viernes, 25 de junio de 2010

Sábado 26 – Feria (o Santa María en Sábado – Blanco) / Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección. 1as vísperas del 13° domingo durante el año.


Primera lectura 

Lectura del libro de las Lamentaciones 2, 2. 10–14. 18–19 

¡Invoca al Señor de corazón, gime, hija de Sión!

2El Señor devoró sin piedad todas las moradas de Jacob; derribó en su indignación las fortalezas de la hija de Judá; echó por tierra y profanó el reino y sus príncipes. 10Están sentados en el suelo, silenciosos, los ancianos de la hija de Sión; se han cubierto la cabeza de polvo, se han vestido con un sayal. Dejan caer su cabeza hasta el suelo las vírgenes de Jerusalén. 11Mis ojos se deshacen en llanto, me hierven las entrañas; mi bilis se derrama en la tierra por el desastre de la hija de mi pueblo, mientras desfallecen sus niños y pequeños en las plazas de la ciudad. 12Ellos preguntan a sus madres: "¿Dónde hay pan y vino?", mientras caen desfallecidos como heridos de muerte en las plazas de la ciudad, exhalando su espíritu en el regazo de sus madres. 13¿A quién podré compararte? ¿A quién te asemejaré, hija de Jerusalén? ¿A quién te igualaré, para poder consolarte, virgen hija de Jerusalén? Porque tu desastre es inmenso como el mar: ¿quién te sanará? 14Tus profetas te transmitieron visiones falsas e ilusorias. No revelaron tu culpa a fin de cambiar tu suerte, sino que te hicieron vaticinios falsos y engañosos. 18¡Invoca al Señor de corazón, gime, hija de Sión! ¡Deja correr tus lágrimas a raudales, de día y de noche: no te concedas descanso, que no repose la pupila de tus ojos! 19¡Levántate, y grita durante la noche, cuando comienza la ronda! ¡Derrama tu corazón como agua ante el rostro del Señor! ¡Eleva tus manos hacia él, por la vida de tus niños pequeños, que desfallecen de hambre en todas las esquinas!

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial 

Salmo responsorial: 74 (73), 1–7. 20–21 

R¡No te olvides de tus pobres, Señor!

1¿Por qué, Señor, nos rechazaste para siempre y arde tu indignación contra las ovejas de tu rebaño? 2Acuérdate de pueblo que adquiriste en otro tiempo, de la tribu que rescataste para convertirla en tu herencia. R.

3Vuelve tus pasos hacia esta ruina completa: todo lo destruyó el enemigo en el Santuario. 4Rugieron tus adversarios en el lugar de tu asamblea, pusieron como señales sus propios estandartes. R.

5Alzaron sus hachas como en la espesura de la selva; 6destrozaron de un golpe todos los adornos, los deshicieron con martillos y machetes; 7prendieron fuego a tu Santuario, profanaron, hasta arrasarla, la Morada de tu Nombre. R.

20Ten presente tu alianza, porque todos los rincones del país están repletos de violencia. 21Que el débil no retroceda lleno de confusión, que el pobre y el oprimido alaben tu Nombre. R.


Evangelio 

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 8, 5–17

Vendrán muchos de Oriente y Occidente y se sentarán con Abrahán, lsaac y Jacob

5Al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión, rogándole 6"Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente". 7Jesús le dijo: "Yo mismo iré a curarlo". 8Pero el centurión respondió: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. 9Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: "Ve", él va, y a otro: "Ven", él viene; y cuando digo a mi sirviente: "Tienes que hacer esto", él lo hace". 10Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: "Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. 11Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos; 12en cambio, los herederos del reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y rechinar los dientes". 13Y Jesús dijo al centurión: "Ve, y que suceda como has creído". Y el sirviente se curó en ese mismo momento. 14Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, encontró a la suegra de este en cama con fiebre. 15Le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirlo. 16Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y él, con su palabra, expulsó a los espíritus y curó a todos los que estaban enfermos, 17para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: "El tomó nuestras debilidades y cargó sobre sí nuestras enfermedades".

Palabra del Señor.


Comentario:

 

La curación del siervo del centurión (8,5-13): El “centurión” era, probablemente, un oficial al mando de cien soldados de infantería que mantenían una presencia romana en Cafarnaún. Mateo da pocos detalles; lo que le interesa realmente es que un gentil puede ser introducido en el reino. “Señor” (v. 6) no es más que un tratamiento respetuoso de cortesía, pero, referido a Jesús, acabó por expresar esa “autoridad” de 7, 29. La parálisis del siervo le ha hecho sufrir grandes dolores, y el centurión actúa movido por una honda preocupación. Según la tradición rabínica, entrar en la casa de un gentil equivalía a hacerse impuro. La respuesta del centurión, “di una sola palabra, y mi criado quedará sano” (v. 8), puede que tuviera eso en cuenta. Es mediante una palabra como Dios cura (p.ej., Sal 107,20; Sabiduría 16, 12) y como realizará la redención de todas las naciones (Isaías 45, 23; 55, 11).

Jesús “se asombró”, y dijo a la gente: “jamás he encontrado en Israel una fe tan grande”, porque la fe del centurión era de sincera resolución y total confianza en la autoridad de Jesús y en su poder de curar. “Vendrán muchos de oriente y de occidente” (v. 11) repite la promesa de que parte de la restauración consistiría en que las naciones vendrían al esplendor de la salida de Israel y celebrarían con reconocimiento que Dios es el único Señor (Is 49, 12; 60, 3-7; 66, 18-23; Zac 8, 20-23). Esta venida de los gentiles fue anticipada ya en Mateo con el viaje de los magos. “Comer” o “sentarse a la mesa” significa celebrar la restauración del reino de Dios con Israel en un banquete mesiánico (cf. Is 25, 6; 55, 2).

Los herederos, “hijos”, del reino (v. 12) son aquí los que esperaban heredado como descendientes de Abraham, Isaac y Jacob. Se rechaza así a quienes pretenden ser miembros del reino por la raza, y no por la fe. El evangelista podría estar anticipando aquí el banquete de los publicanos en el capítulo siguiente. “Las tinieblas de fuera, donde será el llanto y el rechinar de dientes” es el rechazo en el juicio final: quedar totalmente apartado de la presencia resplandeciente de Dios. Ésta es una frase por la que Mateo siente predilección (3, 42. 50; 22, 13; 24, 51; 25, 30), Y que alude al acto de los malvados que rechinan sus dientes con malicia contra el justo (Sal 35, 16; 112, 10; Job 16,9).

Jesús cura a la suegra de Pedro y a otros: Como hombre casado, Pedro tiene su propia casa en Cafarnaún. Su suegra está en cama ardiendo de fiebre. Jesús le toca la mano lo mismo que había tocado al leproso (v. 3) y a otros al curarlos (9, 29; 20, 34), y con ese toque la suegra de Pedro recupera completamente su salud. Resulta significativo que la palabra griega que se traduce por “se levantó” sea el término utilizado principalmente en el NT para indicar la resurrección de entre los muertos. Restablecida en la plenitud de vida, responde inmediatamente con actos de servicio. La posesión demoníaca (v. 16) abarcaba toda reacción involuntaria reiterada, psíquica o física, que se creía provocada por fuerzas espirituales distintas de Dios. Estos espíritus son expulsados con una palabra, lo que recuerda la profesión de fe del centurión y las referencias isaianas a la “palabra” salvadora de Dios que realiza el designio divino (cf. v. 8). La cita tomada de Isaías 53, 4 hace referencia a todos los milagros mencionados hasta ahora. Jesús, como verdadero representante del Israel Siervo, trae la curación y la restauración a Israel. La consecuencia es que Jesús, en cuanto es el verdadero Siervo, está cumpliendo la vocación de Israel como Siervo de Dios en el reino. Tomado de Comentario Bíblico Internacional, Adrian Leske.


Meditemos:

 

  1. ¿Tengo la fe del centurión?
  2. ¿Le permito, como la suegra de Pedro, a Jesús sacarme de las postraciones de mi vida?

 

 


Tags: Lectura diaria, Biblia, Leccionario, Misa, Evangelio

Publicado por Desconocido @ 19:00
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