Viernes 18 – Feria – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: de la feria.
Primera lectura
Lectura del segundo libro de los Reyes 11, 1–4. 9–18. 20
Toda la gente del país se alegró y la ciudad permaneció en calma
1Atalía, la madre de Ocozías, al ver que había muerto su hijo, empezó a exterminar a todo el linaje real. 2Pero Josebá, hija del rey Joram y hermana de Ocozías, tomó a Joás, hijo de Ocozías, lo sacó secretamente de en medio de los hijos del rey que iban a ser masacrados, y lo puso con su nodriza en la sala que servía de dormitorio. Así lo ocultó a los ojos de Atalía y no lo mataron. 3El estuvo con ella en la Casa del Señor, oculto durante seis años, mientras Atalía reinaba sobre el país. 4El séptimo año, Iehoiadá mandó buscar a los centuriones de los carios y de la guardia, y los hizo comparecer ante él en la Casa del Señor. Hizo con ellos un pacto comprometiéndolos bajo juramento, y les mostró al hijo del rey. 9Los centuriones ejecutaron exactamente todo lo que les había ordenado el sacerdote Iehoiadá. Cada uno de ellos tomó a sus hombres -los que entraban de servicio y los que eran relevados el día sábado- y se presentaron ante el sacerdote Iehoiadá. 10El sacerdote entregó a los centuriones las lanzas y los escudos del rey David que estaban en la Casa del Señor. 11Los guardias se apostaron, cada uno con sus armas en la mano, desde el lado sur hasta el lado norte de la Casa, delante del altar y delante de la Casa, para formar un círculo alrededor del rey. 12Entonces Iehoiadá hizo salir al hijo del rey y le impuso la diadema y el Testimonio. Se lo constituyó rey, se lo ungió, y todos aplaudieron, aclamando: "¡Viva el rey!". 13Atalía oyó el griterío de la gente que corría, y se dirigió hacia la Casa del Señor, donde estaba el pueblo. 14Y al ver al rey de pie sobre el estrado, como era costumbre, a los jefes y las trompetas junto al rey, y a todo el pueblo del país que estaba de fiesta y tocaba las trompetas, rasgó sus vestiduras y gritó: "¡Traición!". 15Entonces el sacerdote Iehoiadá impartió órdenes a los centuriones encargados de la tropa, diciéndoles: "¡Háganla salir de entre las filas! Si alguien la sigue, que sea pasado al filo de la espada". Porque el sacerdote había dicho: "Que no lo maten en la Casa del Señor". 16La llevaron a empujones, y por el camino de la entrada de los Caballos llegó a la casa del rey; allí la mataron. 17Iehoiadá selló la alianza entre el Señor, el rey y el pueblo, comprometiéndose este a ser el pueblo del Señor; y también selló una alianza entre el rey y el pueblo. 18Luego, todo el pueblo del país se dirigió al templo de Baal, lo derribó y destrozó por completo sus altares y sus imágenes. Y a Matán, el sacerdote de Baal, lo mataron delante de los altares. El sacerdote estableció puestos de guardia en la Casa del Señor. 20Toda la gente del país se alegró y la ciudad permaneció en calma. A Atalía la habían pasado al filo de la espada en la casa del rey.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo responsorial: 132 (131), 11–14. 17–18
R. ¡El Señor hizo de Sión su morada!
11El Señor hizo un juramento a David, una firme promesa, de la que no se retractará: "Yo pondré sobre tu trono a uno de tus descendientes. R.
12Si tus descendientes observan mi alianza y los preceptos que yo les enseñaré, también se sentarán sus hijos en tu trono para siempre". R.
13Porque el Señor eligió a Sión, y la deseó para que fuera su Morada. 14"Este es mi Reposo para siempre; aquí habitaré, porque lo he deseado. R.
17Allí haré germinar el poder de David: yo preparé una lámpara para mi ungido. 18Cubriré de vergüenza a sus enemigos, y su insignia real florecerá sobre él". R.
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según San Mateo 6, 19–23
Donde esté tu tesoro, estará también tu corazón
19No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban. 20Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben. 21Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón. 22La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado. 23Pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas. Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!
Palabra del Señor.
Comentario:
No junten tesoros y reservas aquí en la tierra. El Evangelio dice "no atesoren tesoros", pero "tesoro" tiene más sentido de riqueza que se guarda que de cosa amada. Durante siglos la mayoría de los hombres casi no tuvieron reservas personales la familia o el clan se hacían cargo de ellos en caso de adversidad. Actualmente cada uno debe preocuparse por sí mismo; tal vez sea mejor, pero ¿cómo escapar a esa obsesión por asegurar el futuro? Jesús nos invita una vez más a creer en la Providencia del Padre si nos encargamos de sus asuntos, él se encargará de los nuestros. Allí estará tu corazón. En la cultura judía el corazón es el lugar donde se juzga y se toman decisiones. No soy yo quien posee las cosas, sino que son éstas las que me poseen y me imponen poco a poco tal o cual estilo de vida. Allí estará tu corazón Esa es la certeza que inspira cualquier búsqueda de la "pobreza evangélica". Se trata de liberarse al máximo para actuar y para amar. Jesús nos llama a la acción desinteresada, pero al mismo tiempo nos previene en contra de un apego desordenado a las personas, a las ideas y a las cosas propias se puede llevar a cabo cualquier cosa, pero no debemos apegarnos a los frutos de la acción. Comentario de la Biblia Latinoamericana, versión 1995.
Meditemos:
¿Dónde está mi tesoro? ¿Dónde mi corazón?
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