado en un torbellino, Eliseo quedó lleno de su espíritu
1Surgió como un fuego el profeta Elías, su palabra quemaba como una antorcha. 2Él atrajo el hambre sobre ellos y con su celo los diezmó. 3Por la palabra del Señor, cerró el cielo, y también hizo caer tres veces fuego de lo alto. 4¡Qué glorioso te hiciste, Elías, con tus prodigios! ¿Quién puede jactarse de ser igual a ti? 5Tú despertaste a un hombre de la muerte y de la morada de los muertos, por la palabra de Altísimo. 6Tú precipitaste a reyes en la ruina y arrojaste de su lecho a hombres insignes: 7tú escuchaste un reproche en el Sinaí y en el Horeb una sentencia de condenación; 8tú ungiste reyes para ejercer la venganza y profetas para ser tus sucesores 9tú fuiste arrebatado en un torbellino de fuego por un carro con caballos de fuego. 10De ti está escrito que en los castigos futuros aplacarás la ira antes que estalle, para hacer volver el corazón de los padres hacia los hijos y restablecer las tribus de Jacob. 11¡Felices los que te verán y los que se durmieron en el amor, porque también nosotros poseeremos la vida! 12Cuando Elías fue llevado en un torbellino, Eliseo quedó lleno de su espíritu. Durante su vida ningún jefe lo hizo temblar, y nadie pudo someterlo. 13Nada era demasiado difícil para él y hasta en la tumba profetizó su cuerpo. 14En su vida, hizo prodigios y en su muerte, realizó obras admirables.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo responsorial: 97 (96), 1–7
R. ¡Alégrense, justos, en el Señor!
1¡El Señor reina! Alégrese la tierra, regocíjense las islas incontables. 2Nubes y Tinieblas lo rodean, la Justicia y el Derecho son la base de su trono. R.
3Un fuego avanza ante él y abrasa a los enemigos a su paso; 4sus relámpagos iluminan el mundo; al verlo, la tierra se estremece. R.
5Las montañas se derriten como cera delante del Señor, que es el dueño de toda la tierra. 6Los cielos proclaman su justicia y todos los pueblos contemplan su gloria. R.
7Se avergüenzan los que sirven a los ídolos, los que se glorían en dioses falsos; todos los dioses se postran ante él. ¡Alégrense, justos, en el Señor! R.
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según San Mateo 6, 7–15
Ustedes oren así
7Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. 8No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. 9Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, 10que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo. 11Danos hoy nuestro pan de cada día. 12Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. 13No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal. 14Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. 15Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.
Palabra del Señor.
Comentario:
Basta decir "Padre".
Un hijo tiene “algo” que su padre no puede resistir, sin poder explicar bien por qué. Así es esto de ser padre. A Dios también le pasa. Cristo nos pasó el secreto, al enseñarnos a orar, empezando con esa palabra mágica que lo puede todo, si la decimos con el corazón: “Padre”. No importa cuántas palabras digamos. Tampoco si las frases tienen sentido o belleza literaria. Lo que a Él le importa es que somos nosotros, sus hijos, quienes nos dirigimos a Él.
Un “Padrenuestro”, rezado como un acto de amor y de entrega, arranca de Dios aquello que más necesitamos. Cada una de sus palabras puede ayudarnos a hacer una nueva oración, pues contiene las verdades más profundas de nuestra fe. Que Él es nuestro Padre; y de ahí se deriva que nos ama, que nos escucha, que nos cuida, que nos espera en el cielo. Que nuestra vida tiene sentido en buscar su gloria, en instaurar su Reino en el mundo, en cumplir su voluntad. Que nos cuida de los peligros y nos da el alimento y la fuerza espiritual que necesitamos para recorrer el camino hacia ÉL.
Quizás desde muy pequeños venimos repitiendo, con mayor o menor devoción, la gran oración del cristiano. Pero sin duda, cada vez que lo hacemos, Dios “interrumpe todas sus ocupaciones” para escucharnos y atendernos como el mejor de los padres. Tomado de www.catholic.net, autor: Ignacio Sarre, vista el 13-06-09.
Meditemos:
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