miércoles, 30 de junio de 2010

Jueves 01  – Feria – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: de la feria. Primer jueves de mes.


Primera lectura

Lectura de la Profecía de Amós 7, 10–17

Ve a profetizar a mi pueblo

10Amasías, el sacerdote de Betel, mandó a decir a Jeroboam, rey de Israel: "Amós conspira contra ti en medio de la casa de Israel; el país ya no puede tolerar todas sus palabras. 11Porque él anda diciendo: "Jeroboam morirá por la espada e Israel irá al cautiverio lejos de su país"". 12Después, Amasías dijo a Amós: "Vete de aquí, vidente, refúgiate en el país de Judá, gánate allí la vida y profetiza allí. 13Pero no vuelvas a profetizar en Betel, porque este es un santuario del rey, un templo del reino". 14Amós respondió a Amasías: "Yo no soy profeta, ni hijo de profetas, sino pastor y cultivador de sicómoros; 15pero el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: "Ve a profetizar a mi pueblo Israel". 16Y Ahora, escucha la palabra del Señor. Tú dices: "No profeticen contra Israel, no vaticines contra la casa de Isaac". 17Por eso, dice el Señor: "Tu mujer se prostituirá en plena ciudad, tus hijos y tus hijas caerán bajo la espada; tu suelo será repartido con la cuerda, tú mismo morirás en tierra impura e Israel irá al cautiverio lejos de su país"".

Palabra de Dios.

 

Salmo Responsorial

Salmo 19 (18), 8–11

R¡Los juicios del Señor son la verdad!

8La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma; el testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple. R.

9Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón; los mandamientos del Señor son claros, iluminan los ojos. R.

10La palabra del Señor es pura, permanece para siempre; los juicios del Señor son la verdad, enteramente justos. R.

11Son más atrayentes que el oro, que el oro más fino; más dulces que la miel, más que el jugo del panal. R.

 

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 9, 1–8

Glorificaban a Dios por haber dado semejante poder a los hombres

1Jesús subió a la barca, atravesó el lago y regresó a su ciudad. 2Entonces le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico:"Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados". 3Algunos escribas pensaron: “Este hombre blasfema”. 4Jesús, leyendo sus pensamientos, les dijo: "¿Por qué piensan mal? 5¿Qué es más fácil decir: "Tus pecados te son perdonados", o "Levántate y camina"? 6Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados –dijo al paralítico– levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". 7El se levantó y se fue a su casa. 8Al ver esto, la multitud quedó atemorizada y glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres.

Palabra del Señor.

 

Comentario:

 

Marcos cuenta una doble historia, que aún puede separarse fácilmente, de un milagro de curación (vv. 1–5a, 11–12) y un acto de perdón (vv. 5b–10), que, tal vez, sea resultado de su técnica del sándwich o del de­sarrollo de la tradición oral. Mateo fusiona las dos partes, elimina el detalle colorista de bajar al enfermo por la terraza y da al último ver­sículo una intensa finalidad doblemente teoló­gica. Notemos que en este y en los siguientes dos relatos (9,1–17) encontramos tres grupos de adversarios: los escribas (v. 3), los fariseos (v. 11) y los discípulos de Juan Bautista (v. 14). Mateo se esmera por ofrecer una cobertura perfilada y sistemática de la situación. V. 3. blas­fema: Los escribas reconocen acertadamente que el perdón de los pecados, que implican una ofensa contra Dios, pertenece a la acción divina. Quien controle los canales del perdón en una sociedad controla toda la sociedad (H. Arendt); así pues, hay grandes intereses en juego. Para Mateo, la imputación de blasfemia es lo que conduce inexorablemente a Jesús a la cruz (26, 65). V. 4. qué es más fácil: Es una pregunta confusa. Es más fácil decir “tus pecados son perdonados”, puesto que no hay control visible sobre ello; más difícil es hacerla, pues­to que únicamente compete a Dios tal acción. Es mucho más difícil decir “levántate y anda”, puesto que la efectividad de las palabras se comprobará por su éxito o su fracaso (a me­nos que seamos Jesús). V.8. tal autoridad a los hombres: Éste es el cambio crucial que realiza Mateo con relación a Marcos. Traslada la aten­ción desde la admiración ante el milagro al te­ma teológico de Jesús como Hijo del hombre (v. 6) que tiene autoridad para perdonar peca­dos y para extenderla a los miembros de la Iglesia. Es un importante indicio del interés de Mateo por la Iglesia (16, 15; 15, 17). Refleja su preocupación de que la autoridad de Cristo es­té disponible en y a través de la Iglesia, un pro­blema de la segunda o tercera generación cris­tiana, que presupone la fe en Cristo. Tomado de “Comentario Bíblico San Jerónimo”, MATEO, Benedict. T. Viviano, OP.

 

Meditemos:

 

  1. ¿Qué espero para pedirle a Dios perdón de mis pecados?
  2. ¿En qué sentido mis problemas actuales están unidos a la distancia que tengo de Dios?

 


Tags: lectura diaria, evangelio, Palabra de Dios, Misa, Biblia

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lunes, 28 de junio de 2010

Lunes 29 – Solemnidad: Santos Pedro y Pablo, apóstoles – Rojo / Misa: del propio. Gloria. Lecturas propias. Credo. Prefacio propio. Bendición Solemne – Liturgia de las horas: del propio. Día del Papa.

 

Primera lectura

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 12, 1-11

Ahora me doy cuenta de que el Señor me ha librado de las manos de Herodes

1Por aquel entonces, el rey Herodes hizo arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. 2Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan, 3y al ver que esto agradaba a los judíos, también hizo arrestar a Pedro. Eran los días de "los panes Ácimos". 4Después de arrestarlo, lo hizo encarcelar, poniéndolo bajo la custodia de cuatro relevos de guardia, de cuatro soldados cada uno. Su intención era hacerlo comparecer ante el pueblo después de la Pascua. 5Mientras Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de orar a Dios por él. 6La noche anterior al día en que Herodes pensaba hacerlo comparecer, Pedro dormía entre los soldados, atado con dos cadenas, y los otros centinelas vigilaban la puerta de la prisión. 7De pronto, apareció el Ángel del Señor y una luz resplandeció en el calabozo. El Ángel sacudió a Pedro y lo hizo levantar, diciéndole: "¡Levántate rápido!". Entonces las cadenas se le cayeron de las manos. 8El Ángel le dijo: "Tienes que ponerte el cinturón y las sandalias" y Pedro lo hizo. Después de dijo: "Cúbrete con el manto y sígueme". 9Pedro salió y lo seguía; no se daba cuenta de que era cierto lo que estaba sucediendo por intervención del Ángel, sino que creía tener una visión. 10Pasaron así el primero y el segundo puesto de guardia, y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad. La puerta se abrió sola delante de ellos. Salieron y anduvieron hasta el extremo de una calle, y en seguida el Ángel se alejó de él. 11Pedro, volviendo en sí, dijo: "Ahora sé que realmente el Señor envió a su Ángel y me libró de las manos de Herodes y de todo cuanto esperaba el pueblo judío".

Palabra de Dios.

 

Salmo Responsorial

Salmo 34 (33), 2-3. 4-5. 6-7. 8-9

R. ¡El Señor me libró de todos mis temores! 

2Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. 3Mi alma se gloría en el Señor; que lo oigan los humildes y se alegren. R.

4Glorifiquen conmigo al Señor, alabemos su Nombre todos juntos. 5Busqué al Señor: él me respondió y me libró de todos mis temores. R.

6Miren hacia él y quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán. 7Este pobre hombre invocó al Señor: él lo escuchó y los salvó de sus angustias. R.

8El Ángel del Señor acampa en torno de sus fieles, y los libra. 9¡Gusten y vean qué bueno es el Señor! ¡Felices los que en él se refugian! R.

 

Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 4, 6-8. 17-18

Ahora me aguarda la corona merecida

6Yo ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se aproxima: 7he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe. 8Y ya está preparada para mí la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese Día, y no solamente a mí, sino a todos los que hay aguardado con amor su Manifestación. 16Cuando hice mi primera defensa, nadie me acompañó, sino que todos me abandonaron. ¡Ojalá que no les sea tenido en cuenta! 17Pero el Señor estuvo a mi lado, dándome fuerzas, para que el mensaje fuera proclamado por mi intermedio y llegara a oídos de todos los paganos. Así fui librado de la boca del león. 18El Señor me librará de todo mal y me preservará hasta que entre en su Reino celestial. ¡A él sea la gloria por los siglos de los siglos! Amén.

Palabra del Señor.

Aleluya: Mt 16, 18

“Aleluya, aleluya. Tú eres Pedro. Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Aleluya”


Evangelio

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 16, 13-19

Tú eres Pedro y te dará las llaves del Reino de los Cielos

13Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?". 14Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas". 15"Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?". 16Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". 17Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. 18Y yo te digo: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. 19Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".

Palabra del Señor.

 

Comentario:

 

1. "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16, 16).

¡Cuántas veces hemos repetido esta profesión de fe, que un día pronunció Simón, hijo de Jonás, en Cesarea de Filipo! ¡Cuántas veces yo mismo he encontrado en estas palabras una fuerza interior para proseguir la misión que la Providencia me ha confiado!

Tú eres el Cristo. Todo el Año santo nos impulsó a fijar la mirada en "Jesucristo, único Salvador, ayer, hoy y siempre". Cada una de las celebraciones jubilares fue una incesante profesión de fe en Cristo, renovada en común dos mil años después de la Encarnación. A la pregunta, siempre actual, de Jesús a sus discípulos: "Y vosotros ¿quién decís que soy yo?" (Mt 16, 15), los cristianos del año 2000 han respondido una vez más uniendo su voz a la de Pedro: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo".

2. "¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo" (Mt 16, 17).

Después de dos milenios, la "roca" sobre la que está fundada la Iglesia sigue siendo la misma: es la fe de Pedro. "Sobre esta piedra" (Mt 16, 18) Cristo construyó su Iglesia, edificio espiritual que ha resistido al embate de los siglos. Desde luego, sólo sobre bases humanas e históricas no hubiera podido resistir el asalto de tantos enemigos.

A lo largo de los siglos, el Espíritu Santo ha iluminado a hombres y mujeres, de todas las edades, vocaciones y condiciones sociales, para que se convirtieran en "piedras vivas" (1 P 2, 5) de esta construcción. Son los santos, que Dios suscita con inagotable creatividad, mucho más numerosos que los que señala solemnemente la Iglesia como ejemplo para todos. Una sola fe; una sola "roca"; una sola piedra angular: Cristo, Redentor del hombre.

"¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!". La bienaventuranza de Simón es la misma que escuchó María santísima de labios de Isabel: "Bienaventurada tú, que has creído, porque lo que ha dicho el Señor se cumplirá" (Lc 1, 45).

Es la bienaventuranza reservada también a la comunidad de los creyentes de hoy, a la que Jesús repite: ¡Bienaventurada tú, Iglesia del año 2000, que conservas intacto el Evangelio y sigues proponiéndolo con renovado entusiasmo a los hombres del comienzo de un nuevo milenio!

En la fe, fruto del misterioso encuentro entre la gracia divina y la humildad humana que confía en ella, se halla el secreto de la paz interior y de la alegría del corazón que anticipan en cierta medida la felicidad del cielo.

3. "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he conservado la fe" (2 Tm 4, 7).

La fe se "conserva" dándola (cf. Redemptoris missio, 2). Esta es la enseñanza del apóstol san Pablo. Es lo que ha acontecido desde que los discípulos, el día de Pentecostés, al salir del Cenáculo y bajo el impulso del Espíritu Santo, se dispersaron en todas las direcciones. Esta misión evangelizadora prosigue en el tiempo y es la manera normal como la Iglesia administra el tesoro de la fe. Todos debemos participar activamente en su dinamismo.

Con estos sentimientos os dirijo mi más cordial saludo a vosotros, queridos y venerados hermanos, que estáis en torno a mí. De modo especial os saludo a vosotros, queridos arzobispos metropolitanos, que habéis sido nombrados a lo largo del último año y habéis venido a Roma para el tradicional rito de la imposición del palio. Procedéis de veintiún países de los cinco continentes. En vuestros rostros contemplo el rostro de vuestras comunidades: una inmensa riqueza de fe y de historia, que en el pueblo de Dios se compone y se armoniza como en una sinfonía.

Saludo también a los nuevos obispos, ordenados durante este año. También vosotros provenís de diversas partes del mundo. En los diferentes miembros del cuerpo eclesial, que representáis aquí, hay esperanzas y alegrías, pero no faltan ciertamente las heridas. Pienso en la pobreza, en los conflictos, a veces incluso en las persecuciones. Pienso en la tentación del secularismo, de la indiferencia y del materialismo práctico, que mina el vigor del testimonio evangélico. Todo esto no debe debilitar, sino intensificar en nosotros, venerados hermanos en el episcopado, el anhelo de llevar la buena nueva del amor de Dios a todos los hombres.

Oremos para que la fe de san Pedro y san Pablo sostenga nuestro testimonio común y nos disponga, si fuera necesario, a llegar hasta el martirio.

4. Precisamente el martirio fue el coronamiento del testimonio de Cristo que dieron los dos apóstoles que hoy celebramos. Con algunos años de diferencia, uno y otro derramaron su sangre aquí en Roma, consagrándola de una vez para siempre a Cristo. El martirio de san Pedro marcó la vocación de Roma como sede de sus sucesores en el primado que Cristo le confirió al servicio de la Iglesia: servicio a la fe, servicio a la unidad y servicio a la misión (cf. Ut unum sint, 88).

Es urgente este anhelo de fidelidad total al Señor; es cada vez más intenso el deseo de la unidad plena de todos los creyentes. Soy consciente de que, "después de siglos de duras polémicas, las otras Iglesias y comunidades eclesiales escrutan cada vez más con una mirada nueva este ministerio de unidad" (ib., 89). Esto vale de modo particular para las Iglesias ortodoxas, como pude notar también en los días pasados durante mi visita a Ucrania. ¡Cómo quisiera que llegara cuanto antes el día de la reconciliación y de la comunión recíproca!

Con este espíritu, me alegra dirigir mi cordial saludo a la delegación del patriarcado de Constantinopla, guiada por su eminencia Jeremías, metropolita de Francia y exarca de España, a quien el patriarca ecuménico Bartolomé I ha enviado para la celebración de San Pedro y San Pablo. Su presencia añade una nota particular de alegría a nuestra fiesta. Que esos dos santos apóstoles intercedan por nosotros, para que nuestro compromiso común nos estimule a preparar el restablecimiento de la unidad, plena y armoniosa, que deberá caracterizar a la comunidad cristiana en el mundo. Cuando esto acontezca, el mundo podrá reconocer más fácilmente el auténtico rostro de Cristo.

5. "He conservado la fe" (2 Tm 4, 7). Así afirma el apóstol san Pablo haciendo el balance de su vida. Y sabemos de qué modo la conservó: dándola, difundiéndola, haciéndola fructificar lo más posible. Hasta la muerte.

Del mismo modo, la Iglesia está llamada a conservar el "depósito" de la fe, comunicándolo a todos los hombres y a todo el hombre. Para esto el Señor la envió al mundo, diciendo a los Apóstoles: "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes" (Mt 28, 19). Ahora, al comienzo del tercer milenio, este mandato misionero es más válido que nunca. Más aún, frente a la amplitud del nuevo horizonte, debe recuperar la lozanía de los comienzos (cf. Redemptoris missio, 1).

Si san Pablo viviera hoy, ¿cómo expresaría el anhelo misionero que distinguió su acción al servicio del Evangelio? Y san Pedro ciertamente no dejaría de animarlo en este generoso impulso apostólico, tendiéndole la mano en señal de comunión (cf. Ga 2, 9).

Así pues, encomendemos a la intercesión de estos dos santos apóstoles el camino de la Iglesia al comienzo del nuevo milenio. Invoquemos a María, la Reina de los Apóstoles, para que en todas partes el pueblo cristiano crezca en la comunión fraterna y en el impulso misionero.

Quiera Dios que cuanto antes toda la comunidad de los creyentes proclame con un solo corazón y una sola alma: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". Tú eres nuestro Redentor, nuestro único Redentor, ayer, hoy y siempre. Amén. Tomado de http://www.aciprensa.com/fiestas/pedropablo/homilia2001.htm, homilía de Juan Pablo II, vista el 24/06/09.

 

Meditemos:

  1. ¿Qué cosas me provoca la figura de Pedro?
  2. ¿Qué cosas suscita la de Pablo?

 

 


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domingo, 27 de junio de 2010

Domingo 27 – DOMINGO 13° DURANTE EL AÑO – Verde / Misa: del Propio. Gloria. Credo – Liturgia de las horas: del Propio. 13va semana durante el año. 1ra semana durante el año.


Primera Lectura 

Lectura del primer libro de los Reyes (19, 16. 19–21) 

Déjame besar a mi padre y a mi madre; luego te seguiré

16El Señor dijo a Elías: “A Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá, lo ungirás profeta en lugar de ti”. 19Elías partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando. Delante de él había doce yuntas de bueyes, y él iba con la última. Elías pasó cerca de él y le echó encima su manto. 20Eliseo dejó sus bueyes, corrió detrás de Elías y dijo: "Déjame besar a mi padre y a mi madre; luego te seguiré". Elías le respondió: "Sí, puedes ir. ¿Qué hice yo para impedírtelo?" 21Eliseo dio media vuelta, tomó la yunta de bueyes y los inmoló. Luego, con los arneses de los bueyes, asó la carne y se la dio a su gente para que comieran. Después partió, fue detrás de Elías y se puso a su servicio.

Palabra de Dios


Salmo Responsorial 

Salmo 16 (15), 1–2. 5. 7. 11 

RSeñor, tú eres la parte de mi herencia.

1Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti. 2Yo digo al Señor: "Señor, tú eres mi bien, no hay nada superior a ti". 5El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡tú decides mi suerte! R.

7Bendeciré al Señor que me aconseja, ¡hasta de noche me instruye mi conciencia! 8Tengo siempre presente al Señor: él está a mi lado, nunca vacilaré. R.

9Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro: 10porque no me entregarás la Muerte ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R.

11Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha. R.


Segunda Lectura 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Galacia (5, 1. 13–18) 

Los exhorto a que se dejen conducir por el Espíritu de Dios

Hermanos: 1Esta es la libertad que nos ha dado Cristo. Manténganse firmes para no caer de nuevo bajo el yugo de la esclavitud. 13Ustedes, hermanos, han sido llamados para vivir en libertad, pero procuren que esta libertad no sea un pretexto para satisfacer los deseos carnales" háganse más bien servidores los unos de los otros, por medio del amor. 14Porque toda la Ley está resumida plenamente en este precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 15Pero si ustedes se están mordiendo y devorando mutuamente, tengan cuidado porque terminarán destruyéndose los unos a los otros. 16Yo los exhorto a que se dejen conducir por el Espíritu de Dios, y así no serán arrastrados por los deseos de la carne. 17Porque la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Ambos luchan entre sí, y por eso, ustedes no pueden hacer todo el bien que quieren. 18Pero si están animados por el Espíritu, ya no están sometidos a la Ley.

Palabra de Dios.

 

Aleluya: 1° Samuel 3; Juan 6, 68

Aleluya. Habla, Señor, porque tu servidor escucha; tú tienes palabras de Vida eterna. Aleluya.


Evangelio

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (9, 51–56)

El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios

51Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén 52y envió mensajeros delante de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento. 53Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén. 54Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: "Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?". 55Pero él se dio vuelta y los reprendió. 56Y se fueron a otro pueblo. 57Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: "¡Te seguiré adonde vayas!". 58Jesús le respondió: "Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza". 59Y dijo a otro: "Sígueme". El respondió: "Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre". 60Pero Jesús le respondió: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios". 61Otro le dijo: "Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos". 62Jesús le respondió: "El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios".

 

Palabra del Señor.

Comentario:

 

Señor, ¿quieres que mandemos que caiga un rayo del cielo y acabe con ellos?

Jesús se encuentra en camino a Jerusalén, los Samaritanos no reciben a sus mensajeros y Juan y Santiago se enojan con ellos. Quieren hacer caer un rayo, quieren matar. ¿Justifica un rechazo la muerte de alguien? ¿Es tan grave la ofensa para que todo un pueblo tenga que morir? ¡No! diríamos nosotros. Pero sin embargo, en algunos momentos pensamos así. Desde el clásico: ¡Para mí fulano esta muerto! al ¡Hay que Matarlo con la indiferencia! Somos, también nosotros, profetas del odio y el resentimiento. La psicología nos dice que: “alguien herido hiere a los demás”. La mayoría de las heridas que causamos provienen de heridas que nos han causado, y con los demás –padres, abuelos, amigos, esposas/os, etc.- pasa lo mismo. Quien te hiera, generalmente, es por que también tiene una herida. También sucede que odiamos a alguien en nuestro corazón, con mucha violencia y terror, con mucha frustración por el rechazo que nos hacen  por el daño que nos ocasionan, odiamos y odiamos cada vez más… hasta que ya no podemos con todo el odio que tenemos adentro, la violencia contenida nos hace daño a nosotros y entonces matamos. Tal vez no matamos físicamente, pero sí en el corazón. Nadie puede cargar odio para siempre, en algún momento necesitamos descargarnos y anular el afecto, la ternura, o simplemente la conciencia de que el otro vive; entonces decimos: ¡Fulano está muerto para mí! Juan y Santiago son como nosotros. El deseo de muerte para los demás implica mucho odio y mucho dolor en ambos.

El Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza

Jesús no tiene una morada estable, su condición es caminar, su vida es una existencia itinerante, sin casa, sin abrigo, sin una familia, sin las condiciones mínimas de una vida ordinaria: “no tiene donde reclinar la cabeza”. Esto no quiere decir que nosotros vivamos así, “bajo un puente”, pero si quiere decir que no tenemos que aferrarnos a los bienes materiales. Suele suceder que cuando le preguntamos a alguien que es lo más importante en su vida nos contesta: ¡mi familia!, pero cuando uno los conoce parece que lo que más les importa es el dinero, las posesiones materiales, el bienestar económico. Tal es así que muchas veces sus propios hijos o cónyuges se quejan de la falta de amor por el padre o la madre ausente, por el esposo o esposa más ocupado en su empleo que en la familia. ¿Qué pasó?: Miedo. La mayoría de las veces la situación es así por que la persona tiene miedo, está insegura ante una vida muchas veces cruel, injusta. Quieren asegurarse de que todo les vaya bien. Y así les va, bien… pero en lo económico. De lo demás ni hablemos, ustedes saben mejor que yo. Jesús no pide renuncia de uso de los bienes, pide entrega de la vida a él. Pide ocuparse de las cosas de todos los días, pero sin des-ocuparse de lo que es esencial. Un cristiano normal valora más su fe, su vida espiritual que cuanto va a ganar si hace tal o cual cosa.

Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios

Nuestra vida está llena de cosas que no nos gusta hacer: el trabajo que me da de comer no me satisface profesionalmente, la familia de mi cónyuge no me viene bien y tengo que almorzar los domingos con ellos, mis hijos demandan atención y yo quiero tiempo para mí, etc. Casi podríamos decir que la mayoría de nuestro tiempo está dedicado a tareas que nos son impuestas. Pero ¿qué hacemos con el otro tiempo, el que nos queda libre?  No lo usamos bien, preferimos mirar el pasado, aislarnos del presente, cerrar los ojos al futuro. Decimos ¡No tengo tiempo! Y no nos damos cuenta que sí lo tenemos, ¡no lo aprovechamos! Quien dice amar a Dios ¿Por qué demora tiempo en hacerlo? Quien dice que la fe es central en su vida: ¿Por qué no se ocupa en vivirla bien? Si nos gustan las cosas de Dios, ¿por qué no les damos importancia? Son cosas para pensar, Jesús nos mueve, nos estimula, nos motiva e impulsa a dejar el pasado atrás (también el pasado presente de lo que no me gusta) y ver el presente de hacer lo que le da sentido a nuestra vida.

El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios

La mirada adelante. El pasado sirve para saber de dónde salimos. Olvidar la historia es cometer los mismos errores. Pero ¿y si el error está en escarbar el pasado, aunque nos desangremos en ello? Mucha gente lo hace, se fijan en sus sufrimientos, se regodean en mirar las heridas que les causaron, algunos eligen los primeros años de su vida para fijarse en ellos y suplicar sanación interior. Qué papá no me quería, que mamá se olvidaba de mí, que esto o que lo otro… y de vivir nada. ¡olvidate del pasado! ¡Mirá el presente que va hacia el futuro!

Mire: tenemos dos ojos ¿Adónde miran? Al frente. Tenemos dos pies ¿Para dónde caminan? Hacia delante. Es más fácil caminar para adelante que para atrás. Es más fácil tomar con las manos algo que está adelante y no detrás. Imagine todo lo que puede hacer si va para adelante y no para atrás.  ¿Entiende? Dios nos ha creado disparados al futuro, a lo que viene, no al pasado, a lo que se fue. ¡Dejemos de buscar respuestas en el pasado! ¡Busquemos descubrimientos en el futuro! La vida no está hecha para res-ponder, ¡esta hecha para des-cubrir!

Jesús iba de frente, su vida nunca desanduvo el camino. Nunca amarrado a las heridas, cuando las mostró fue para indicar que se puede resurgir de la muerte. Nunca anclado en los miedos, cuando los tuvo prefirió la voluntad del Padre a la suya. Nunca apocado por el pasado, la vida de Jesús es un arco tensionado para apuntar la flecha hacia el centro del objetivo. Si queremos ser como él, vivamos como él.  


Meditemos:

 

  1. Jesús no tiene una morada estable, su condición es caminar, su vida es una existencia itinerante, sin casa, sin abrigo, sin una familia, sin las condiciones mínimas de una vida ordinaria: “no tiene donde reclinar la cabeza” (v. 58): ¿Soy capaz de renunciar a las cosas que tengo por seguir a Jesús? Cada uno de los participantes comenta lo que más le cuesta dejar por seguir al Señor.
  2. Leemos los versículos 59-60 (El deber primario de la piedad filial para un judío era el entierro decoroso de sus padres –Tobías 4, 3; 6, 14; Eclesiástico 38, 16–): Seguir a Jesús es estar preparados para ir detrás de él “contra viento y marea”: ¿Somos así? ¿Cuesta mucho ser discípulos de Jesús? ¿Por qué cuesta tanto tener tiempo para hacer las cosas de Dios?
  3. Leemos el versículo 62: ¿Miramos siempre nuestro pasado o vemos para adelante? ¿Nos cuesta mucho vivir este presente de cristianos? ¿Me despedí de mi vida pasada o sigo con las mismas actitudes que tenía antes de convertirme??

 

 


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viernes, 25 de junio de 2010

Sábado 26 – Feria (o Santa María en Sábado – Blanco) / Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección. 1as vísperas del 13° domingo durante el año.


Primera lectura 

Lectura del libro de las Lamentaciones 2, 2. 10–14. 18–19 

¡Invoca al Señor de corazón, gime, hija de Sión!

2El Señor devoró sin piedad todas las moradas de Jacob; derribó en su indignación las fortalezas de la hija de Judá; echó por tierra y profanó el reino y sus príncipes. 10Están sentados en el suelo, silenciosos, los ancianos de la hija de Sión; se han cubierto la cabeza de polvo, se han vestido con un sayal. Dejan caer su cabeza hasta el suelo las vírgenes de Jerusalén. 11Mis ojos se deshacen en llanto, me hierven las entrañas; mi bilis se derrama en la tierra por el desastre de la hija de mi pueblo, mientras desfallecen sus niños y pequeños en las plazas de la ciudad. 12Ellos preguntan a sus madres: "¿Dónde hay pan y vino?", mientras caen desfallecidos como heridos de muerte en las plazas de la ciudad, exhalando su espíritu en el regazo de sus madres. 13¿A quién podré compararte? ¿A quién te asemejaré, hija de Jerusalén? ¿A quién te igualaré, para poder consolarte, virgen hija de Jerusalén? Porque tu desastre es inmenso como el mar: ¿quién te sanará? 14Tus profetas te transmitieron visiones falsas e ilusorias. No revelaron tu culpa a fin de cambiar tu suerte, sino que te hicieron vaticinios falsos y engañosos. 18¡Invoca al Señor de corazón, gime, hija de Sión! ¡Deja correr tus lágrimas a raudales, de día y de noche: no te concedas descanso, que no repose la pupila de tus ojos! 19¡Levántate, y grita durante la noche, cuando comienza la ronda! ¡Derrama tu corazón como agua ante el rostro del Señor! ¡Eleva tus manos hacia él, por la vida de tus niños pequeños, que desfallecen de hambre en todas las esquinas!

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial 

Salmo responsorial: 74 (73), 1–7. 20–21 

R¡No te olvides de tus pobres, Señor!

1¿Por qué, Señor, nos rechazaste para siempre y arde tu indignación contra las ovejas de tu rebaño? 2Acuérdate de pueblo que adquiriste en otro tiempo, de la tribu que rescataste para convertirla en tu herencia. R.

3Vuelve tus pasos hacia esta ruina completa: todo lo destruyó el enemigo en el Santuario. 4Rugieron tus adversarios en el lugar de tu asamblea, pusieron como señales sus propios estandartes. R.

5Alzaron sus hachas como en la espesura de la selva; 6destrozaron de un golpe todos los adornos, los deshicieron con martillos y machetes; 7prendieron fuego a tu Santuario, profanaron, hasta arrasarla, la Morada de tu Nombre. R.

20Ten presente tu alianza, porque todos los rincones del país están repletos de violencia. 21Que el débil no retroceda lleno de confusión, que el pobre y el oprimido alaben tu Nombre. R.


Evangelio 

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 8, 5–17

Vendrán muchos de Oriente y Occidente y se sentarán con Abrahán, lsaac y Jacob

5Al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión, rogándole 6"Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente". 7Jesús le dijo: "Yo mismo iré a curarlo". 8Pero el centurión respondió: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. 9Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: "Ve", él va, y a otro: "Ven", él viene; y cuando digo a mi sirviente: "Tienes que hacer esto", él lo hace". 10Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: "Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. 11Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos; 12en cambio, los herederos del reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y rechinar los dientes". 13Y Jesús dijo al centurión: "Ve, y que suceda como has creído". Y el sirviente se curó en ese mismo momento. 14Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, encontró a la suegra de este en cama con fiebre. 15Le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirlo. 16Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y él, con su palabra, expulsó a los espíritus y curó a todos los que estaban enfermos, 17para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: "El tomó nuestras debilidades y cargó sobre sí nuestras enfermedades".

Palabra del Señor.


Comentario:

 

La curación del siervo del centurión (8,5-13): El “centurión” era, probablemente, un oficial al mando de cien soldados de infantería que mantenían una presencia romana en Cafarnaún. Mateo da pocos detalles; lo que le interesa realmente es que un gentil puede ser introducido en el reino. “Señor” (v. 6) no es más que un tratamiento respetuoso de cortesía, pero, referido a Jesús, acabó por expresar esa “autoridad” de 7, 29. La parálisis del siervo le ha hecho sufrir grandes dolores, y el centurión actúa movido por una honda preocupación. Según la tradición rabínica, entrar en la casa de un gentil equivalía a hacerse impuro. La respuesta del centurión, “di una sola palabra, y mi criado quedará sano” (v. 8), puede que tuviera eso en cuenta. Es mediante una palabra como Dios cura (p.ej., Sal 107,20; Sabiduría 16, 12) y como realizará la redención de todas las naciones (Isaías 45, 23; 55, 11).

Jesús “se asombró”, y dijo a la gente: “jamás he encontrado en Israel una fe tan grande”, porque la fe del centurión era de sincera resolución y total confianza en la autoridad de Jesús y en su poder de curar. “Vendrán muchos de oriente y de occidente” (v. 11) repite la promesa de que parte de la restauración consistiría en que las naciones vendrían al esplendor de la salida de Israel y celebrarían con reconocimiento que Dios es el único Señor (Is 49, 12; 60, 3-7; 66, 18-23; Zac 8, 20-23). Esta venida de los gentiles fue anticipada ya en Mateo con el viaje de los magos. “Comer” o “sentarse a la mesa” significa celebrar la restauración del reino de Dios con Israel en un banquete mesiánico (cf. Is 25, 6; 55, 2).

Los herederos, “hijos”, del reino (v. 12) son aquí los que esperaban heredado como descendientes de Abraham, Isaac y Jacob. Se rechaza así a quienes pretenden ser miembros del reino por la raza, y no por la fe. El evangelista podría estar anticipando aquí el banquete de los publicanos en el capítulo siguiente. “Las tinieblas de fuera, donde será el llanto y el rechinar de dientes” es el rechazo en el juicio final: quedar totalmente apartado de la presencia resplandeciente de Dios. Ésta es una frase por la que Mateo siente predilección (3, 42. 50; 22, 13; 24, 51; 25, 30), Y que alude al acto de los malvados que rechinan sus dientes con malicia contra el justo (Sal 35, 16; 112, 10; Job 16,9).

Jesús cura a la suegra de Pedro y a otros: Como hombre casado, Pedro tiene su propia casa en Cafarnaún. Su suegra está en cama ardiendo de fiebre. Jesús le toca la mano lo mismo que había tocado al leproso (v. 3) y a otros al curarlos (9, 29; 20, 34), y con ese toque la suegra de Pedro recupera completamente su salud. Resulta significativo que la palabra griega que se traduce por “se levantó” sea el término utilizado principalmente en el NT para indicar la resurrección de entre los muertos. Restablecida en la plenitud de vida, responde inmediatamente con actos de servicio. La posesión demoníaca (v. 16) abarcaba toda reacción involuntaria reiterada, psíquica o física, que se creía provocada por fuerzas espirituales distintas de Dios. Estos espíritus son expulsados con una palabra, lo que recuerda la profesión de fe del centurión y las referencias isaianas a la “palabra” salvadora de Dios que realiza el designio divino (cf. v. 8). La cita tomada de Isaías 53, 4 hace referencia a todos los milagros mencionados hasta ahora. Jesús, como verdadero representante del Israel Siervo, trae la curación y la restauración a Israel. La consecuencia es que Jesús, en cuanto es el verdadero Siervo, está cumpliendo la vocación de Israel como Siervo de Dios en el reino. Tomado de Comentario Bíblico Internacional, Adrian Leske.


Meditemos:

 

  1. ¿Tengo la fe del centurión?
  2. ¿Le permito, como la suegra de Pedro, a Jesús sacarme de las postraciones de mi vida?

 

 


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jueves, 24 de junio de 2010

Viernes 25 – Feria – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: de la Feria. Día penitencial.

 

Primera lectura 

Lectura del segundo libro de los Reyes 25, 1–12 

Nebuzaradán deportó a toda la población que había quedado en la ciudad, pero dejó una parte de la gente pobre del país como viñadores y cultivadores

1El noveno año del reinado de Sedecías, el día diez del décimo mes, Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó con todo su ejército contra Jerusalén; acampó frente a la ciudad y la cercaron con una empalizada. 2La ciudad estuvo bajo el asedio hasta el año undécimo del rey Sedecías. 3En el cuarto mes, el día nueve del mes, mientras apretaba el hambre en la ciudad y no había más pan para la gente del país, 4se abrió una brecha en la ciudad. Entonces huyeron todos los hombres de guerra, saliendo de la ciudad durante la noche, por el camino de la Puerta entre las dos murallas, que está cerca del jardín del rey; y mientras los caldeos rodeaban la ciudad, ellos tomaron por el camino de la Arabá. 5Las tropas de los caldeos persiguieron al rey, y lo alcanzaron en las estepas de Jericó, donde se desbandó todo su ejército. 6Los caldeos capturaron al rey y lo hicieron subir hasta Riblá, ante el rey de Babilonia, y este dictó sentencia contra él. 7Los hijos de Sedecías fueron degollados ante sus propios ojos. A Sedecías le sacó los ojos, lo ató con una doble cadena de bronce y lo llevó a Babilonia. 8El día siete del quinto mes -era el decimonoveno año de Nabucodonosor, rey de Babilonia- Nebuzaradán, comandante de la guardia, que prestaba servicio ante el rey de Babilonia, entró en Jerusalén. 9Incendió la Casa del Señor, la casa del rey y todas las casas de Jerusalén, y prendió fuego a todas las casa de los nobles. 10Después, el ejército de los caldeos que estaba con el comandante de la guardia derribo las murallas que rodeaban a Jerusalén. 11Nebuzaradán, el comandante de la guardia, deportó a toda la población que había quedado en la ciudad, a los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia y al resto de los artesanos. 12Pero dejó una parte de la gente pobre del país como viñadores y cultivadores.

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial 

Salmo 137 (136), 1–6 

R¡Que nunca me olvide de ti, Ciudad de Dios!

1Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos a llorar, acordándonos de Sión, 2En los sauces de las orillas teníamos colgadas nuestras cítaras. R.

3Allí nuestros carceleros nos pedían cantos, y nuestros opresores, alegría: “¡Canten para nosotros un canto de Sión!”. R.

4¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor en tierra extranjera? 5Si me olvidara de ti, Jerusalén, que se paralice mi mano derecha. R.

6Que la lengua se me pegue al paladar si no me acordara de ti, si no pusiera a Jerusalén por encima de todas mis alegrías. R.


Evangelio

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 8, 1–4

Si quieres, puedes limpiarme

1Cuando Jesús bajó de la montaña, lo siguió una gran multitud. 2Entonces un leproso fue a postrarse ante él y le dijo: "Señor, si quieres, puedes purificarme". 3Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Lo quiero, queda purificado". Y al instante quedó purificado de su lepra. 4Jesús le dijo: "No se lo digas a nadie, pero ve a presentarse al sacerdote y entrega la ofrenda que ordenó Moisés para que les sirva de testimonio".

Palabra del Señor.


Comentario:

 

La lepra era considerada contagiosa, y todo el que la padecía quedaba sometido a una estricta cuarentena (cf. 2 Cr 26, 19-21), y se le exigía que advirtiera a cualquiera que se le acercara (Lv 13, 45). Debido a la seriedad con que era considerada esta enfermedad, existían regulaciones detalladas respecto a ella (Lv 13-14). El hecho de que el leproso se aproximara a Jesús y se arrodillara ante él, en lugar de gritar “impuro”, era prueba de su convicción de que Jesús podía curarlo. El leproso da a Jesús el tratamiento de “Señor”, “maestro”, como quien enseña “con autoridad” (7, 29). Jesús responde a esta fe tocándolo, aun cuando se consideraba que tal contacto dejaba impuro (Lv 5, 3), y el hombre queda inmediatamente limpio de la lepra.

Según la Ley, el leproso primero tenía que conseguir de un sacerdote el reconocimiento oficial de que estaba limpio, y hasta que se hacía esa declaración seguía siendo oficialmente impuro. Jesús le aconseja que haga lo que las regulaciones estipulan (Lv 14, 4. 10) como testimonio ante el pueblo antes que él les hable. Para Mateo, esta afirmación no significa simplemente que presente una prueba de que está sano, como indica su cita de Is 53, 4 al final de este primer bloque de milagros (v. 17). La purificación del leproso es una ilustración excelente del restablecimiento del pueblo de Dios en la integridad; quien fue “despreciado, rechazado por los hombres” se ve rehecho (Is 53, 3). En el Talmud de Babilonia se indica que Isaías 53 se entendía a veces como la descripción de un leproso. Tomado de Comentario Bíblico Internacional, Adrian Leske.

 

Meditemos:

 

  1. ¿De qué “lepra” necesito pedirle a Jesús que me purifique?
  2. ¿Cuál es el tipo de oración que hago con más frecuencia: de alabanza, de súplica, de intercesión?

 


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miércoles, 23 de junio de 2010

Jueves 24 – Solemnidad: EL NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA – Blanco / Misa: del propio. Gloria. Lecturas Propias. Credo. Prefacio Propio – Liturgia de las horas: del propio.


Primera lectura 

Lectura del Profeta Isaías 49, 1–6

Te hago luz de las naciones

1¡Escúchenme, costas lejanas, presten atención, pueblos remotos! El Señor me llamó desde el seno materno, desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre. 2El hizo de mi boca una espada afilada, me ocultó a la sombra de su mano; hizo de mí una flecha punzante, me escondió en su aljaba. 3El me dijo: "Tú eres mi Servidor, Israel, por ti yo me glorificaré". 4Pero yo dije: "En vano me fatigué, para nada, inútilmente, he gastado mi fuerza". Sin embargo, mi derecho está junto al Señor y mi retribución, junto a mi Dios. 5Y ahora, ha hablado el Señor, el que me formó desde el seno materno para que yo sea su Servidor, para hacer que Jacob vuelva a él y se le reúna Israel. Yo soy valioso a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi fortaleza. 6El dice: "Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra".

Palabra de Dios


Salmo Responsorial 

Salmo 139 (138), 1–3. 13–14ab. 14c–15 

R. ¡Te doy gracias porque fui formado de manera tan admirable!

1Señor, tú me sondeas y me conoces 2tú sabes si me siento o me levanto; de lejos percibes lo que pienso, 3te das cuenta si camino o si descanso, y todos mis pasos te son familiares. R.

13Tú creaste mis entrañas, me plasmaste en el seno de mi madre: 14te doy gracias porque fui formado de manera tan admirable. ¡Qué maravillosas son tus obras! R.

Tú conocías hasta el fondo de mi alma. 15y nada de mi ser se te ocultaba, cuando yo era formado en lo secreto, cuando era tejido en lo profundo de la tierra. R.


Segunda Lectura 

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 13, 22–26

Juan predicó antes de que llegara Cristo

22Y cuando Dios desechó a Saúl, les suscitó como rey a David, de quien dio este testimonio: He encontrado en David, el hijo de Jesé, a un hombre conforme a mi corazón que cumplirá siempre mi voluntad. 23De la descendencia de David, como lo había prometido, Dios hizo surgir para Israel un Salvador, que es Jesús. 24Como preparación a su venida, Juan había predicado un bautismo de penitencia a todo el pueblo de Israel. 25Y al final de su carrera, Juan decía: "Yo no soy el que ustedes creen, pero sepan que después de mí viene aquel a quien yo no soy digno de desatar las sandalias". 26Hermanos, este mensaje de salvación está dirigido a ustedes: los descendientes de Abraham y los que temen a Dios. 27En efecto, la gente de Jerusalén y sus jefes no reconocieron a Jesús, ni entendieron las palabras de los profetas que se leen cada sábado, pero las cumplieron sin saberlo, condenado a Jesús. 28Aunque no encontraron nada en él que mereciera la muerte, pidieron a Pilato que lo condenara. 29Después de cumplir todo lo que estaba escrito de él, lo bajaron del patíbulo y lo pusieron en el sepulcro.

Palabra de Dios.

 

Aleluya Lucas 1, 76

“Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos” 


Evangelio 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1, 57–66. 80 

Se va a llamar Juan

57Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. 58Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella. 59A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; 60pero la madre dijo: "No, debe llamarse Juan". 61Ellos le decían: "No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre". 62Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. 63Este pidió una pizarra y escribió: "Su nombre es Juan". Todos quedaron admirados. 64Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios. 65Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. 66Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: "¿Qué llegará a ser este niño?". Porque la mano del Señor estaba con él. 80El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.

Palabra del Señor.


Comentario:

 

Este es el único santo al cual se le celebra la fiesta el día de su nacimiento. San Juan Bautista nació seis meses antes de Jesucristo (de hoy en seis meses - el 24 de diciembre - estaremos celebrando el nacimiento de nuestro Redentor, Jesús). El capítulo primero del evangelio de San Lucas nos cuenta de la siguiente manera el nacimiento de Juan: Zacarías era un sacerdote judío que estaba casado con Santa Isabel, y no tenían hijos porque ella era estéril. Siendo ya viejos, un día cuando estaba él en el Templo, se le apareció un ángel de pie a la derecha del altar. Al verlo se asustó, mas el ángel le dijo: "No tengas miedo, Zacarías; pues vengo a decirte que tú verás al Mesías, y que tu mujer va a tener un hijo, que será su precursor, a quien pondrás por nombre Juan. No beberá vino ni cosa que pueda embriagar y ya desde el vientre de su madre será lleno del Espíritu Santo, y convertirá a muchos para Dios". Pero Zacarías respondió al ángel: "¿Cómo podré asegurarme que eso es verdad, pues mi mujer ya es vieja y yo también?". El ángel le dijo: "Yo soy Gabriel, que asisto al trono de Dios, de quien he sido enviado a traerte esta nueva. Mas por cuanto tú no has dado crédito a mis palabras, quedarás mudo y no volverás a hablar hasta que todo esto se cumpla". Seis meses después, el mismo ángel se apareció a la Santísima Virgen comunicándole que iba a ser Madre del Hijo de Dios, y también le dio la noticia del embarazo de su prima Isabel. Llena de gozo corrió a ponerse a disposición de su prima para ayudarle en aquellos momentos. Y habiendo entrado en su casa la saludó. En aquel momento, el niño Juan saltó de alegría en el vientre de su madre, porque acababa de recibir la gracia del Espíritu Santo al contacto del Hijo de Dios que estaba en el vientre de la Virgen. También Santa Isabel se sintió llena del Espíritu Santo y, con espíritu profético, exclamó: "Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde me viene a mí tanta dicha de que la Madre de mi Señor venga a verme? Pues en ese instante que la voz de tu salutación llegó a mis oídos, la criatura que hay en mi vientre se puso a dar saltos de júbilo. ¡Oh, bienaventurada eres Tú que has creído! Porque sin falta se cumplirán todas las cosas que se te han dicho de parte del Señor". Y permaneció la Virgen en casa de su prima aproximadamente tres meses; hasta que nació San Juan. De la infancia de San Juan nada sabemos. Tal vez, siendo aún un muchacho y huérfano de padres, huyó al desierto lleno del Espíritu de Dios porque el contacto con la naturaleza le acercaba más a Dios. Vivió toda su juventud dedicado nada más a la penitencia y a la oración. Como vestido sólo llevaba una piel de camello, y como alimento, aquello que la Providencia pusiera a su alcance: frutas silvestres, raíces, y principalmente langostas y miel silvestre. Solamente le preocupaba el Reino de Dios. Cuando Juan tenía más o menos treinta años, se fue a la ribera del Jordán, conducido por el Espíritu Santo, para predicar un bautismo de penitencia. Juan no conocía a Jesús; pero el Espíritu Santo le dijo que le vería en el Jordán, y le dio esta señal para que lo reconociera: "Aquel sobre quien vieres que me poso en forma de paloma, Ese es". Habiendo llegado al Jordán, se puso a predicar a las gentes diciéndoles: Haced frutos dignos de penitencia y no estéis confiados diciendo: Tenemos por padre a Abraham, porque yo os aseguro que Dios es capaz de hacer nacer de estas piedras hijos de Abraham. Mirad que ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto, será cortado y arrojado al fuego". Y las gentes le preguntaron: "¿Qué es lo que debemos hacer?". Y contestaba: "El que tenga dos túnicas que reparta con quien no tenga ninguna; y el que tenga alimentos que haga lo mismo"… "Yo a la verdad os bautizo con agua para moveros a la penitencia; pero el que ha de venir después de mí es más poderoso que yo, y yo no soy digno ni siquiera de soltar la correa de sus sandalias. El es el que ha de bautizaros en el Espíritu Santo…" Los judíos empezaron a sospechar si el era el Cristo que tenía que venir y enviaron a unos sacerdotes a preguntarle "¿Tu quién eres?" El confesó claramente: "Yo no soy el Cristo" Insistieron: "¿Pues cómo bautizas?" Respondió Juan, diciendo: "Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está Uno a quien vosotros no conocéis. El es el que ha de venir después de mí…" Por este tiempo vino Jesús de Galilea al Jordán en busca de Juan para ser bautizado. Juan se resistía a ello diciendo: "¡Yo debo ser bautizado por Ti y Tú vienes a mí! A lo cual respondió Jesús, diciendo: "Déjame hacer esto ahora, así es como conviene que nosotros cumplamos toda justicia". Entonces Juan condescendió con El. Habiendo sido bautizado Jesús, al momento de salir del agua, y mientras hacía oración, se abrieron los cielos y se vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y permaneció sobre El. Y en aquel momento se oyó una voz del cielo que decía: "Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo todas mis complacencias". Al día siguiente vio Juan a Jesús que venía a su encuentro, y al verlo dijo a los que estaban con él: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquél de quien yo os dije: Detrás de mí vendrá un varón, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo". Entonces Juan atestiguó, diciendo: "He visto al Espíritu en forma de paloma descender del cielo y posarse sobre El. Yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: Aquél sobre quien vieres que baja el Espíritu Santo y posa sobre El, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo. Yo lo he visto, y por eso doy testimonio de que El es el Hijo de Dios". Herodías era la mujer de Filipo, hermano de Herodes. Herodías se divorció de su esposo y se casó con Herodes, y entonces Juan fue con él y le recriminó diciendo: "No te es lícito tener por mujer a la que es de tu hermano"; y le echaba en cara las cosas malas que había hecho. Entonces Herodes, instigado por la adúltera, mandó gente hasta el Jordán para traerlo preso, queriendo matarle, mas no se atrevió sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía, pues estaba muy perplejo y preocupado por lo que le decía. Herodías le odiaba a muerte y sólo deseaba encontrar la ocasión de quitarlo de en medio, pues tal vez temía que a Herodes le remordiera la conciencia y la despidiera siguiendo el consejo de Juan. Sin comprenderlo, ella iba a ser la ocasión del primer mártir que murió en defensa de la indisolubilidad del matrimonio y en contra del divorcio. Estando Juan en la cárcel y viendo que algunos de sus discípulos tenían dudas respecto a Jesús, los mandó a El para que El mismo los fortaleciera en la fe. Llegando donde El estaba, le preguntaron diciendo: "Juan el Bautista nos ha enviado a Ti a preguntarte si eres Tú el que tenía que venir, o esperamos a otro". En aquel momento curó Jesús a muchos enfermos. Y, respondiendo, les dijo: "Id y contad a Juan las cosas que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio…" Así que fueron los discípulos de Juan, empezó Jesús a decir: "¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Alguna caña sacudida por el viento? o ¿Qué salisteis a ver? ¿Algún profeta? Si, ciertamente, Yo os lo aseguro; y más que un profeta. Pues de Él es de quien está escrito: Mira que yo te envío mi mensajero delante de Ti para que te prepare el camino. Por tanto os digo: Entre los nacidos de mujer, nadie ha sido mayor que Juan el Bautista…" Llegó el cumpleaños de Herodes y celebró un gran banquete, invitando a muchos personajes importantes. Y al final del banquete entró la hija de Herodías y bailó en presencia de todos, de forma que agradó mucho a los invitados y principalmente al propio Herodes. Entonces el rey juró a la muchacha: "Pídeme lo que quieras y te lo daré, aunque sea la mitad de mi reino". Ella salió fuera y preguntó a su madre: "¿Qué le pediré?" La adúltera, que vio la ocasión de conseguir al rey lo que tanto ansiaba, le contestó: "Pídele la cabeza de Juan el Bautista". La muchacha entró de nuevo y en seguida dijo al rey: "Quiero que me des ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista". Entonces se dio cuenta el rey de su error, y se pudo muy triste porque temía matar al Bautista; pero a causa del juramento, no quiso desairarla, y, llamando a su guardia personal, ordenó que fuesen a la cárcel, lo decapitasen y le entregaran a la muchacha la cabeza de Juan en la forma que ella lo había solicitado. Juan Bautista: pídele a Jesús que nos envíe muchos profetas y santos como tú. Tomado de http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Nacimiento_Juan_Bautista.htm, vista el 20/06/2009.


Meditemos:

 

  1. ¿Qué actitud o virtud nos llama más la atención de Juan el Bautista?
  2. Nosotros: ¿Cómo vivimos nuestro don profético?

 

 


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martes, 22 de junio de 2010

Miércoles 23 – Feria – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: de la feria.


Primera lectura 

Lectura del segundo libro de los Reyes 22, 8. 10–13; 23, 1–3  

Todo el pueblo se comprometió en la alianza

228El sumo sacerdote Jilquías dijo al secretario Safán: “He encontrado el libro de la Ley en la Casa del Señor”. Jilquías entregó el libro a Safán, y este lo leyó. 10Luego el secretario Safán anunció al rey: “Jilquías, el sacerdote, me ha dado un libro”. Y Safán lo leyó delante del rey. 11Cuando el rey oyó las palabras del libro de la Ley, rasgó sus vestiduras, 12y dio esta orden a Jilquías, el sacerdote, a Ajicam, hijo de Safán, a Acbor, hijo de Miqueas, a Safán, el secretario, y a Asaías, el servidor del rey: 13“Vayan a consultar al Señor por mí, por todo el pueblo y por todo Judá, acerca de las palabras de este libro que ha sido encontrado. Porque es grande el furor del Señor que se ha encendido contra nosotros, ya que nuestros padres no han obedecido a las palabras de este libro y no han obrado conforme a todo lo que está escrito en él”.

231El rey mandó que se reunieran junto a él todos los ancianos de Judá y de Jerusalén. 2Luego subió a la Casa del Señor, acompañado de todos los hombres de Judá y de todos los habitantes de Jerusalén -los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo, desde el más pequeño al más grande-, y les leyó todas las palabras del libro de la Alianza, que había sido hallado en la Casa del Señor. 3Después, de pie sobre el estrado, el rey selló delante del Señor la alianza que obliga a seguir al Señor y a observar sus mandamientos, sus testimonios y sus preceptos, de todo corazón y con toda el alma, cumpliendo las palabras de esta alianza escritas en aquel libro. Y todo el pueblo se comprometió en la alianza.

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial 

Salmo Responsorial: 119 (118), 33–36. 39–40 

R¡Muéstrame el camino de tus preceptos, Señor!

33Muéstrame, Señor, el camino de tus preceptos, y yo los cumpliré a la perfección. 34Instrúyeme, para que observe tu ley y la cumpla de todo corazón. R.

35Condúceme por la senda de tus mandamientos, porque en ella tengo puesta mi alegría. 36Inclina mi corazón hacia tus prescripciones y no hacia la codicia. R.

39Aparta de mí el oprobio que temo, porque tus juicios son genuinos. 40Yo deseo tus mandamientos: vivifícame por tu justicia. R.

 

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 7, 6. 12-14

Traten a los demás como quieren que ellos los traten

6No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos. 12Todos los que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas. 13Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. 14Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.

Palabra del Señor.

Comentario:


Ésta es una exhortación a entrar a formar parte de los fieles, y no simplemente a seguir a la multitud o a ceder ante la presión social y así perderse. Jesús pone ante sus oyentes los dos caminos expresados en la alianza del Sinaí y a lo largo del AT (Dt 30, 15-20; Jr 21, 8; Sal 1). Hace esencialmente la misma exhortación que Dt 30, 19-20. La senda difícil (v. 14) es un camino “lleno de aflicción” y hace referencia a la persecución que conlleva el ir por el camino del reino (5, 10-12; 10, 17-25; 13, 21; 24, 9-31). Esta es la razón por la que son pocos los que lo encuentran, pese a la invitación abierta (7, 7). Tomado de Comentario Bíblico Internacional, Adrian Leske.


Meditemos:

 

  1. ¿Qué significa para nosotros la puerta estrecha?
  2. ¿Seguimos, en nuestros actos, el camino a la Vida?

 


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Martes 22 – Feria (o Memoria Libre: San Paulino de Nola, obispo – Blanco / Santos Juan Fischer, obispo y Tomás Moro, mártires – Rojo) – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección.


Primera lectura 

Lectura del segundo libro de los Reyes (19, 9b–11. 14–21. 31–35ª. 36)

Porque de Jerusalén saldrá un resto, y del monte Sión, algunos sobrevivientes

9Senaquerib envió de nuevo mensajeros a Ezequías para decirle: 10 “Hablen así a Ezequías, rey de Judá: Que no te engañe tu Dios, en quien confías, haciéndote pensar que Jerusalén no será entregada en manos del rey de Asiria. 11Tú has oído, seguramente, lo que hicieron los reyes de Asiria a todos los países, al consagrarlos al exterminio total. ¿Y tú te vas a librar?” 14Ezequías tomó la carta de la mano de los mensajeros y la leyó. Después subió a la Casa del Señor, la desplegó delante del Señor 15y oró, diciendo: “Señor de los ejércitos, Dios de Israel, que tienes tu trono sobre los querubines: tú solo eres el Dios de todos los reinos de la tierra, tú has hecho el cielo y la tierra. 16Inclina tu oído, Señor, y escucha; abre tus ojos, Señor, y mira. Escucha las palabras que Senaquerib ha mandado decir, para insultar al Dios viviente. 17Es verdad, Señor, que los reyes de Asiria han arrasado todas las naciones y sus territorios. 18Ellos han arrojado sus dioses al fuego, porque no son dioses, sino obra de las manos del hombre, nada más que madera y piedra. Por eso los hicieron desaparecer. 19Pero ahora, Señor, Dios nuestro, ¡sálvanos de su mano, y que todos los reinos de la tierra reconozcan que tú solo, Señor, eres Dios!”. 20Isaías, hijo de Amós, mandó a decir a Ezequías: “Así habla el Señor, Dios de Israel: Tú me has dirigido una súplica acerca de Senaquerib, rey de Asiria, y yo la he escuchado. 21Esta es la palabra que el Señor ha pronunciado contra él: Te desprecia, se burla de ti, la virgen hija de Sión; a tus espaldas mueve la cabeza la hija de Jerusalén. 31Porque de Jerusalén saldrá un resto, y del monte Sión, algunos sobrevivientes. El celo del Señor de los ejércitos hará todo eso. 32Por eso, así habla el Señor acerca del rey de Asiria: El no entrará en esta ciudad, ni se lanzará una flecha; no la enfrentará con el escudo, ni se levantará contra ella un terraplén. 33Se volverá por el mismo camino, sin entrar en esta ciudad –oráculo del Señor– 34Yo protegeré a esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David, mi servidor”. 35Aquella misma noche, el Ángel del Señor salió e hirió en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil hombres. 36Entonces Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento, emprendió el regreso y se quedó en Nínive.

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial 

Salmo Responsorial: 48 (47), 2–4.10–11 

R. ¡El Señor afianzó para siempre su Ciudad! 

2El Señor es grande y digno de alabanza, en la Ciudad de nuestro Dios. 3Su Santa Montaña, la altura más hermosa, es la alegría de toda la tierra. R.

La Montaña de Sión, la Morada de Dios, es la Ciudad del gran Rey: 4Dios se manifestó como un baluarte en medio de sus palacios. R.

10Nosotros evocamos tu misericordia en medio de tu Templo, oh Dios. 11Tu alabanza, lo mismo que tu nombre, llega hasta los confines de la tierra. Tu derecha está llena de justicia. R.

 

Evangelio 

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 7, 6. 12–14

Traten a los demás como quieren que ellos los traten

6No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos. 12Todos los que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas. 13Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. 14Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.

Palabra del Señor.


Comentario:


Ésta es una exhortación a entrar a formar parte de los fieles, y no simplemente a seguir a la multitud o a ceder ante la presión social y así perderse. Jesús pone ante sus oyentes los dos caminos expresados en la alianza del Sinaí y a lo largo del AT (Dt 30, 15-20; Jr 21, 8; Sal 1). Hace esencialmente la misma exhortación que Dt 30, 19-20. La senda difícil (v. 14) es un camino “lleno de aflicción” y hace referencia a la persecución que conlleva el ir por el camino del reino (5, 10-12; 10, 17-25; 13, 21; 24, 9-31). Esta es la razón por la que son pocos los que lo encuentran, pese a la invitación abierta (7, 7). Tomado de Comentario Bíblico Internacional, Adrian Leske.


Meditemos:

 

  1. ¿Qué significa para nosotros la puerta estrecha?
  2. ¿Seguimos, en nuestros actos, el camino a la Vida?

 

 


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sábado, 19 de junio de 2010

Domingo 20 – DOMINGO 12° DURANTE EL AÑO – Verde / Misa: del Propio. Gloria. Credo – Liturgia de las horas: del Propio. 12va semana durante el año. 4ra semana durante el año.

 

Primera Lectura 

Lectura de la profecía de Zacarías (12, 10–11; 13, 1) 

Se lamentarán por él como por un hijo único y lo llorarán como se llora al primogénito

Así habla el Señor: 1210Derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de súplica; y ellos mirarán hacia mí, En cuanto al que ellos traspasaron, se lamentarán por él como por un hijo único y lo llorarán amargamente como se llora al primogénito. 11Aquel día, habrá un gran lamento en Jerusalén, como el lamento de Hadad Rimón, en la llanura de Meguido. 131Aquel día, habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, a fin de lavar el pecado y la impureza.

Palabra de Dios


Salmo Responsorial 

Salmo 63 (62), 2–6. 8–9 

RMI alma tiene sed de ti, Señor, Dios mío.

2Señor, tú eres mi Dios, yo te busco ardientemente; mi alma tiene sed de ti, por ti suspira mi carne como tierra sedienta, reseca y sin agua. R.

3Sí, yo te contemplé en el Santuario para ver tu poder y tu gloria. 4Porque tu amor vale más que la vida, mis labios te alabarán. R.

5Así te bendeciré mientras viva y alzaré mis manos en tu Nombre. 6Mi alma quedará saciada como con un manjar delicioso, y mi boca te alabará con júbilo en los labios. R.

8Veo que has sido mi ayuda y soy feliz a la sombra de tus alas. 9Mi alma está unida a ti, tu mano me sostiene. R.


Segunda Lectura 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Galacia (3, 26–29) 

Todos ustedes, que fueron bautizados en Cristo, han sido revestidos de Cristo

Hermanos: 26Todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús, 27ya que todos ustedes, que fueron bautizados en Cristo, han sido revestidos de Cristo. 28Por lo tanto, ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús. 29Y si ustedes pertenecen a Cristo, entonces son descendientes de Abraham, herederos en virtud de la promesa.

Palabra de Dios.

 

Aleluya: Juan 10, 27

Aleluya. “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Aleluya.


Evangelio

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (9, 18–24)

¿Quién dice la gente que soy yo?

18Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. 19Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado”. 20“Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?”. Pedro, tomando la palabra, respondió: “Tú eres el Mesías de Dios”. 21Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie. 22“El hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día”. 23Después dijo a todos: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. 24Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará”.  

Palabra del Señor.

Comentario:

 

Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?”

El relato de hoy empieza presentándonos a Jesús en oración. En oración a solas. Aunque los discípulos lo acompañan, él ora a solas. En la vida, a veces, nos pasa así, hay cosas que tenemos que hacerlas solos, hay situaciones que tenemos que resolverlas solos. Más cierto es cuando la situación de que se trata es de muerte. Es allí donde la soledad es absoluta, donde la compañía de los que nos aman no pierde sentido, pero no nos resuelve la circunstancia. La muerte se tiene que experimentar en soledad. Es uno mismo quien debe asumirla y dejarse transformar por ella.

Jesús aprovecha la situación para preguntar: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. ¿Qué opinan de mí? ¿Tiene trascendencia lo que estoy haciendo? ¿Causa algún efecto? Es obvio que a Jesús no le interesa la “opinión” de los demás sobre su persona, no le interesa, digámoslo así, “el qué dirán”. Pero si le interesa saber hasta dónde llegó su mensaje, si caló hondo su prédica. Su pregunta apunta a lo que llamamos la “recepción” del evangelio. Por eso pregunta, para saber qué captó la gente sobre su presencia como Mesías.        

Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado”

La respuesta de la gente a la prédica de Jesús –según los apóstoles– es asociar la nueva situación con lo ya conocido. ¿Hasta qué punto el mensaje de Jesús es “nuevo” para sus oyentes? ¿Se sienten interpelados por él? ¿Les ha creado algún conflicto con sus ideas o modo de vivir? No del todo. La presencia de Jesús es asociada a la de dos grandes profetas (Juan el Bautista y Elías) lo que significa que se ha captado el mensaje, considerando, sobre todo, que Elías fue el súper profeta de Israel. No deja de llamar la atención que, tanto Juan como Elías, sufrieron persecución del poder político de su época. Esto muestra la imagen que tenía Jesús para sus paisanos, era el profeta marginal y perseguido por los poderosos.

 “Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?” Pedro, tomando la palabra, respondió: “Tú eres el Mesías de Dios”

De todas maneras, parece que para Jesús esto no alcanza. ¿Qué opinaran los más cercanos, los que más lo conocen?

Jesús profundiza en su lectura de la realidad. Muchas veces nosotros despreciamos la opinión de los que tenemos más cerca. Pareciera que el sentir ajeno representa más la realidad de lo que somos que el conocimiento de quienes están a nuestro lado. Esto es muy fuerte durante la adolescencia, sobre todo en lo que se refiere a la propia personalidad y a las acciones del individuo. Pero también puede durar toda la vida si no sabemos ubicarnos. Mendigaremos opiniones externas, de gente que no nos conoce, de quienes no saben cómo somos, rechazando la sabiduría de aquellos que nos aman o sufren cotidianamente. Para Jesús no es así, le importa más la opinión de los suyos con respecto a su tarea, que la que, eventualmente, algún extraño pueda dar.

Pedro respondió: “Tú eres el Mesías de Dios”. Si bien Pedro es un hombre que se equivoca mucho, no hizo prevalecer sus propias ideas, sentimientos, afectos, sino que dejó que la docilidad a Dios provocara esta respuesta. Pedro conoce bien a Jesús, independientemente de sus dudas y temores, de sus equivocaciones y desaciertos, Pedro responde con la verdad. Aunque los que tenemos a nuestro lado, muchas veces se equivoquen, eso no quiere decir que estén cometiendo un error cuando nos expresan lo que piensan de nosotros.  Tendríamos que aprender a escucharlos, porque su ayuda puede sernos vital.

“El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día”

En una sola línea Jesús muestra toda su obra de salvación. No quiere engañar, no quiere mentir, no quiere ser el Mesías con minúsculas, un liberador revolucionario, un destructor de opresiones mundanas. Rompe el molde, no es uno más, es el único. Para que no haya confusiones muestra a sus discípulos que el Mesías viene a “sufrir mucho”, a morir y a resucitar. No hay falsos triunfalismos, no hay imágenes gloriosas, no es la exaltación del héroe. Es el mismo Dios que se hace tan humanidad, tan nosotros, asumiendo tanto nuestra naturaleza débil y pecadora, que prefiere pasar por el sufrimiento para que no suframos, transitar la muerte para que no muramos, resucitar glorioso para que su gloria nos resucite a nosotros. Jesús tomará el camino inverso, a contrapelo de un mundo que exalta el poder como modo de atropellar a los demás utilizando el poder y la gloria que su Padre le da para servir.

“El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará”

Jesús hace una oferta, de aceptación libre: El que quiera venir detrás de mí. No se trata de obligarnos, se trata de aceptar nuestra libertad, y desde ella unirnos a la de Él. Tanto Jesús como sus discípulos se sienten, se experimentan libres. Sin imposiciones, sin abusar del otro. Pero la libertad, no nació para permanecer así indeterminada, sino para entregarla. Cuando uno resuelve ser libre, decide reservar su libertad para entregarla. Toda entrega implica una renuncia, es el costo, el precio que pagamos para adquirir lo que queremos. Una mujer que elige casarse con tal hombre, automáticamente está renunciando a casarse con todos los hombres del planeta. Si ella ama a ese hombre su renuncia está más que justificada y su libertad fue muy bien usada. Jesús apela a nuestra libertad para que renunciemos a nosotros mismos., para que carguemos con nuestra cruz, y lo sigamos. El valor supremo no es la libertad, no es la renuncia, no es la cruz. El valor supremo es seguirlo, ser como Él, salvar el mundo por el poder del servicio, renunciar a nosotros para darnos totalmente a los demás. Perder la vida, para salvarla.  


Meditemos:

 

  1. Jesús vivirá su mesianismo de manera distinta a la que los judíos esperaban, en vez de ser el Mesías triunfante es el Siervo Sufriente. Esto hará que lo rechacen. Nosotros: ¿Rechazamos a Dios cuando no actúa como queremos? ¿Somos criticones con Dios?
  2. Jesús nos invita a la renuncia, al sufrimiento, a perder la vida: ¿Qué sentimos cuando nos va mal? ¿Soportamos cargar la cruz de cada día?
  3. Todos soportamos la cruz de la crítica, de la murmuración: ¿Cuál es la mejor manera de cargarla? ¿Lo hacemos? ¿Cargamos como cruz que nosotros también somos criticones?

 

 


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Sábado 19  – Feria (0 Memoria Libre: San Romualdo, abad – Blanco) – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección.

 

Primera lectura 

Lectura del segundo libro de las Crónicas 24, 17–25

¡Por haber abandonado al Señor, él los abandonará a ustedes!

17Después de la muerte de Iehoiadá, los jefes de Judá fueron a postrarse delante del rey, y este se dejó llevar por sus palabras. 18Entonces abandonaron la Casa del Señor, el Dios de sus padres, y rindieron culto a los postes sagrados y a los ídolos. Por este pecado, se desató la indignación del Señor contra Judá y Jerusalén. 19Les envió profetas que dieron testimonio contra ellos, para que se convirtieran al Señor, pero no quisieron escucharlos. 20El espíritu de Dios revistió a Zacarías, hijo del sacerdote Iehoiadá, y este se presentó delante del pueblo y les dijo: "Así habla Dios: ¿Por qué quebrantan los mandamientos del Señor? Así no conseguirán nada. ¡Por haber abandonado al Señor, él los abandonará a ustedes!". 21Ellos se confabularon contra él, y por orden del rey lo apedrearon en el atrio de la Casa del Señor. 22El rey Joás no se acordó de la fidelidad que le había profesado Iehoiadá, padre de Zacarías, e hizo matar a su hijo, el cual exclamó al morir: "¡Que el Señor vea esto y les pida cuenta!". 23Al comenzar el año, el ejército de los arameos subió a combatir contra Joás. Invadieron Judá y Jerusalén, ejecutaron a todos los jefes que había en el pueblo, y enviaron el botín al rey de Damasco. 24Aunque el ejército de Aram había venido con pocos hombres, el Señor entregó en sus manos a un ejército mucho más numeroso, por haberlo abandonado a él, el Dios de sus padres. De esta manera, los arameos hicieron justicia con Joás, 25y cuando se fueron, lo dejaron gravemente enfermo. Sus servidores tramaron una conspiración contra él para vengar la sangre del hijo del sacerdote Iehoiadá, y lo mataron cuando estaba en su lecho. Así murió, y fue sepultado en la Ciudad de David, pero no en el sepulcro de los reyes.

Palabra de Dios.

 

Salmo Responsorial 

Salmo responsorial: 89 (88), 4–5. 29–35 

R¡El Señor asegura su amor eternamente!

4Yo sellé una alianza con mi elegido, hice este juramento a David, mi servidor: 5"Estableceré tu descendencia para siempre, mantendré tu trono por todas las generaciones". R.

29Le aseguraré mi amor eternamente, y mi alianza será estable para él; 30le daré una descendencia eterna y un trono duradero como el cielo. R.

31Si sus hijos abandonan mi enseñanza y no proceden de acuerdo con mis juicios; 32si profanan mis preceptos y no observan mis mandamientos, 33castigaré sus rebeldías con la vara y sus culpas, con el látigo. R.

34Pero a él no le retiraré mi amor ni desmentiré mi fidelidad; 35no quebrantaré mi alianza ni cambiaré lo que salió de mis labios. R.

 

 

Evangelio 

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 6, 24–34 

No se puede servir a Dios y al Dinero

Dijo Jesús a sus discípulos: 24Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero. 25Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? 26Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? 27¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida? 28¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. 29Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. 30Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe! 31No se inquieten entonces, diciendo: "¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?". 32Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan. 33Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. 34No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.

Palabra del Señor.


Comentario:

 

Nadie puede servir a dos patrones. Este comienzo nos indica que debemos mantenernos libres para servir mejor a Dios. Se había dicho en la Biblia que debemos escoger entre Dios y los falsos dioses. Aquí Jesús afirma que el falso Dios es el Dinero porque nos ofrece felicidad y seguridad para el porvenir, pero nos hace perder nuestra verdadera riqueza, que es el momento presente.

Entendámonos el dinero y la cuenta bancaria son medios necesarios para la sociedad moderna y no se trata de condenarlos; como con todos los medios, se puede hacer de ellos un uso bueno o malo. Pero el dinero es el medio para tener todo lo demás; más aún, es lo que se pone a resguardo para asegurar el porvenir. Servir al dinero es contar con él para pasarlo bien en el presente (Lc 12,15) y para asegurar nuestro porvenir, siendo que, en realidad, todo depende a cada instante directamente de Dios.   Mientras sólo pensemos en asegurar el porvenir como buenos avaros de la cuenta en el banco, seremos incapaces de vivir verdadera y libremente; descuidaremos nuestro progreso personal y el de nuestros familiares, callaremos ante el mal y la mentira, nos desentenderemos de los compañeros y nos arrastraremos ante los de arriba.  

No anden tan preocupados... Después de habernos inquietado porque falta el dinero, porque vamos a pasar un mal rato, porque se demoran los trabajos, nos sentimos avergonzados con sólo encontrar una de esas personas sencillas que acaban de compartir con otros más pobres lo último que tenían y no por eso se ven afligidos ni tampoco creen haber hecho algo grande. Liberación es toda la obra de Dios en la historia, pero ¿tendremos bastante fe para liberarnos de tantas preocupaciones?   La comparación con las flores y los pájaros no significa que debamos cruzarnos de brazos; pues si Dios nos hizo con brazos y cerebro es para usarlos. Más bien Jesús nos dice que si Dios cuida y viste de belleza a sus criaturas más ínfimas, también se interesa que la vida de cada uno de nosotros sea algo hermoso y perfecto.

Busquen primero el Reino y la justicia de Dios. Se trata aquí de dos cosas muy concretas el Reino es decir, una transparencia de Dios en nuestra vida; su justicia es decir, un ordenamiento bajo su mirada de todo lo que somos y hacemos. Es un gran riesgo para un joven o para una pareja comenzar a pensar en el porvenir, la familia y las actividades apostólicas según los criterios del Evangelio y no con el temor a no alcanzar para sí o para los  hijos un determinado nivel de vida.


Meditemos:

 

  1. ¿De qué me ocupo y preocupo en mi vida?
  2. ¿A cuál señor sirvo? ¿Por qué?

 


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viernes, 18 de junio de 2010

Viernes 18  – Feria – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: de la feria.

 

Primera lectura 

Lectura del segundo libro de los Reyes 11, 1–4. 9–18. 20

Toda la gente del país se alegró y la ciudad permaneció en calma

1Atalía, la madre de Ocozías, al ver que había muerto su hijo, empezó a exterminar a todo el linaje real. 2Pero Josebá, hija del rey Joram y hermana de Ocozías, tomó a Joás, hijo de Ocozías, lo sacó secretamente de en medio de los hijos del rey que iban a ser masacrados, y lo puso con su nodriza en la sala que servía de dormitorio. Así lo ocultó a los ojos de Atalía y no lo mataron. 3El estuvo con ella en la Casa del Señor, oculto durante seis años, mientras Atalía reinaba sobre el país. 4El séptimo año, Iehoiadá mandó buscar a los centuriones de los carios y de la guardia, y los hizo comparecer ante él en la Casa del Señor. Hizo con ellos un pacto comprometiéndolos bajo juramento, y les mostró al hijo del rey. 9Los centuriones ejecutaron exactamente todo lo que les había ordenado el sacerdote Iehoiadá. Cada uno de ellos tomó a sus hombres -los que entraban de servicio y los que eran relevados el día sábado- y se presentaron ante el sacerdote Iehoiadá. 10El sacerdote entregó a los centuriones las lanzas y los escudos del rey David que estaban en la Casa del Señor. 11Los guardias se apostaron, cada uno con sus armas en la mano, desde el lado sur hasta el lado norte de la Casa, delante del altar y delante de la Casa, para formar un círculo alrededor del rey. 12Entonces Iehoiadá hizo salir al hijo del rey y le impuso la diadema y el Testimonio. Se lo constituyó rey, se lo ungió, y todos aplaudieron, aclamando: "¡Viva el rey!". 13Atalía oyó el griterío de la gente que corría, y se dirigió hacia la Casa del Señor, donde estaba el pueblo. 14Y al ver al rey de pie sobre el estrado, como era costumbre, a los jefes y las trompetas junto al rey, y a todo el pueblo del país que estaba de fiesta y tocaba las trompetas, rasgó sus vestiduras y gritó: "¡Traición!". 15Entonces el sacerdote Iehoiadá impartió órdenes a los centuriones encargados de la tropa, diciéndoles: "¡Háganla salir de entre las filas! Si alguien la sigue, que sea pasado al filo de la espada". Porque el sacerdote había dicho: "Que no lo maten en la Casa del Señor". 16La llevaron a empujones, y por el camino de la entrada de los Caballos llegó a la casa del rey; allí la mataron. 17Iehoiadá selló la alianza entre el Señor, el rey y el pueblo, comprometiéndose este a ser el pueblo del Señor; y también selló una alianza entre el rey y el pueblo. 18Luego, todo el pueblo del país se dirigió al templo de Baal, lo derribó y destrozó por completo sus altares y sus imágenes. Y a Matán, el sacerdote de Baal, lo mataron delante de los altares. El sacerdote estableció puestos de guardia en la Casa del Señor. 20Toda la gente del país se alegró y la ciudad permaneció en calma. A Atalía la habían pasado al filo de la espada en la casa del rey.

Palabra de Dios.

 

Salmo Responsorial 

Salmo responsorial: 132 (131), 11–14. 17–18 

R¡El Señor hizo de Sión su morada!

11El Señor hizo un juramento a David, una firme promesa, de la que no se retractará: "Yo pondré sobre tu trono a uno de tus descendientes. R.

12Si tus descendientes observan mi alianza y los preceptos que yo les enseñaré, también se sentarán sus hijos en tu trono para siempre". R.

13Porque el Señor eligió a Sión, y la deseó para que fuera su Morada. 14"Este es mi Reposo para siempre; aquí habitaré, porque lo he deseado. R.

17Allí haré germinar el poder de David: yo preparé una lámpara para mi ungido. 18Cubriré de vergüenza a sus enemigos, y su insignia real florecerá sobre él". R.

 

 

Evangelio 

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 6, 19–23

Donde esté tu tesoro, estará también tu corazón

19No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban. 20Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben. 21Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón. 22La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado. 23Pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas. Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!

Palabra del Señor.

Comentario:

 

No junten tesoros y reservas aquí en la tierra. El Evangelio dice "no atesoren tesoros", pero "tesoro" tiene más sentido de riqueza que se guarda que de cosa amada.   Durante siglos la mayoría de los hombres casi no tuvieron reservas personales la familia o el clan se hacían cargo de ellos en caso de adversidad. Actualmente cada uno debe preocuparse por sí mismo; tal vez sea mejor, pero ¿cómo escapar a esa obsesión por asegurar el futuro? Jesús nos invita una vez más a creer en la Providencia del Padre si nos encargamos de sus asuntos, él se encargará de los nuestros.   Allí estará tu corazón. En la cultura judía el corazón es el lugar donde se juzga y se toman decisiones. No soy yo quien posee las cosas, sino que son éstas las que me poseen y me imponen poco a poco tal o cual estilo de vida.   Allí estará tu corazón Esa es la certeza que inspira cualquier búsqueda de la "pobreza evangélica". Se trata de liberarse al máximo para actuar y para amar. Jesús nos llama a la acción desinteresada, pero al mismo tiempo nos previene en contra de un apego desordenado a las personas, a las ideas y a las cosas propias se puede llevar a cabo cualquier cosa, pero no debemos apegarnos a los frutos de la acción. Comentario de la Biblia Latinoamericana, versión 1995.


Meditemos:

 

¿Dónde está mi tesoro? ¿Dónde mi corazón?

 

 


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miércoles, 16 de junio de 2010

Jueves 17  – Feria – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: de la feria.

 

Primera lectura 

Lectura del libro del Eclesiástico 48, 1–14

Cuando Elías fue llevado en un torbellino, Eliseo quedó lleno de su espíritu

1Surgió como un fuego el profeta Elías, su palabra quemaba como una antorcha. 2Él atrajo el hambre sobre ellos y con su celo los diezmó. 3Por la palabra del Señor, cerró el cielo, y también hizo caer tres veces fuego de lo alto. 4¡Qué glorioso te hiciste, Elías, con tus prodigios! ¿Quién puede jactarse de ser igual a ti? 5Tú despertaste a un hombre de la muerte y de la morada de los muertos, por la palabra de Altísimo. 6Tú precipitaste a reyes en la ruina y arrojaste de su lecho a hombres insignes: 7tú escuchaste un reproche en el Sinaí y en el Horeb una sentencia de condenación; 8tú ungiste reyes para ejercer la venganza y profetas para ser tus sucesores 9tú fuiste arrebatado en un torbellino de fuego por un carro con caballos de fuego. 10De ti está escrito que en los castigos futuros aplacarás la ira antes que estalle, para hacer volver el corazón de los padres hacia los hijos y restablecer las tribus de Jacob. 11¡Felices los que te verán y los que se durmieron en el amor, porque también nosotros poseeremos la vida! 12Cuando Elías fue llevado en un torbellino, Eliseo quedó lleno de su espíritu. Durante su vida ningún jefe lo hizo temblar, y nadie pudo someterlo. 13Nada era demasiado difícil para él y hasta en la tumba profetizó su cuerpo. 14En su vida, hizo prodigios y en su muerte, realizó obras admirables.

Palabra de Dios.

 

Salmo Responsorial 

Salmo responsorial: 97 (96), 1–7 

R¡Alégrense, justos, en el Señor!

1¡El Señor reina! Alégrese la tierra, regocíjense las islas incontables. 2Nubes y Tinieblas lo rodean, la Justicia y el Derecho son la base de su trono. R.

3Un fuego avanza ante él y abrasa a los enemigos a su paso; 4sus relámpagos iluminan el mundo; al verlo, la tierra se estremece. R.

5Las montañas se derriten como cera delante del Señor, que es el dueño de toda la tierra. 6Los cielos proclaman su justicia y todos los pueblos contemplan su gloria. R.

7Se avergüenzan los que sirven a los ídolos, los que se glorían en dioses falsos; todos los dioses se postran ante él. ¡Alégrense, justos, en el Señor! R.

 

 

Evangelio 

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 6, 7–15

Ustedes oren así

7Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. 8No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. 9Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, 10que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo. 11Danos hoy nuestro pan de cada día. 12Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. 13No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal. 14Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. 15Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

Palabra del Señor.

Comentario:

 

Basta decir "Padre".

Un hijo tiene “algo” que su padre no puede resistir, sin poder explicar bien por qué. Así es esto de ser padre. A Dios también le pasa. Cristo nos pasó el secreto, al enseñarnos a orar, empezando con esa palabra mágica que lo puede todo, si la decimos con el corazón: “Padre”. No importa cuántas palabras digamos. Tampoco si las frases tienen sentido o belleza literaria. Lo que a Él le importa es que somos nosotros, sus hijos, quienes nos dirigimos a Él.

Un “Padrenuestro”, rezado como un acto de amor y de entrega, arranca de Dios aquello que más necesitamos. Cada una de sus palabras puede ayudarnos a hacer una nueva oración, pues contiene las verdades más profundas de nuestra fe. Que Él es nuestro Padre; y de ahí se deriva que nos ama, que nos escucha, que nos cuida, que nos espera en el cielo. Que nuestra vida tiene sentido en buscar su gloria, en instaurar su Reino en el mundo, en cumplir su voluntad. Que nos cuida de los peligros y nos da el alimento y la fuerza espiritual que necesitamos para recorrer el camino hacia ÉL.

Quizás desde muy pequeños venimos repitiendo, con mayor o menor devoción, la gran oración del cristiano. Pero sin duda, cada vez que lo hacemos, Dios “interrumpe todas sus ocupaciones” para escucharnos y atendernos como el mejor de los padres. Tomado de www.catholic.net, autor: Ignacio Sarre, vista el 13-06-09.


Meditemos:

 

  1. ¿Estoy consciente de ser hijo del Padre Dios?
  2. ¿Cómo es mi oración con Dios? ¿Me experimento como un hijo con su padre?

 

 


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Miércoles 16 – Feria – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: de la feria.

 

Primera lectura 

Lectura del segundo libro de los Reyes 2, 1. 6–14

Elías subió al cielo en el torbellino

1Esto es lo que sucedió cuando el Señor arrebató a Elías y lo hizo subir al cielo en el torbellino. Elías y Eliseo partieron de Guilgal. 6Elías le dijo: "Quédate aquí, porque el Señor me ha enviado al Jordán". Pero Eliseo respondió: "Juro por la vida del Señor y por tu propia vida que no te dejaré". Y se fueron los dos. 7Cincuenta hombres de la comunidad de profetas fueron y se pararon enfrente, a una cierta distancia, mientras los dos estaban de pie a la orilla del Jordán. 8Elías se quitó el manto, lo enrolló y golpeó las aguas. Estas se dividieron hacia uno y otro lado, y así pasaron los dos por el suelo seco. 9Cuando cruzaban, Elías dijo a Eliseo: "Pide lo que quieres que haga por antes de que sea separado de tu lado". Eliseo respondió: "¡Ah, si pudiera recibir las dos terceras partes de tu espíritu!". 10"¡No es nada fácil lo que pides!, dijo Elías; si me ves cuando yo sea separado de tu lado, lo obtendrás; de lo contrario, no será así". 11Y mientras iban conversando por el camino, un carro de fuego, con caballos también de fuego, los separó a uno del otro, y Elías subió al cielo en el torbellino. 12Al ver esto, Eliseo gritó: "¡Padre mío! ¡Padre mío! ¡Carro de Israel y su caballería!". Y cuando no lo vio más, tomó sus vestiduras y las rasgó en dos pedazos. 13Luego recogió el manto que se le había caído a Elías de encima, se volvió y se detuvo al borde del Jordán. 14Después, con el manto que se le había caído a Elías, golpeó las aguas, pero estas no se dividieron. Entonces dijo: "¿Dónde está el Señor, el Dios de Elías?". El golpeó otra vez las aguas; estas se dividieron hacia uno y otro lado, y Eliseo cruzó.

Palabra de Dios


Salmo Responsorial 

Salmo responsorial: 31 (30), 20–21. 24 

R. ¡Sean fuertes los que esperan en el Señor!

20¡Qué grande es tu bondad, Señor! Tú la reservas para tus fieles; y la brindas a los que se refugian en ti, en la presencia de todos. R.

21Tú los ocultas al amparo de tu rostro de las intrigas de los hombres; y los escondes en tu Tienda de campaña, lejos de las lenguas pendencieras. R.

24Amen al Señor, todos sus fieles, porque él protege a los que son leales y castiga con severidad a los soberbios. ¡Sean fuertes los que esperan en el Señor! R.


Evangelio 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 6, 1–6. 16–18 

Tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará

1Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. 2Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. 3Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, 4para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 5Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. 6Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 16Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. 17Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, 18para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Palabra del Señor.

 

Comentario:

 

"Quiere ahora el Señor desterrar de nosotros la más tiránica de las pasiones: aquella rabia y furor por la vanagloria que suele precisamente atacar a los que obran bien. Nada dijo al principio sobre este punto, pues fuera superfluo, antes de instruirnos sobre nuestros deberes, darnos lecciones sobre cómo habíamos de cumplirlos. Una vez que nos introdujo en la filosofía, entonces, sí, era momento de limpiarla de esta peste que subrepticiamente se le infiltra. Porque esta enfermedad no nace así como así, sino después que hemos ya cumplido mucho de lo que se nos ha mandado. Tenía, pues, que plantar primero la virtud y destruir luego aquella pasión que suele corromper su fruto. Y advertid por dónde empieza el Señor: por el ayuno, la oración y la limosna, pues en estas buenas obras es donde señaladamente suele anidar la vanagloria " (San Juan Crisóstomo, Homilía 19, 1, sobre San Mateo).


Meditemos:

 

  1. ¿Qué significan para mí el ayuno, la oración y la limosna?
  2. Qué me interesa más: ¿Qué el Padre Dios sepa lo que soy o que los demás me aplaudan?

 

 

 


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martes, 15 de junio de 2010

Martes 15 – Feria – Verde / Misa: a elección –Liturgia de las horas: de la feria.

 

Primera lectura 

Lectura del primer libro de los Reyes 21, 17–29

Porque se ha humillado delante de mí, no atraeré la desgracia mientras él viva

Después que murió Nabot, 17la palabra del Señor llegó a Elías, el tisbita, en estos términos: 18"Baja al encuentro de Ajab, rey de Israel en Samaría. Ahora está en la viña de Nabot: ha bajado allí para tomar posesión de ella. 19Tú le dirás: Así habla el Señor: ¡Has cometido un homicidio, y encima te apropias de lo ajeno! Por eso, así habla el Señor: En el mismo sitio donde los perros lamieron la sangre de Nabot, allí lamerán tu sangre". 20Ajab respondió a Elías: "¡Me has sorprendido, enemigo mío!". "Sí, repuso Elías, te he sorprendido, porque te has prestado a hacer lo que es malo a los ojos de Señor. 21Yo voy a atraer la desgracia sobre ti: barreré hasta tus últimos restos y extirparé a todos los varones de la familia de Ajab, esclavos o libres en Israel. 22Dejaré tu casa como la de Jeroboam, hijo de Nebat, y como la de Basá, hijo de Ajías, porque has provocado mi indignación y has hecho pecar a Israel. 23Y el Señor también ha hablado contra Jezabel, diciendo: Los perros devorarán la carne de Jezabel en la parcela de Izreel. 24Al de la familia de Ajab que muera en la ciudad, se lo comerán los perros, y al que muera en despoblado, se lo comerán los pájaros del cielo". 25No hubo realmente nadie que se haya prestado como Ajab para hacer lo que es malo a los ojos del Señor, instigado por su esposa Jezabel. 26El cometió las peores abominaciones, yendo detrás de los ídolos, como lo habían hecho los amorreos que el Señor había desposeído delante de los israelitas. 27Cuando Ajab oyó aquellas palabras, rasgó sus vestiduras, se puso un sayal sobre su carne, y ayunó. Se acostaba con el sayal y andaba taciturno. 28Entonces la palabra del Señor llegó a Elías, el tisbita, en estos términos: 29“¿Has visto cómo Ajab se ha humillado delante de mí? Porque se ha humillado delante de mí, no atraeré la desgracia mientras él viva, sino que la haré venir sobre su casa en tiempos de su hijo”.

Palabra de Dios.

 

Salmo Responsorial 

Salmo responsorial: 51 (50), 3–6. 11. 16 

R¡Ten piedad, Señor, porque hemos pecado!

3¡Ten piedad de mí, oh Dios, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas! 4¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! R.

5Porque yo reconozco mis faltas y mi pecado está siempre ante mí. 6Contra ti, contra ti solo pequé e hice lo que es malo a tus ojos. R.

11Aparta tu vista de mis pecados y borra todas mis culpas. 16¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío,y mi lengua anunciará tu justicia! R.

 

Evangelio 

Evangelio de Nuestro señor Jesucristo según San Mateo 5, 43–48

Amen a sus enemigos

43Ustedes han oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y odiarás a tu enemigo. 44Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; 45así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. 46Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? 47Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? 48Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.

Palabra del Señor.

 

Comentario:

Esta última antítesis es la principal de todas. Ella opone al mandamiento antiguo (que admitía implícitamente el odio al enemigo) la exigencia de amar al enemigo. De este modo, los discípulos de Jesús serán semejantes al Padre celestial, que derrama sus dones sobre buenos y malos, sobre justos e injustos.

En el AT no se encuentra el precepto de odiar al enemigo. Por tanto, este añadido ha sido interpretado como un "comentario limitativo", es decir, que aquí el verbo "odiar", como en otros textos de la Biblia, indicaría simplemente la ausencia de amor (cf. Dt 21, 15-16). En tal caso, odiarás a tu enemigo estaría indicando que el precepto de amar al prójimo no se aplica al enemigo.

En la interpretación de Jesús, el mandamiento nuevo del amor al enemigo constituye el criterio fundamental para discernir la voluntad de Dios en la legislación del AT (cf. 5, 17). Este mandamiento no es un precepto más, sino el centro y el vértice de todos los mandamientos, que introduce un cambio cualitativo en la práctica de la justicia tal como la entendían los fariseos.

La perfección de los discípulos debe corresponder a la del Padre celestial, cuya generosidad se extiende indistintamente a buenos y malos (v.45). Este imperativo está en consonancia con el anuncio de Jesús sobre el reino de Dios. El reino es la actuación misericordiosa de Dios y un don puramente gratuito, como son gratuitas la luz del sol que brilla cada día y la lluvia que fecunda los campos. Esto no quiere decir que la actuación humana carezca de importancia. El discípulo debe imitar la acción misericordiosa del Creador. Pero esa imitación no es un requisito previo que condiciona la acción divina, sino la respuesta al don recibido. Tomado de Comentario Bíblico Internacional (Navarra, 2003), Armando J. Levoratti, pág. 309.


Meditemos:

 

  1. ¿De qué manera expreso mi amor a las personas?
  2. ¿Soy capaz de amar a mis enemigos? ¿En qué se nota?

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lunes, 14 de junio de 2010

Lunes 14 – Feria – Verde / Misa: de la feria – Liturgia de las horas: de la feria.


Primera lectura 

Lectura del primer libro de los Reyes 21, 1–19

En el mismo sitio donde los perros lamieron la sangre de Nabot, allí lamerán tu sangre

1Después de esto, sucedió lo siguiente: Nabot, el izreelita, tenía una viña en Izreel, al lado del palacio de Ajab, rey de Samaría. 2Ajab dijo a Nabot: “Dame tu viña para hacerme una huerta, ya que está justo al lado de mi casa. Yo te daré a cambio una viña mejor o, si prefieres, te pagaré su valor en dinero”. 3Pero Nabot respondió a Ajab: “¡El Señor me libre de cederte la herencia de mis padres!”. 4Ajab se fue a su casa malhumorado y muy irritado por lo que le había dicho Nabot, el izreelita: “No te daré la herencia de mis padres”. Se tiró en su lecho, dio vuelta la cara y no quiso probar bocado. 5Entonces fue a verlo su esposa Jezabel y le preguntó: “¿Por qué estás tan malhumorado y no comes nada?”. 6El le dijo: “Porque le hablé a Nabot, el izreelita, y le propuse: Véndeme tu viña o, si quieres, te daré otra a cambio”. Pero él respondió: “No te daré mi viña”. 7Su esposa Jezabel le dijo: “¿Así ejerces tú la realeza sobre Israel? ¡Levántate, come y alégrate! ¡Yo te daré la viña de Nabot, el izreelita!”. 8En seguida escribió una carta en nombre de Ajab, la selló con el sello del rey y la envió a los ancianos y a los notables de la ciudad, conciudadanos de Nabot. 9En esa carta escribió: “Proclamen un ayuno y en la asamblea del pueblo hagan sentar a Nabot en primera fila. 10Hagan sentar enfrente a dos malvados, que atestigüen contra él, diciendo: "Tú has maldecido a Dios y al rey". Luego sáquenlo afuera y mátenlo a pedradas”. 11Los hombres de la ciudad, los ancianos y notables, conciudadanos de Nabot, obraron de acuerdo con lo que les había mandado Jezabel, según lo que estaba escrito en la carta que les había enviado. 12Proclamaron un ayuno e hicieron sentar a Nabot en primera fila. 13En seguida llegaron dos malvados que se le sentaron enfrente y atestiguaron contra él diciendo: “Nabot ha maldecido a Dios y al rey”. Entonces lo sacaron fuera de la ciudad y lo mataron a pedradas. 14Y mandaron decir a Jezabel: “Nabot fue apedreado y murió”. 15Cuando Jezabel se enteró de que Nabot había sido matado a pedradas, dijo a Ajab: “Ya puedes tomar posesión de la viña de Nabot, esa que él se negaba a venderte, porque Nabot ya no vive: está muerto”. 16Apenas oyó Ajab que Nabot estaba muerto, bajó a la viña de Nabot, el izreelita, para tomar posesión de ella. 17Entonces la palabra del Señor llegó a Elías, el tisbita, en estos términos: 18“Baja al encuentro de Ajab, rey de Israel en Samaría. Ahora está en la viña de Nabot: ha bajado allí para tomar posesión de ella. 19Tú le dirás: Así habla el Señor: ¡Has cometido un homicidio, y encima te apropias de lo ajeno! Por eso, así habla el Señor: En el mismo sitio donde los perros lamieron la sangre de Nabot, allí lamerán tu sangre”.

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial 

Salmo 5, 2–3. 5–7 

R. ¡Atiende a mis gemidos, Señor! 

2Señor, escucha mis palabras, atiende a mis gemidos; 3oye mi clamor, mi Rey y mi Dios. R.

5Tú no eres un Dios que ama la maldad; ningún impío será tu huésped, 6ni los orgullosos podrán resistir delante de tu mirada. R.

Tú detestas a los que hacen el mal 7y destruyes a los mentirosos. ¡Al hombre sanguinario y traicionero lo abomina el Señor! R.

 

Aleluya: Salmo 119 (118), 105

Aleluya. Tu palabra es una lámpara para mis pasos y una luz en mi camino. Aleluya.


Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 5, 38–42

Yo les digo que no hagan frente al que les hace mal

38Ustedes han oído que se dijo: "Ojo por ojo y diente por diente". 39Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. 40Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; 41y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él. 42Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.

Palabra del Señor.

Comentario:

 

Mucho antes de Moisés, la ley del talión ya había sido formulada por el código de Hammurabi. Mientras que el cántico de Lámec, el descendiente de Caín, no ponía límites a la venganza (Yo maté a un hombre por una herida y a un muchacho por una contusión, Gén 4, 23), la ley del talión establecía un principio de equidad: Ojo por ojo, diente por diente (Éx 21, 23-25; Lev 24, 19-20; Dt 19, 21). Por tanto, no propiciaba la venganza, sino que trataba de moderar los impulsos desenfrenados de la persona ofendida y determinaba la justa medida del castigo, sin excesos ni defectos. En tiempos de Jesús, algunos defendían este principio al pie de la letra, pero en general se tendía a sustituir el daño físico por una reparación o compensación económica.

En contraposición con este principio, Jesús invita a sus discípulos a no enfrentarse al que les hace mal (es decir, a no responder con violencia a la violencia y a evitar cualquier forma de represalia). Para Jesús no basta con evitar la falta de proporción entre la ofensa y el castigo, como lo requería la ley del talión. El rechazo de la violencia puede exigir, llegado el caso, la renuncia a lo que podría considerarse un legítimo derecho.

La enumeración de las ofensas infligidas y recibidas sigue una escala descendente. La gradación comienza con la agresión física (el golpe en la mejilla derecha); luego viene el recurso a los tribunales, después la coacción, y por último una petición probablemente inoportuna y molesta.

El agravio más humillante es el golpe recibido en la mejilla derecha, no en la izquierda. Esto quiere decir que se trata de una bofetada dada no con el interior de la mano, sino con el revés. Un golpe tal era considerado en Oriente una ofensa extremadamente grave.

Luego viene el intento de quitarle a uno la túnica. No se detalla la situación concreta, pero se trata indudablemente de un pleito entablado en los tribunales contra un pobre que poseía una sola túnica y un solo abrigo. La invitación a entregar también el manto implicaba renunciar a un legítimo derecho, ya que la ley prohibía despojar del manto al pobre que tenía necesidad de él para protegerse del frío nocturno (Éx 22, 25-26).

La coacción a que se refiere el v. 41 hace pensar en la extorsión ejercida por las cohortes romanas, que se atribuían el derecho de obligar a un judío a caminar con ellos para servirles de guía o para llevar una carga gratuitamente (cf. Mc 15, 21).

La enumeración concluye con una doble exhortación: no volver la espalda al que requiere un préstamo y dar al que pide. Esta última exhortación es tanto más apremiante si se tiene en cuenta cuán numerosos e insistentes eran los mendigos en Oriente.

Es importante notar que esta renuncia a la acción violenta, a las represalias y a la sanción jurídica no implica quedarse inactivo frente a la injusticia. Habría que pensar, más bien, en el texto de Prov 25, 21-22, citado por Pablo en Rom 12, 20: “Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Haciendo esto, amontonarás carbones encendidos sobre su cabeza. Es decir, al devolverle bien por mal harás que su rostro se ponga rojo de vergüenza y lo moverás al arrepentimiento. De ahí la exhortación que Pablo añade inmediatamente después: No te dejes vencer por el mal, sino vence al mal haciendo el bien (Rom 12, 21).

Cuando se trata de llevar a la práctica las exigencias expresadas en esta antítesis, no se puede ignorar el carácter hiperbólico de muchas expresiones de Jesús (cf. 18, 6-9). Pero al recurrir con tanta frecuencia a la hipérbole, él lanzaba un desafío a la imaginación de sus oyentes. En el tono profético y provocador de tales expresiones radica precisamente la eficacia de sus palabras. Tomado de Comentario Bíblico Internacional (Navarra, 2003), Armando J. Levoratti, pág. 308-9.

 

Meditemos:

 

1.  ¿Qué me impide hacer lo que Jesús me dice?

2.  ¿Respondo, habitualmente, con mal al mal que me hacen?

 

 


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sábado, 12 de junio de 2010

Domingo 13 – DOMINGO 11° DURANTE EL AÑO – Verde / Misa: del Propio. Gloria. Credo – Liturgia de las horas: del Propio. 11va semana durante el año. 3ra semana durante el año.


Primera Lectura 

Lectura del segundo libro de Samuel (12, 7–10. 13) 

El Señor, por su parte, ha borrado tu pecado: no morirás

7El profeta Natán dijo a David: “¡Ese hombre eres tú! Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel y te libré de las manos de Saúl; 8te entregué la casa de tu señor y puse a sus mujeres en tus brazos; te di la casa de Israel y de Judá, y por si esto fuera poco, añadiría otro tanto y aún más. 9¿Por qué entonces has despreciado la palabra del Señor, haciendo lo que es malo a sus ojos? ¡Tú has matado al filo de la espada a Urías, el hitita! Has tomado por esposa a su mujer, y a él lo has hecho morir bajo la espada de los amonitas. 10Por eso, la espada nunca más se apartará de tu casa, ya que me has despreciado y has tomado por esposa a la mujer de Urías, el hitita”. 11Así habla el Señor: “Yo haré surgir de tu misma casa la desgracia contra ti. Arrebataré a tus mujeres ante tus propios ojos y se las daré a otro, que se acostará con ellas en pleno día. 12Porque tú has obrado ocultamente, pero yo lo haré delante de todo Israel y a la luz del sol”. 13David dijo a Natán: “¡He pecado contra el Señor!”. Natán le respondió: “El Señor, por su parte, ha borrado tu pecado: no morirás”.

Palabra de Dios


Salmo Responsorial 

Salmo 32 (31), 1–2. 5. 7. 11 

RPerdona, Señor, mi culpa y mi pecado.

1¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta! 2¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas, y en cuyo espíritu no hay doblez! R.

5Pero yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa, pensando: "Confesaré mis faltas al Señor". ¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado! R.

7Tú eres mi refugio, tú me libras de los peligros y me colmas con la alegría de la salvación. 11¡Alégrense en el Señor, regocíjense los justos! ¡Canten jubilosos los rectos de corazón! R.


Segunda Lectura 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Galacia (2, 16. 19–21) 

Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí

16Pero como sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo, hemos creído en él, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la Ley. 19Pero en virtud de la Ley, he muerto a la Ley, a fin de vivir para Dios. Yo estoy crucificado con Cristo, 20y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí. 21Yo no anulo la gracia de Dios: si la justicia viene de la Ley, Cristo ha muerto inútilmente.

Palabra de Dios.

 

Aleluya: 1° Juan 4, 10

Aleluya. Dios nos amó primero, y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados. Aleluya. 


Evangelio 

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (7, 36 – 8, 3) 

Sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor

736Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa. 37Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume. 38Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume. 39Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: "Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!" 40Pero Jesús le dijo: "Simón, tengo algo que decirte". "Di, Maestro!, respondió él. 41“Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. 42Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos amará más?”. 43Simón contestó: “Pienso que aquel a quien perdonó más”. Jesús le dijo: “Has juzgado bien”. 44Y volviéndose hacia la mujer, dijo de Simón: “¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. 45Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies. 46Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies. 47Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor”. 48Después dijo a la mujer: “Tus pecados te son perdonados”. 49Los invitados pensaron: “¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?”. 50Pero Jesús dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado, vete en paz”. 81Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce 2y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; 3Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.  

Palabra del Señor.

Comentario:

 

Vers. 36. ¿Quiénes eran los fariseos? Sabemos que eran gente muy religiosa y que trataba de cumplir al máximo todas las enseñanzas de la ley, con todos los ritos de pureza que los judíos de esa época tenían. Eran personas dispuestas a un enorme sacrificio personal para satisfacer las obligaciones de la ley judía. Pero donde estaba su victoria, ahí también su derrota. Porque de tanto cumplir la ley ellos se consideraban perfectos y con derecho a juzgar a los que consideraban pecadores, a los que creían infractores de la ley... entre ellos los más pobres que, muchas veces, debían violentar la ley para ganarse el pan para sus familias. Recordemos que la ley judía estaba compuesta no solo de preceptos morales, como la nuestra, sino también de prescripciones de pureza e impureza, de lavados rituales, de comidas prohibidas, y trabajos que no se debían hacer, etc. Según J. Jeremías: “Se puede decir, por tanto, como resumen, que el círculo de Jesús incluía en primer lugar a los que eran víctimas del desprecio de la masa..., las gentes incultas, ignorantes, a quienes su ignorancia religiosa y su conducta moral prohibían, según los sentimientos de la época, el acceso a la salvación”[1].

Vers. 37-38: Decir “una mujer pecadora” es suavizar la palabra, más bien se tendría que decir: “Una mujer prostituta” (se ganaba el pan diario entregando su cuerpo a la prostitución), porque eso era lo que hacía y de que vivía. Según Alonso Schökel (Biblia del Peregrino): “Era muy poco decoroso que tal mujer entrara en casa del anfitrión; los fariseos eran muy mirados en tales asuntos. Lo que hace después con Jesús es tan afectuoso como escandaloso: soltarse el cabello en presencia de varones, sobar con ellos los pies bañados en sus lágrimas, el derroche del perfume (aunque no lo derrame en la cabeza, como es costumbre). Todo sin reparo y con insistencia”.

Vers. 39: No pasa desapercibido para Simón, el anfitrión, lo que está pasando. También es su fama al que se juega con esta mujer en su casa haciendo lo que hace. Lo imagino de todos colores, mirando para todos lados y totalmente desilusionado del “maestro” galileo. Aunque es respetuoso y cortés, muy propio de la época, y no dice nada... lo piensa.

Vers. 40-43. La comparación que hace Jesús cae de maduro y es fácil de resolver... de hecho es lo que busca el Señor, que Simón tome partido sin dificultad y sin pensarlo mucho. Exagerado es hablar de amor por el perdón de una deuda, más fácil para nosotros tendría que ser la palabra “agradecimiento”, pero aquí se resalta el AMOR. De todas maneras es un amor interesado y no generoso: ama porque se le perdonó la deuda. Pero esto tiene mucha relación con la forma religiosa de Simón: el cumplimiento. Las personas que “cumplen”, no aman... retribuyen. El cumplidor equilibra su relación con los demás “devolviendo” favores, entregando de lo suyo por lo poco, o mucho, que los demás le dan (incluido Dios). Entonces entra en una relación de “negociado”: doy para que me den... a más perdón... más amor (Jesús entendía bien esta forma de pensar de Simón, y todos los fariseos, por eso este relato de los dos perdonados). Lo que Simón no sabía era lo que venía después... Jesús no da puntada sin hilo.

Vers. 44-47: Samuel Oyin Abogunrin (Comentario Bíblico Internacional) nos dice: El Señor sabía perfectamente cuáles eran los malos pensamientos que pasaban por la mente de Simón. “Di, Maestro”, dijo Simón. Jesús le cuenta un breve relato, en el que menciona una moneda llamada denarius. Era el equivalente al salario de un día de trabajo para un trabajador del campo (cf. Mt 20, 2). Simón escuchó el relato de Jesús y respondió correctamente sin dificultad. Al hacerlo emitió un juicio sobre sí mismo (ésta era la intención de Jesús). Jesús recogió la respuesta de Simón, se volvió a la mujer y comparó la forma en que ella lo había tratado con la forma en que él, Simón, lo había tratado desde el momento en que entró en su casa. Jesús explicó porque su conducta hacia él era tan diferente: “Simón, se te ha perdonado poco, por eso amas poco”. Las comparaciones siempre son odiosas, pero sirven de contraste entre dos actitudes totalmente diversas:

Simón

Mujer prostituta

Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies

Ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos

Tú no me besaste

Ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies

Tú no ungiste mi cabeza

Ella derramó perfume sobre mis pies

 

Simón invitó a su casa a Jesús, pero lo hizo por curiosidad, por cholulismo, o por lo que sea, menos por amor o por creerlo un enviado de Dios para la salvación de su vida... no trata bien, porque no ama, y no ama, porque no cree que se le deba perdonar nada: ¿De qué le sirve a Simón la presencia de Jesús si él se cree libre de culpa y pecado, si el se cree perfecto cumplidor de la ley? La mujer se reconoce perdonada, ella ve en Jesús a su salvador, a quién le trae de parte de Dios la esperanza de una vida nueva, por eso lo unge, lo trata con el agradecimiento y el amor que la cortesía de la época demandaba hacia un invitado a casa... Jesús estaba invitado no a su casa, sino a su corazón; no a su domicilio, sino a su “hogar”.

Vers. 48-50: Los invitados: aquellos que, como Simón, solo están para Juzgar, para mirar, para hablar de los otros, no para encontrar perón, salvación, liberación... Recién entran en escena y lo hacen para pensar como Simón... con criterios de cumplimiento y solamente humanos... Jesús no es importante para ellos. Según Alonso Schökel (Biblia del Peregrino): Jesús pronuncia la fórmula de absolución, sancionando la reconciliación (Sal 103, 3: “Él perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias”). Esto provoca el segundo escándalo de los invitados, más grave que el primero, porque tiene por blanco la misión y revelación de Jesús. La fórmula convencional de despedida, “vete en paz”, se carga aquí de sentido trascendente y ha pasado a la práctica cristiana de la penitencia o la eucaristía.  


Meditemos:

 

  1. ¿Somos como Simón o como la prostituta? ¿Por qué?
  2. ¿Nos sentimos perdonados por Dios? ¿Por qué?
  3. Según nuestra experiencia: ¿Por qué nos cuesta tanto perdonar a los que nos ofenden o hacen el mal?

 

 



[1] Tomado de: ¿PREDICAR EN LA MONTAÑA O CENAR CON MERETRlCES? De J. POHIER (en http://www.pastoralsida.com.ar/estudiosbiblicos/predicar_en_la_montana.htm#_ftn2)  que cita a J. Jeremías, Teología del Nuevo Testamento, Salamanca 1974.


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viernes, 11 de junio de 2010

Sábado 12 – Memoria Obligatoria: El corazón Inmaculado de María – Blanco / Misa: de la memoria – Liturgia de las horas: de la memoria. 1as vísperas del 11° domingo durante el año.

 

Primera lectura 

Lectura del libro del profeta Isaías 61, 9–11 

Él me vistió con las vestiduras de la salvación, como una esposa que se adorna con sus joyas

9Su descendencia será conocida entre las naciones, y sus vástagos, en medio de los pueblos: todos los que los vean, reconocerán que son la estirpe bendecida por el Señor. 10Yo desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en mi Dios. Porque él me vistió con las vestiduras de la salvación y me envolvió con el manto de la justicia, como un esposo que se ajusta la diadema y como una esposa que se adorna con sus joyas. 11Porque así como la tierra da sus brotes y un jardín hace germinar lo sembrado, así el Señor hará germinar la justicia y la alabanza ante todas las naciones.

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial 

Salmo responsorial: 1° Samuel 2, 1. 4–8 

R¡Mi corazón se regocija en el Señor, mi salvador!

1Mi corazón se regocija en el Señor, tengo la frente erguida gracias a mi Dios. Mi boca se ríe de mis enemigos, porque tu salvación me ha llenado de alegría. R.

4El arco de los valientes se ha quebrado, y los vacilantes se ciñen de vigor; 5los satisfechos se contratan por un pedazo de pan, y los hambrientos dejan de fatigarse; la mujer estéril da a luz siete veces, y la madre de muchos hijos se marchita. R.

6El Señor da la muerte y la vida, hunde en el Abismo y levanta de él. 7El Señor da la pobreza y la riqueza, humilla y también enaltece. R.

8El levanta del polvo al desvalido y alza al pobre de la miseria, para hacerlos sentar con los príncipes y darles en herencia un trono de gloria; porque del Señor son las columnas de la tierra y sobre ellas afianzó el mundo. R.

 

O DE LA FERIA


Primera lectura 

Lectura del primer libro de los Reyes 19, 19–21 

Déjame besar a mi padre y a mi madre; luego te seguiré

19Elías partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando. Delante de él había doce yuntas de bueyes, y él iba con la última. Elías pasó cerca de él y le echó encima su manto. 20Eliseo dejó sus bueyes, corrió detrás de Elías y dijo: "Déjame besar a mi padre y a mi madre; luego te seguiré". Elías le respondió: "Sí, puedes ir. ¿Qué hice yo para impedírtelo?" 21Eliseo dio media vuelta, tomó la yunta de bueyes y los inmoló. Luego, con los arneses de los bueyes, asó la carne y se la dio a su gente para que comieran. Después partió, fue detrás de Elías y se puso a su servicio.

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial 

Salmo responsorial 15, 1–2. 5.  7–10 

R¡Tú eres la parte de mi herencia, Señor!

1Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti. 2Yo digo al Señor: “Señor, tú eres mi bien”. 5El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡tú decides mi suerte! R.

7Bendeciré al Señor que me aconseja, ¡hasta de noche me instruye mi conciencia! 8Tengo siempre presente al Señor: él está a mi lado, nunca vacilaré. R.

9Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro: 10porque no me entregarás la Muerte ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R.


Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas (2, 41–51)

Su madre conservaba estas cosas en su corazón

41Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. 42Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, 43y acababa la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. 44Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. 45Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él. 46Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 47Y todos los que los oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. 48Al ver, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados". 49Jesús les respondió: "¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?". 50Ellos no entendieron lo que les decía. 51El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón.

Palabra del Señor.

Comentario:


La historia de la devoción del Inmaculado Corazón se inicia en el siglo XVII, como consecuencia del movimiento espiritual que procedía de San Juan Eudes.

Más adelante, en diciembre del año 1925 la Virgen Santísima se le apareció a Lucía Martos, vidente de Fátima, y le prometió asistir a la hora de la muerte, con las gracias necesarias para la salvación, a todos aquellos que en los primeros sábados de cinco meses consecutivos, se confesasen, recibieran la Sagrada Comunión, rezasen una tercera parte del Rosario, con la intención de darle reparación.

En la tercera aparición de Fátima, Nuestra Madre le dijo a Lucía: "Nuestro Señor quiere que se establezca en el mundo la devoción al Corazón Inmaculado. Si se hace lo que te digo se salvarán muchas almas y habrá paz; terminará la guerra.... Quiero que se consagre el mundo a mi Corazón Inmaculado y que en reparación se comulgue el primer sábado de cada mes.... Si se cumplen mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz.... Al final triunfará mi Corazón Inmaculado y la humanidad disfrutará de una era de paz."

En un diálogo entre Lucía y Jacinta, ella, de diez años, dijo a Lucía: "A mí me queda poco tiempo para ir al Cielo, pero tú te vas a quedar aquí abajo para dar a conocer al mundo que nuestro Señor desea que se establezca en el mundo la devoción al Corazón Inmaculado de María".

"Diles a todos que pidan esta gracia por medio de ella y que el Corazón de Jesús desea ser venerado juntamente con el Corazón de su Madre. Insísteles en que pidan la paz por medio del Inmaculado Corazón de María, pues el Señor ha puesto en sus manos la paz del mundo."

El Papa Pío XII, el 31 de Octubre de 1942, al clausurarse la solemne celebración en honor de las Apariciones de Fátima, conforme al mensaje de éstas, consagró el mundo al Inmaculado Corazón de María.

Asimismo, el 4 de mayo de 1944 el Santo Padre instituyó la fiesta del Inmaculado Corazón de María, que comenzó a celebrarse el 22 de Agosto. Ahora tiene lugar el Sábado siguiente al Segundo Domingo de Pentecostés..


Meditemos:

 

  1. ¿Qué guardamos en nuestro corazón?
  2. ¿Qué relación tengo con la Madre de Jesús? ¿Qué significa para mí?

 


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jueves, 10 de junio de 2010

Viernes 11 – Solemnidad: SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS – Blanco / Misa: Propio. Gloria. Credo. Prefacio propio – Liturgia de las horas: Propio. Hoy no es día penitencial. Este año no tiene lugar la memoria de san Bernabé.


Primera lectura 

Lectura de la profecía de Ezequiel 34, 11–16

Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las llevaré a descansar

11Porque así habla el Señor: ¡Aquí estoy yo! Yo mismo voy a buscar mi rebaño y me ocuparé de él. 12Como el pastor se ocupa de su rebaño cuando está en medio de sus ovejas dispersas, así me ocuparé de mis ovejas y las libraré de todos los lugares donde se habían dispersado, en un día de nubes y tinieblas. 13Las sacaré de entre los pueblos, las reuniré de entre las naciones, las traeré a su propio suelo y las apacentaré sobre las montañas de Israel, en los cauces de los torrentes y en todos los poblados del país. 14Las apacentaré en buenos pastizales y su lugar de pastoreo estará en las montañas altas de Israel. Allí descansarán en un buen lugar de pastoreo, y se alimentarán con ricos pastos sobre las montañas de Israel. 15Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las llevaré a descansar -oráculo del Señor-. 16Buscaré a la oveja perdida, haré volver a la descarriada, vendaré a la herida y curaré a la enferma, pero exterminará a la que está gorda y robusta. Yo las apacentaré con justicia.

Palabra de Dios


Salmo Responsorial 

Salmo responsorial 23 (22), 1–6 

R. ¡El Señor es mi pastor, nada me puede faltar!

1El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. 2El me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas 3y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre. 4Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

5Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. R.

6Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo. R.


Segunda lectura 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 5, 5–11

Cristo, en el tiempo señalado, murió por los pecadores

5Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado. 6En efecto, cuando todavía éramos débiles, Cristo, en el tiempo señalado, murió por los pecadores. 7Difícilmente se encuentra alguien que dé su vida por un hombre justo; tal vez alguno sea capaz de morir por un bienhechor. 8Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores. 9Y ahora que estamos justificados por su sangre, con mayor razón seremos librados por él de la ira de Dios. 10Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más ahora que estamos reconciliados, seremos salvados por su vida. 11Y esto no es todo: nosotros nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien desde ahora hemos recibido la reconciliación.

Palabra de Dios


Evangelio 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 15, 3–7

Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido

3Jesús les dijo entonces esta parábola: 4"Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? 5Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, 6y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido". 7Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse".

Palabra del Señor.


Comentario:

 

El Sagrado Corazón es el nombre utilizado por los católicos para referirse al corazón físico de Jesús de Nazaret, como un símbolo de amor divino. La devoción al Sagrado Corazón al enfocarse en el corazón de Jesús, de forma metafórica se refiere a la vida emocional y moral de Jesús, especialmente a su amor por la humanidad. Esta devoción está íntimamente ligada a la devoción a la Divina Misericordia.

También se refiere al concepto Cristiano del amor y adoración a Jesús. En la mayoría de las imágenes el Corazón de Jesús se visualiza con una corona de espinas y heridas hacia las que Jesús señala. Este corazón herido simboliza el dolor de Cristo cuando la humanidad rechaza el mensaje de salvación para la humanidad que trae la palabra de Dios. Al incluir la corona de espinas, hace alusión a la forma en que Cristo murió, la cual se hace más evidente al observar las heridas en las manos de Cristo. Por lo tanto esta imagen se refiere a la de Cristo Resucitado.

La devoción al Corazón de Jesús tiene un origen medieval, siendo los escritos de santa Matilde de Hackeborn, santa Gertrudis de Helfta y la beata Ángela de Foligno uno de los testimonios más antiguos. Sin embargo la fuente más importante de la devoción en la forma en que la conocemos ahora, fue Santa Margarita María Alacoque de la Orden de la Visitación de Santa María, a quien Jesús se le apareció. En estas apariciones Jesús le dijo que quienes oraran con devoción al Sagrado Corazón, recibirían algunas gracias divinas. El confesor de Santa Margarita María Alacoque fue San Claudio de la Colombière, quién creyendo en las revelaciones místicas que recibía, propagó la devoción. Los jesuitas propagarón la devoción por el mundo a través de los miembros de la compañía,los libros de los jesuitas Juan Croisset y José de Gallifet fueron fundamentales para esta difusión. A pesar de las controversias y de los opositores, entre ellos los jansenistas. Mas los fieles confiaron en la promesa que Jesús hizo a la Santa: "Mi Corazón reinara a pesar de mis enemigos"'.

A mediados del Siglo XX, el capuchino Italiano San Padre Pío de Pietrelcina, y el Beato León Dehon promovieron y revivieron el concepto de la oración dirigida al Sagrado Corazón de Jesús. Tomado de www.wikipedia.org, vista el 13-06-09.

 

Meditemos:

  1. ¿Qué significa esta devoción en mi vida?
  2. Los sentimientos: ¿Se los entregué a Dios? ¿Mi “corazón” es de Jesús?

 

 


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miércoles, 09 de junio de 2010

Jueves 10 – Feria – Verde / Misa: de la feria– Liturgia de las horas: de la feria.


Primera lectura

Lectura del primerlibro de los Reyes 18, 1–20. 41–36

El cielo se oscureció cada vez más por las nubes y el viento, y empezó allover copiosamente

1Al tercer año de la sequía, la palabra del Señor llegó a Elías, en estostérminos: "Ve a presentarte a Ajab, y yo enviaré lluvia a la superficiedel suelo". 2Entonces Elías partió para presentarse ante Ajab.Como apretaba el hambre en Samaría. 1Re 18:41 Elías dijo a Ajab: "Sube a comer y a beber, porque ya se percibe elruido de la lluvia". 42Ajab subió a comer y a beber, mientrasElías subía a la cumbre del Carmelo. Allí se postró en tierra, con el rostroentre las rodillas. 43Y dijo a su servidor: "Sube y mira haciael mar". El subió, miró y dijo: "No hay nada". Elías añadió:"Vuelve a hacerlo siete veces". 44La séptima vez, elservidor dijo: "Se eleva del mar una nube, pequeña como la palma de unamano". Elías dijo: "Ve a decir a Ajab: Engancha el carro y baja, paraque la lluvia no te lo impida". 45El cielo se oscureció cadavez más por las nubes y el viento, y empezó a llover copiosamente. Ajab subió asu carro y partió para Izreel. 46La mano del Señor se posó sobreElías; él se ató el cinturón y corrió delante de Ajab hasta la entrada de Izreel.

Palabra de Dios


Salmo Responsorial

Salmo responsorial 65(64), 10–13

R. ¡Tealabamos, Señor, y bendecimos tu Nombre!

10Visitas la tierra, la haces fértil y la colmas deriquezas; los canales de Dios desbordan de agua, y así preparas sus trigales. R.

11Riegas los surcos de la tierra, emparejas susterrones; la ablandas con aguaceros y bendices sus brotes. R.

12Tú coronas el año con tus bienes, y a tu paso rebosala abundancia; 13rebosan los pastos del desierto y las colinas seciñen de alegría. R.


Evangelio

Lectura del santoEvangelio según San Mateo 5, 20–26

Deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano

20Les aseguro que si la justicia de ustedes no essuperior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de losCielos. 21Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: "Nomatarás", y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. 22Peroyo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece sercondenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigadopor el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego. 23Porlo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermanotiene alguna queja contra ti, 24deja tu ofrenda ante el altar, ve areconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. 25Tratade llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando conél, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y tepongan preso. 26Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayaspagado el último centavo.

Palabra del Señor.


Comentario:

 

Aquí comienzan las oposiciones “Ustedes han escuchado... pero yo les digo”.Esta fórmula se repetirá seis veces. Jesús alude a la lectura bíblica que sehacía cada sábado en las sinagogas. Al igual que se hace actualmente en laIglesia, tenía sus pasajes asignados para cada semana. Se escuchaba el textohebreo o se lo traducía al arameo, la lengua popular, y los dirigentes de lasinagoga o los invitados ocasionales hacían el comentario. Jesús se había dadoa conocer tomando la palabra en esas asambleas y es muy probable que más de unavez haya dicho Ustedes acaban de oír, pero yo les digo..., pues "hablabacon autoridad" (Mt 7,29).  

Jesús no cuestiona las exigencias de la Biblia ni se contenta tampoco conhacer un comentario de ellas; la ley de Cristo es un llamado a la purificacióndel corazón, es decir, de nuestras intenciones y deseos. Es una nueva lucidezque nace de una mirada puesta en Dios. Cuando nos volvemos hacia el Padre (yesa es la gran novedad imitar a Dios-Padre 5,48) descubrimos cuán imperfectosson los criterios humanos de moralidad.

Dejemos, pues, de llamar solamente pecado a aquello que los hombres notany condenan. Mis pecados son los malos pensamientos y deseos que alimento en miinterior y que producen malos frutos cuando se presenta la ocasión. Jesúsvolverá sobre este punto en 12, 34. 26. Hasta que hayas pagado hasta el últimocentavo. Reparar el mal no es solamente devolver lo que me había llevado.También es ver por qué tengo una personalidad tan poco firme que me dejo llevarpor cualquier deseo, y cómo podré afirmar mi voluntad. A menudo reconocemos quesomos fríos para amar a Dios, poco perseverantes en el camino del bien. Este esel resultado de muchos pecados y maldades cometidos a lo largo de los años.Hemos logrado olvidarlos, pero no hemos reparado los daños que hicieron anuestra conciencia. Si no nos purificamos en la vida presente, seremospurificados después de la muerte, y la Iglesia usa la palabra Purgatorio paradesignar esta purificación dolorosa. La transformación que deberá operarse ennosotros (1 Cor 15, 51) no podrá hacerse sin que el Espíritu haya quemado lasraíces mismas del mal hasta convertirlas en polvo (Mt 3,11).


Meditemos:

 

  1. ¿En qué situaciones he dañado a mis hermanos? ¿Por qué?
  2. ¿Cuáles son los modos por los cuáles purifico y perfecciono mi personalidad?

 

 


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martes, 08 de junio de 2010

Miércoles 09 – Feria (o Memoria Libre: San Efrén, diácono y doctor de la Iglesia – Blanco) – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección.


Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 18, 20–39

¡El Señor es Dios! ¡El Señor es Dios!

20Ajab mandó buscar a todos los israelitas y reunió a los profetas sobre el monte Carmelo. 21Elías se acercó a todo el pueblo y dijo: "¿Hasta cuándo van a andar rengueando de las dos piernas? Si el Señor es Dios, síganlo; si es Baal, síganlo a él. Pero el pueblo no le respondió ni una palabra. 22Luego Elías dijo al pueblo: "Como profeta del Señor, he quedado yo solo, mientras que los profetas de Baal son cuatrocientos cincuenta. 23Traigamos dos novillos; que ellos se elijan uno, que lo despedacen y lo pongan sobre la leña, pero sin prender fuego. Yo haré lo mismo con el otro novillo: lo pondré sobre la leña y tampoco prenderé fuego. 24Ustedes invocarán el nombre de su dios y yo invocaré el nombre del Señor: el dios que responda enviándome fuego, ese es Dios". Todo el pueblo respondió diciendo: "¡Está bien!". 25Elías dijo a los profetas de Baal: "Elíjanse un novillo y prepárenlo ustedes primero, ya que son los más numerosos; luego invoquen el nombre de su dios, pero no prendan fuego". 26Ellos tomaron el novillo que se les había dado, lo prepararon e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: "¡Respóndenos, Baal!". Pero no se oyó ninguna voz ni nadie que respondiera. Mientras tanto, danzaban junto al altar que habían hecho. 27Al mediodía, Elías empezó a burlarse de ellos, diciendo: "¡Griten bien fuerte, porque es un dios! Pero estará ocupado, o ausente, o se habrá ido de viaje. A lo mejor está dormido y se despierta". 28Ellos gritaron a voz en cuello y, según su costumbre, se hacían incisiones con cuchillos y punzones, hasta chorrear sangre. 29Y una vez pasado el mediodía, se entregaron al delirio profético hasta la hora en que se ofrece la oblación. Pero no se oyó ninguna voz, ni hubo nadie que respondiera o prestara atención. 30Entonces Elías dijo a todo el pueblo: "¡Acérquense a mí!". Todo el pueblo se acercó a él, y él restauró el altar del Señor que había sido demolido: 31tomó doce piedras, conforme al número de los hijos de Jacob, a quien el Señor había dirigido su palabra, diciéndole: "Te llamarás Israel", 32y con esas piedras erigió un altar al nombre del Señor. Alrededor del altar hizo una zanja, como un surco para dos medidas de semilla. 33Luego dispuso la leña, despedazó el novillo y lo colocó sobre la leña. 34Después dijo: "Llenen de agua cuatro cántaros y derrámenla sobre el holocausto y sobre la leña". Así lo hicieron. El añadió: "Otra vez". Lo hicieron por segunda vez, y él insistió: "Una vez más". Lo hicieron por tercera vez. 35El agua corrió alrededor del altar, y hasta la zanja se llenó de agua. 36A la hora en que se ofrece la oblación, el profeta Elías se adelantó y dijo: "¡Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel! Que hoy se sepa que tú eres Dios en Israel, que yo soy tu servidor y que por orden tuya hice todas estas cosas. 37Respóndeme, Señor, respóndeme, para que este pueblo reconozca que tú, Señor, eres Dios, y que eres tú el que les ha cambiado el corazón". 38Entonces cayó el fuego del Señor: Abrazó el holocausto, la leña, las piedras y la tierra, y secó el agua de la zanja. 39Al ver esto, todo el pueblo cayó con el rostro en tierra y dijo: "¡El Señor es Dios! ¡El Señor es Dios!".

Palabra de Dios


Salmo Responsorial

Salmo responsorial 16 (15), 1-2. 5. 8. 11

R. ¡Protégeme, Dios mío, porque me refugio en tí!

1Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti. 2Yo digo al Señor: "Señor, tú eres mi bien". R.

5El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡tú decides mi suerte! 8Tengo siempre presente al Señor: él está a mi lado, nunca vacilaré. R.

11Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha. R.


Evangelio

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 5, 17-19

No he venido a abolir, sino a dar plenitud

Jesús dijo a sus discípulos: 17No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. 18Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. 19El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

Palabra del Señor.


Comentario:

 

Toda esa tremenda legislación se convirtió en una carga demasiado pesada. Los mismos judíos experimentan esta casi insuperable dificultad. Ser un hombre perfecto, como Dios lo quiere, sin estar unido verdaderamente a Dios desde el interior, es una tarea imposible.

Los actos externos, el culto, los ritos y todos los sacrificios, no pueden todo unido llegar al valor de un simple acto de contrición, de una simple y sencilla oración que nace del corazón y que diga: “Señor, ten piedad de mí, porque soy un pecador”... “un corazón contrito y humillado tú, Oh Dios, no lo desprecias”, dice el salmo. Cuántos se habían olvidado de esto en aquellos tiempos, y cuántos hoy pensamos que para tranquilizar la conciencia basta un acto externo, una limosna, o ni siquiera eso... Hemos adaptado tanto a nuestro antojo la ley de Dios que su contenido casi ha desaparecido o nos contentamos con “decir algo a Dios de vez en cuando”...

El camino de una verdadera conversión interior, es el de un leal esfuerzo por interiorizar nuestra experiencia y relación con Él, pero sin dejar de aprovechar las riquezas espirituales de la Iglesia, sobre todo a través de los sacramentos. Ahí encontraremos al Señor siempre que le busquemos. Su espíritu está ahí presente y actúa por encima de las instituciones y de las personas... “yo estaré con vosotros hasta el final del mundo”.... tomado de http://www.es.catholic.net/aprendeaorar/103/477/articulo.php?id=6292, vista el 30-05-09.


Meditemos:

 

  1. ¿Soy de los que observa los mandamientos de Dios y la Iglesia?
  2. ¿Cuáles de estas normas me parecen que no deberían cumplirse? ¿Por qué?

 


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lunes, 07 de junio de 2010
DOMINGO XI – 17 de Junio de 2007

Martes 08 – Feria – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: de la feria.


Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 17, 7–16

El tarro de harina no se agotará ni el frasco de aceite se vaciará

7Pero, al cabo de un tiempo, el torrente se secó porque no había llovido en la región. 8Entonces la palabra del Señor llegó a Elías en estos términos: 9"Ve a Sarepta, que pertenece a Sidón, y establécete allí; ahí yo he ordenado a una viuda que te provea de alimento". 10El partió y se fue a Sarepta. Al llegar a la entrada de la ciudad, vio a una viuda que estaba juntando leña. La llamó y le dijo: "Por favor, tráeme en un jarro un poco de agua para beber". 11Mientras ella lo iba a buscar, la llamó y le dijo: "Tráeme también en la mano un pedazo de pan". 12Pero ella respondió: "¡Por la vida del Señor, tu Dios! No tengo pan cocido, sino sólo un puñado de harina en el tarro y un poco de aceite en el frasco. Apenas recoja un manojo de leña, entraré a preparar un pan para mí y para mi hijo; lo comeremos, y luego moriremos". 13Elías le dijo: "No temas. Ve a hacer lo que has dicho, pero antes prepárame con eso una pequeña galleta y tráemela; para ti y para tu hijo lo harás después. 14Porque así habla el Señor, el Dios de Israel: El tarro de harina no se agotará ni el frasco de aceite se vaciará, hasta el día en que el Señor haga llover sobre la superficie del suelo". 15Ella se fue e hizo lo que le había dicho Elías, y comieron ella, él y su hijo, durante un tiempo. 16El tarro de harina no se agotó ni se vació el frasco de aceite, conforme a la palabra que había pronunciado el Señor por medio de Elías.

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial

Salmo responsorial 4, 2–5. 7–8

R¡Muéstranos, Señor, la luz de tu rostro!

2Respóndeme cuando te invoco, Dios, mi defensor, tú, que en la angustia me diste un desahogo: ten piedad de mí y escucha mi oración. 3Y ustedes, señores, ¿hasta cuándo ultrajarán al que es mi Gloria, amarán lo que falso y buscarán lo engañoso? R.

4Sepan que el Señor hizo maravillas por su amigo: él me escucha siempre que lo invoco. 5Tiemblen, y no pequen más; reflexionen en sus lechos y guarden silencio. R.

7Hay muchos que preguntan: "¿Quién nos mostrará la felicidad, si la luz de tu rostro, Señor, se ha alejado de nosotros?". 8Pero tú has puesto en mi corazón más alegría que cuando abundan el trigo y el vino. 9Me acuesto en paz y en seguida me duermo, porque sólo tú, Señor, aseguras mi descanso. R.

 

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 5, 13-16

Ustedes son la luz del mundo

13Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres. 14Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. 15Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. 16Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.

Palabra del Señor.


Comentario:

 

Jesús acaba de designar a los que han sido llamados para el Reino. En primer lugar les mostrará cual es su misión. La Iglesia es sal y luz   Los judíos no se fijaban tanto en que la sal da sabor, sino en que conserva los alimentos. Alianza de sal era la alianza de Dios con los sacerdotes, por cuanto era duradera y aseguraba la permanencia del pueblo elegido por Dios (Núm 18,19). Así, pues, los discípulos de Jesús son sal de la tierra porque ellos hacen entrar el mundo en la alianza de Dios. Deben mantener en el mundo las inquietudes por la justicia verdadera y, con esto, impedir que las sociedades humanas se estanquen en la mediocridad.   El mundo por sí mismo no sabe para qué lo llama Dios, y los que se presentan como luces no lo serán jamás si no se hacen discípulos. Pero a ustedes que no son salvadores ni los mejores del mundo, Dios los ha elegido para que sean esa minoría por cuyo intermedio él se dará a conocer. A ustedes y también a la Iglesia les sucederán muchas cosas que tal vez les disgusten, pero serán para el mundo una señal de Dios. Comentario de la Biblia Latinoamérica, 1995.


Meditemos:

 

  1. ¿En qué cosas me considero sal y luz del mundo?
  2. Reflexionemos sobre el versículo 16: ¿A qué nos invita?

 


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DOMINGO XI – 17 de Junio de 2007

Lunes 07 – Feria – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección. 2° semana para el Salterio.


Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 17, 1–6

¡Por la vida del Señor, el Dios de Israel, a quien yo sirvo, no habrá estos años rocío ni lluvia, a menos que yo lo diga!

1Elías el tisbita, de Tisbé en Galaad, dijo a Ajab: "¡Por la vida del Señor, el Dios de Israel, a quien yo sirvo, no habrá estos años rocío ni lluvia, a menos que yo lo diga!". 2La palabra del Señor le llegó en estos términos: 3"Vete de aquí; encamínate hacia el Oriente y escóndete junto al torrente Querit, que está al este del Jordán. 4Beberás del torrente, y yo he mandado a los cuervos que te provean allí de alimento". 5El partió y obró según la palabra del Señor: fue a establecerse junto al torrente Querit, que está al este del Jordán. 6Los cuervos le traían pan por la mañana y carne por la tarde, y él bebía del torrente.

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial

Salmo responsorial 121 (120), 1–8

R. ¡Nuestra ayuda nos viene del Señor! 

1Levanto mis ojos a las montañas: ¿de dónde me vendrá la ayuda? 2La ayuda me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. R.

3El no dejará que resbale tu pie: ¡tu guardián no duerme! 4No, no duerme ni dormita el guardián de Israel. R.

5El Señor es tu guardián, es la sombra protectora a tu derecha: 6de día, no te dañará el sol, ni la luna de noche. R.

7El Señor te protegerá de todo mal y cuidará tu vida. 8El te protegerá en la partida y el regreso, ahora y para siempre. R.

 

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 5, 1–12

Dichosos los pobres en el espíritu

1Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. 2Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo: 3"Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. 4Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. 5Felices los afligidos, porque serán consolados. 6Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. 7Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. 8Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. 9Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. 10Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. 11Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. 12Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron.

Palabra del Señor.


Comentario:

- Te has preguntado: ¿Qué es lo que el hombre desea y busca siempre? Es la FELICIDAD, todos queremos ¨ser felices¨ y pensamos que encontraremos la felicidad en el tener más cosas, en la diversión, en el éxito, en la fama, en la comodidad... Verás lo que Jesús nos dice:

LAS BIENAVENTURANZAS

- Jesús se dio cuenta cuando vino al mundo, que los hombres estamos EQUIVOCADOS, que andamos buscando la felicidad donde no está.

Es por ello que un día subió a la montaña y habló a todas las personas que le seguían sobre LAS BIENAVENTURANZAS, explicándoles que la felicidad no está en el tener, el dominar, el disfrutar... sino en algo muy diferente: EN AMAR Y SER AMADO.

LA ÚNICA Y VERDADERA FELICIDAD

- Fíjate que la única y verdadera felicidad no está en la tierra sino en EL CIELO, en llegar a estar junto a Dios para siempre. Jesús te dice en LAS BIENAVENTURANZAS, quiénes son los que deben sentirse bienaventurados, es decir AFORTUNADOS Y FELICES, porque van en el camino correcto para llegar al cielo.

- Jesús habló de 9 bienaventurados, veamos quienes son:

1) BIENAVENTURADOS LOS POBRES, POR QUE DE ELLOS ES EL REINO DE DIOS.

- El ¨ pobre¨ para Jesús, no es aquél que no tiene cosas, sino más bien aquél que no tiene su corazón puesto en las cosas.

- Fíjate la diferencia: Puedes ser una persona que no tenga cosas materiales pero que no más estás pensando en lo que no tienes y en lo que quieres tener. Entonces no eres ¨pobre de corazón¨. En cambio puedes ser una persona que sí tenga cosas pero que tu mente está puesta en agradar a Dios, en trabajar por El, en ayudar a otros, en dar tu tiempo y compartir tus bienes.

- Cuando no vives ocupado de lo que tienes, cuando no eres ambicioso, envidioso, presumido, cuando confías en Dios y no en el dinero, entonces ¡eres LIBRE, eres FELIZ!

2) BIENAVENTURADOS LOS MANSOS POR QUE ELLOS POSEERÁN LA TIERRA.

- No es fácil entender como Cristo te pide que seas MANSO, cuando el mundo es violento, cuando para los hombres, el importante es el más fuerte, el más poderoso.

- Ser MANSO significa ser bondadoso, tranquilo, paciente y humilde.

Ser manso no es ser menso, el manso es suave por afuera pero fuerte en lo que cree por dentro.

- ¨Poseerán la tierra¨ quiere decir que poseerán la ¨tierra prometida¨ que es el Cielo, o sea que llegarán al cielo.

3) BIENAVENTURADOS LOS QUE LLORAN, PORQUE ELLOS SERÁN CONSOLADOS.

- Hay personas que tienen muchos sufrimientos en esta vida y todos pensamos ¡Pobrecito! Pues Cristo dice: Feliz el que sufre, porque ese dolor bien llevado le ayudará a llegar más fácilmente al cielo. Si unes tu sufrimiento a de Cristo, ayudas a tu propia salvación y a la de otros hombres.

- Hay 3 pasos en eso de llevar el dolor:

a) Primero súfrelo con paciencia. b) Luego trata de llevarlo ¨con gusto¨. c) Lo mejor, sería ofrecerlo a Dios por amor.

4) BIENAVENTURADOS LOS QUE TIENEN HAMBRE Y SED DE JUSTICIA, PORQUE ELLOS SERÁN SACIADOS.

- Dios sabe que desgraciadamente en este mundo, los hombres cometen muchas injusticias con otros hombres: meten preso al inocente, culpan al que no hizo nada, no pagan lo que el otro en justicia merece, roban al otro lo que le pertenece, agreden y hasta matan al inocente.

¡Cuántas injusticias conocemos! Tu mismo has sufrido injusticias... Cristo no te dice: busca que se te haga justicia, véngate, desquítate... sino que te dice: ¡alégrate, que ya Dios será justo en premiarte en el cielo por lo que has pasado aquí en la tierra!

5) BIENAVENTURADOS LOS MISERICORDIOSOS, PORQUE ELLOS ALCANZARAN MISERICORDIA.

- Ser misericordioso significa PERDONAR a los demás, sí... perdonar aunque sea ¨grande¨ lo que te hayan hecho, aunque te haya dolido tanto, aunque tengas ganas de odiarlos en vez de perdonarlos. Perdonar cuesta mucho, pero es lo que Dios te pide que hagas. Dios mismo te pone el ejemplo: siempre te perdona, aunque lo ofendas en lo mismo, aunque lo ofendas en cosas muy serias.... siempre te recibe con los brazos abiertos.

- Jesús te pone una condición muy seria: el que perdone será perdonado, el que no lo haga no será perdonado.

- Piensa ¿a quién no he perdonado? , no pienses en lo que te hizo, piensa en que amas mucho a Dios y porque El te lo pide lo perdonarás. ¡Dios te premiará perdonándote a ti cuando llegues a su presencia!

6) BIENAVENTURADOS LOS LIMPIOS DE CORAZÓN PORQUE ELLOS VERÁN A DIOS.

- Tu corazón estará ¨LIMPIO¨ cuando no haya en él ningún pecado. Cuando pecas, te ¨separas¨ de Dios por voluntad tuya. Cuida mucho la limpieza de tu corazón, que no te valga ensuciarlo, esto es cosa muy seria, puede costarte no entrar al cielo.

- Haz la costumbre de confesarte seguido y sobretodo de pensarlo muy bien antes de hacer algo que tú sabes que lo ensuciará.

7) BIENAVENTURADOS LOS PACÍFICOS PORQUE ELLOS SERÁN LLAMADOS HIJOS DE DIOS.

- Jesús dice que debes buscar siempre la PAZ: la paz en tu trato con los demás (no andarte peleando con todos y por todo), la paz en tu hogar (llevándote bien con tu familia).

- Para aquellas personas que creen que con levantamientos, con armas, con sangre van a lograr justicia. Este no es el camino para lograrlo Cristo repite estas palabras:

¨Bienaventurados los pacíficos...¨

8) BIENAVENTURADOS LOS PERSEGUIDOS POR CAUSA DE LA JUSTICIA, PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS.

- Hay muchas personas presas, perseguidas por la ley. Unas culpables.... otras inocentes. Pues Jesús les dice que si se arrepienten, Él los perdonará y podrán entrar al cielo.

- Debes rezar mucho por estas personas, para que Dios los ayude a convertirse, para que se arrepientan del mal que han hecho, para que pidan perdón a Dios y puedan salvarse.

9) BIENAVENTURADOS SERAN CUANDO POR CAUSA MIA, LOS INSULTEN Y DIGAN TODA CLASE DE CALUMNIAS CONTRA USTEDES, ALÉGRENSE Y REGOCÍJENSE, PORQUE SU RECOMPENSA SERÁ GRANDE EN LOS CIELOS.

- Si alguna vez hablan mal, se burlan de ti, te señalan porque eres bueno, porque respetas los mandamientos de Dios, porque rezas, porque hablas de Jesús, porque defiendes lo que Jesús nos enseñó... ¡Alégrate, Dios tiene preparado para ti un gran premio en el cielo! Tomado de http://www.laverdadcatolica.org/F33.htm, vista el 30-05-2009.


Meditemos:

 

  1. ¿Con cuál bienaventuranza me identifico más? ¿Por qué?
  2. ¿Cuál de ellas está más lejos de cumplirse en mí?

 


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sábado, 05 de junio de 2010

Domingo 06 – EL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO – Blanco / Misa: del Propio. Gloria. Credo – Liturgia de las horas: del Propio. 10ma semana durante el año.


Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis (14, 18–20)

Melquisedec, rey de Salem, que era sacerdote de Dios, el Altísimo, hizo traer pan y vino

En aquellos días: 18Melquisedec, rey de Salem, que era sacerdote de Dios, el Altísimo, hizo traer pan y vino, 19y bendijo a Abram, diciendo: "¡Bendito sea Abram de parte de Dios, el Altísimo, creador del cielo y de la tierra! 20¡Bendito sea Dios, el Altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos!". Y Abram le dio el diezmo de todo.

Palabra de Dios


Salmo Responsorial

Salmo 110 (109), 1–4

RTú eres Sacerdote para siempre, a la manera de Melquisedec.

1Dijo el Señor a mi Señor: "Siéntate a mi derecha, mientras yo pongo a tus enemigos como estrado de tus pies". R.

2El Señor extenderá el poder de tu cetro: "¡Domina desde Sión, en medio de tus enemigos!". R.

3"Tú eres príncipe desde tu nacimiento, con esplendor de santidad; yo mismo te engendré como rocío, desde el seno de la aurora". R.

4El Señor lo ha jurado y no se retractará: "Tú eres sacerdote para siempre, a la manera de Melquisedec". R.


Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto (11, 23–26)

Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes y esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre

23Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, 24dio gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía". 25De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: "Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memora mía". 26Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva.

Palabra de Dios.

 

Aleluya: Juan 6, 51

Aleluya. “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente”, dice el Señor. Aleluya.


Evangelio

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (9, 11–17)

Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas

11Jesús habló a la multitud del Reino de Dios y devolvió la salud a los que tenían necesidad de ser curados. 12Al caer la tarde, se acercaron los Doce y le dijeron: "Despide a la multitud, para que vayan a los pueblos y caseríos de los alrededores en busca de albergue y alimento, porque estamos en un lugar desierto". 13El les respondió: "Denles de comer ustedes mismos". Pero ellos dijeron: "No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente". 14Porque eran alrededor de cinco mil hombres. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos: "Háganlos sentar en grupos de cincuenta". 15Y ellos hicieron sentar a todos. 16Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que se los sirviera a la multitud. 17Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas.

Palabra del Señor.

Comentario:

 

Se acercaron los Doce y le dijeron: “Despide a la multitud, para que vayan a los pueblos y caseríos de los alrededores en busca de albergue y alimento, porque estamos en un lugar desierto”

Hay mucha gente buena que se acerca a colaborar. Muchas veces nos dan grandes ideas. Abundan los “deberían hacer tal cosa…”, todo, por supuesto, lleno de muy buenas intenciones. Pero: ¿Hasta qué punto eso sólo es calmar la propia conciencia? Parece que a los apóstoles les pasó lo mismo. Le ordenan a Jesús que despida a la gente (no lo hacen ellos), para que vayan a buscar albergue y alimento (no los proveen ellos) y dan las razones para ello. ¡Todo muy teórico! Saben que hacer y por qué hacerlo… pero lo tienen que hacer los demás. La falta de compromiso les lleva a escudarse en la razón, y la tienen, pero parecen burócratas de escritorio o políticos de café que hacen todo con el dedo: “¡Hay que hacer esto!”, “¡Tendrían que hacer lo otro!” Los peones se hicieron capataces y ni siquiera para mandar sirven. Saber lo que pasa no sirve de nada si no nos arremangamos y nos ponemos manos a la obra. “Obras son amores y no buenas razones”.

El les respondió: “Denles de comer ustedes mismos”.

Jesús no deja a sus discípulos en la teoría, “vamos a la práctica” parece estar diciéndoles. A veces somos así, queremos que las cosas cambien pero nosotros no movemos ni un dedo para que esto ocurra. El Reino de los Cielos no se construye con mandones y capataces, se hace con obreros dispuestos al servicio. Los amigos de Jesús no le gritan lo que quieren que él haga, comparten sus esfuerzos para ayudarle a hacerlo.

Pero ellos dijeron: “No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente”. Porque eran alrededor de cinco mil hombres.

La pobreza nuestra de cada día no tiene que limitarnos. Así como en las cosas naturales la imaginación e inteligencia suplen al dinero, así en las cosas de Dios la entrega y docilidad suplen la abundancia de bienes. Si sabemos dar lo poco que tenemos, Dios lo bendice multiplicándolo. Los discípulos son conscientes de su pobreza (“no tenemos más que…”) y ofrecen lo que pueden hacer (comprar alimentos) que, por otro lado, no solucionaría nada dada la gran cantidad de gente. Para nosotros también la pobreza y el hambre (en los dos sentidos: material y espiritual) nos desborda. Tratamos de “comprar alimentos” haciendo esfuerzos humanos, meritorios, pero insuficientes, para solucionar circunstancialmente problemas que son crónicos y coyunturales. Sin duda el “denles ustedes de comer” se hará realidad, pero con Dios como fuente siempre plena de recursos y la humanidad administrando esos dones que bajan del cielo.

Entonces Jesús les dijo a sus discípulos: “Háganlos sentar en grupos de cincuenta”. Y ellos hicieron sentar a todos.

La realidad supera a la imaginación, pero a la manera de Dios. Jesús no “despide” a nadie con las manos vacías y entregados a su suerte (como pedían los discípulos que hiciera), sino que, de manera inversa, los recibe. La impotencia humana frente a la emergencia es vencida por Jesús con la acción divina que convierte una situación de desánimo y despedida en una fiesta, en un banquete. Los hace sentar, nadie comerá “de parado”, no hay apuro ni apurados, no hay necesidad de atención para elegir la mejor parte, hay para todos y en abundancia. Los discípulos, mandones, se volvieron, por fin, obedientes. Cuando se acepta que Dios es el que tiene el “sartén por el mango” las cosas cambian, la impotencia humana se vuelve eficacia en el servicio. Dios hará el milagro, nosotros lo entregaremos a manos llenas.

Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que se los sirviera a la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas.

La metodología de Dios está marcada en estos dos versículos. Dios toma la exigua realidad que le presentamos entre sus manos. Cuando entregamos nuestra vida en manos de Dios las posibilidades de ser felices se multiplican hasta el infinito. Por eso hay que entregarle al Señor los cinco panes y los dos pescados y no el hambre de todo un pueblo. Mucha gente entrega todos los días sus problemas y dificultades a Dios, por eso las cosas no se solucionan y tampoco encuentran remedio a sus males. Entregan carencias, entregan ofuscación, entregan tristezas, en suma, entregan “hambre”. Hasta nosotros mismos les decimos: “entrégale tu problema a Dios…”, pensando que así los ayudamos. La verdad es que de la nada Dios saca nada y de lo poco Dios saca mucho. La cosa no está en darle “hambre” (nada) a Dios, está en darle “cinco panes y dos pescados” (lo poco que tenemos). La próxima vez que alguien nos cuente sus problemas no le digamos “entrégale tu problema a Dios…”, sino más bien: “entrégale tu vida, tu corazón a Dios…” ¡seguro que la solución divina no tardará en aparecer y lo hará en abundancia!

Los hombres de Iglesia no aprendimos a enseñar el camino, “ciegos que guían a otros ciegos” dice Jesús. Llenamos nuestras enseñanzas de términos psicológicos, sociológicos, teológicos, filosóficos, políticos, etc. Siempre está la búsqueda de soluciones “con los ojos en la tierra”, somos como hormiguitas: siempre laboriosas, pero mirando el más acá, la solución terrenal, el camino de la razón, la técnica o la astucia. Centramos nuestras esperanzas en “planes pastorales”, recetas de autoayuda o alguna devoción de moda. Pero: ¿Y si hacemos como Jesús que “levantando los ojos al cielo pronunció la bendición”? No es tan difícil, ¿cierto? ¡Hay que orar más! Las técnicas, los procedimientos pastorales, las soluciones científicas, son buenas pero sin ORACIÓN no sirven de nada. Si no está de acuerdo con esto mire el mundo que le vamos a dejar a nuestros hijos después de toda una humanidad de técnica y “progreso”. Lo malo no está en dar de comer el pan, lo malo está en no bendecidlo primero. Ore y haga, no al revés. Llegará el día en que seremos como los discípulos: sin hacer nada podremos repartirlo todo.

Este milagro es el único que está en los cuatro evangelios, es figura de la eucaristía, pan del cielo para todos los hombres. A nosotros, nos corresponde que no la recibamos en vano. A nosotros, que de los bienes recibidos (espirituales y materiales), hagamos una fiesta del encuentro, repartiéndolos a los que más necesitan de ellos. Amén.  

 

Meditemos:

 

  1. Ir a Misa todos los domingos y recibir la Eucaristía es algo muy bueno, pero: ¿Se nota en nuestra vida cotidiana que recibimos el Cuerpo del Señor? ¿Nos preocupamos de compartir con los más pobres?
  2. Jesús les dijo a sus discípulos: “Denles de comer ustedes mismos”: ¿Vale de algo lo poquito que tenemos? ¿Lo ponemos en las manos de Jesús para ayudar a los demás??

 

 


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Sábado 05 – Memoria Obligatoria: San Bonifacio, Obispo y mártir – Rojo / Misa: de la memoria – Liturgia de las horas: de la memoria. 1as vísperas de la Solemnidad.


Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (4, 1–8)

Proclama la Palabra de Dios, con paciencia incansable y con afán de enseñar

Querido hijo: 1Yo te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, y en nombre de su Manifestación y de su Reino: 2proclama la Palabra de Dios, insiste con ocasión o sin ella, arguye, reprende, exhorta, con paciencia incansable y con afán de enseñar. 3Porque llegará el tiempo en que los hombres no soportarán más la sana doctrina; por el contrario, llevados por sus inclinaciones, se procurarán una multitud de maestros 4que les halaguen los oídos, y se apartarán de la verdad para escuchar cosas fantasiosas. 5Tú, en cambio, vigila atentamente, soporta todas las pruebas, realiza tu tarea como predicador del Evangelio, cumple a la perfección tu ministerio. 6Yo ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se aproxima: 7he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe. 8Y ya está preparada para mí la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese Día, y no solamente a mí, sino a todos los que hay aguardado con amor su Manifestación.

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial

Salmo responsorial 71 (70), 8–9. 14–17. 22

R¡Mi boca anunciará tu salvación, Señor!

8Mi boca proclama tu alabanza y anuncia tu gloria todo el día. 9No me rechaces en el tiempo de mi vejez, no me abandones, porque se agotan mis fuerzas. R.

14Yo, por mi parte, seguiré esperando y te alabaré cada vez más. 15Mi boca anunciará incesantemente tus actos de justicia y salvación. R.

16Vendré a celebrar las proezas del Señor, evocaré tu justicia, que es sólo tuya. 17Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud, y hasta hoy he narrado tus maravillas. R.

22Entonces te daré gracias con el arpa, por tu fidelidad, Dios mío; te cantaré con la cítara, a ti, el Santo de Israel. R.


Evangelio

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 12, 38-44

Esa pobre viuda ha echado más que nadie

38Y él les enseñaba: "Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas 39y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes; 40que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad". 41Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia. 42Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre. 43Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo: "Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, 44porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir".

Palabra del Señor.

Comentario:

 

Escribas: En un principio, los sacerdotes eran a su vez escribas. (Esd 7, 1-6.) Sin embargo, se dio mucha importancia a que todos los judíos tuvieran conocimiento de la Ley. Los que estudiaron y obtuvieron una buena formación consiguieron el respeto del pueblo, y con el tiempo estos eruditos, muchos de los cuales no eran sacerdotes, formaron un grupo independiente. Por ello, en el tiempo de Jesús la palabra “escribas” designaba a una clase de hombres a quienes se había instruido en la Ley. Estos hicieron del estudio sistemático y de la explicación de la Ley su ocupación. Se les contaba entre los maestros de la Ley o los versados en ella. (Lc 5, 17; 11, 45.) Por lo general pertenecían a la secta religiosa de los fariseos, pues este grupo reconocía las interpretaciones o “tradiciones” de los escribas, que con el transcurso del tiempo habían llegado a ser un laberinto desconcertante de reglas minuciosas y técnicas. Los escribas se encontraban sobre todo en Jerusalén, aunque también se les podía hallar por toda Palestina y en otras tierras entre los judíos de la Diáspora. (Mt 15, 1; Mc 3, 22; compárese con Lc 5, 17). La gente respetaba a los escribas y los llamaba “Rabí” (gr. rhab·béi, “Mi Grande; Mi Excelso”; del heb. rav, que significa “muchos”, “grande”; era un título de respeto que se usaba para dirigirse a los maestros). Los escribas no solo eran responsables como “rabíes” de las aplicaciones teóricas de la Ley y de la enseñanza de esta, sino que también poseían autoridad judicial para dictar sentencias en tribunales de justicia. Había escribas en el tribunal supremo judío, el Sanedrín. (Mt 26, 57; Mc 15, 1). No recibían ningún pago por juzgar, y la Ley prohibía los regalos y los sobornos. (Tomado de http://es.wikipedia.org). Como vemos por la Palabra de Dios que hoy hemos leído, Jesús no tiene buena opinión de ellos. Los ve como aves de rapiña, como hipócritas, ostentosos. Su necesidad de ser importantes en la comunidad nos suena hoy a muchas personas que dentro de nuestra misma Iglesia actúan del mismo modo. Casi como un nuevo Miqueas (Miq 3, 1-4; véase también Miq 2, 2 y Ez 22, 25), Jesús, asume la tarea de denunciarlos frente a sus discípulos. La carta de Santiago también lamenta, ya en la Iglesia, esa costumbre tan perniciosa de poner a los ricos o “importantes” en los primeros lugares (Ver Sgo 2, 2-3). La viuda: La cara contrapuesta del escriba es la viuda que, a continuación, obra en silencio y ser vista (salvo por el ojo atento de Jesús) dando todo lo que posee al Templo. Este gesto inútil (las dos pequeñas monedas que ella entrega no alcanzan para mucho en comparación con los grandes billetes de aquellos que dan de lo que les sobra) no tiene valor por el uso que se le puede dar al dinero, sino por la actitud. Esa actitud de darle todo a Dios es la que siempre resalta la Biblia (véase Éx 35, 21-29) la cual denota no solo una gran generosidad de parte del donante, sino también una gran confianza, porque si no tengo más bienes ¿de dónde me vendrá el sustento sino de Dios mi Padre? La pobreza absoluta del donante se convierte en riqueza total porque es Dios quien bendice totalmente al que todo lo da (ver 2Cor 9, 6; Mt 10, 42). Aprendamos a ser generosos con todos nuestros bienes en nuestra relación con Dios ya que no se trata de aparentar o dar lo que sobra sino vivir conforme al don de hijos del Padre Dios. La viuda entendió perfectamente su relación de “hija” poniendo en el “arca” familiar todo lo que tenía, de tal modo que Dios no dejaría a su “hija” sin el sustento diario. Es cuestión de sinceridad y fe, lo demás es accesorio. Amén.

 

Meditemos:

 

  1. ¿Cuál es la actitud espiritual que tiene esa mujer?
  2. Nosotros: ¿Somos como ella? ¿Por qué?
  3. Según lo dicho por el evangelio de hoy: ¿Cómo debemos ser? ¿De qué manera lo haremos?

 


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viernes, 04 de junio de 2010

Viernes 04 – Feria – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: de la feria. Día penitencial.

 

Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (2, 8–15)

Pero tú permanece fiel a la doctrina que aprendiste y de la que estás plenamente convencido

Querido hijo: 10Tú, en cambio, has seguido de cerca mi enseñanza, mi modo de vida y mis proyectos, mi fe, mi paciencia, mi amor y mi constancia, 11así como también, las persecuciones y sufrimientos que debía soportar en Antioquía, Iconio y Listra. ¡Qué persecuciones no he tenido que padecer! Pero de todas me libró el Señor. 12Por lo demás, Jesús, tendrán que sufrir persecución. 13Los pecadores y los impostores, en cambio, irán de mal en peor, y engañando a los demás, se engañarán a sí mismos. 14Pero tú permanece fiel a la doctrina que aprendiste y de la que estás plenamente convencido: tú sabes de quiénes la has recibido. 15Recuerda que desde la niñez conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación, mediante la fe en Cristo Jesús. 16Toda la Escritura está inspirada por Dios, y es útil para enseñar y para argüir, para corregir y para educar en la justicia, 17a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para hacer siempre el bien.

Palabra de Dios.

 

Salmo Responsorial

Salmo responsorial 119 (118), 157. 160–161. 165–166. 168

R¡Los que te aman gozan de paz, Señor!

157Son muchos los que me persiguen y me oprimen, pero yo no me desvié de tus prescripciones. 160Lo primordial de tu palabra es la verdad, y tus justos juicios permanecen para siempre. R.

161Los poderosos me persiguen sin motivo, pero yo temo únicamente tu palabra. 165Los que aman tu ley gozan de una gran paz, nada los hace tropezar. R.

166Yo espero tu salvación, Señor, y cumplo tus mandamientos. 168Yo observo tus mandamientos y tus prescripciones, porque tú conoces todos mis caminos. R.

 

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 12, 35-37

¿Cómo dicen que el Mesías es Hijo de David?

35Jesús se puso a enseñar en el Templo y preguntaba: "¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? 36El mismo David ha dicho, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies. 37Si el mismo David lo llama Señor, ¿Cómo puede ser hijo suyo? La multitud escuchaba a Jesús con agrado.

Palabra del Señor.

Comentario:

 

La forma que da Marcos a este episodio recoge una sentencia de Jesús sin el tono de controversia que aparece en Mt. En todos los sinópticos, la sentencia es sustancialmente la misma. Jesús hace una pregunta en relación con las creencias de su tiempo acerca del Hijo del David. En el trasfondo está la antigua tradición referente a un ungido descendiente de David, que en los dos siglos anteriores se había desarrollado hasta convertirse en una expresión de mesianismo, a la espera de un rey davídico ideal. Sus raíces estaban en pasajes como Jr 23,5; Ex 37,23-24; 1Cron 7,11.14; Dan 9,25-26.

35Jesús se puso a enseñar en el Templo y preguntaba: "¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David?

“el Cristo es hijo de David”: El Mesías de Dios se identificaba comúnmente como un descendiente de David y, por ello, como pretendiente legítimo al trono de Israel de acuerdo con 2 Sam 7,14 ([14]  Yo seré para él padre y él será para mí hijo). Jesús pone en duda esta creencia (versículo siguiente).

36El mismo David ha dicho, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies.

“El Espíritu Santo”: La argumentación de Jesús presupone la idea, entonces aceptada, de que David era el autor del Salterio y que “en quien había hablado el Espíritu del Señor” era David (2Sam 23,2 [2]  El espíritu de Yahveh habla por mí, su palabra está en mi lengua).

“el Señor a mi Señor”: Jesús cita Sal 110,1 en la versión de los LXX: El Señor (Kyrios= Yahvé) dijo a mi señor (kyrios = el rey ungido). -Los judíos en esta época no pronunciaban el nombre divino Yahvé, sino que en su lugar ponían el título divino adonai “señor” (lit., “mis señores”, forma gramatical que se aplica únicamente a la divinidad); en el AT, adoni, “mi señor”, es la forma usual de dirigirse aun rey. El texto griego, por consiguiente, representa la forma de pronunciar este versículo en aquella época: “adonai dijo a adoni” en vez de “Yahweh dijo a adoni”-.  Si bien es cierto que los comentaristas del AT discuten acerca del carácter mesiánico del Sal 110, y muchos de ello señalan que es únicamente un salmo real dirigido al monarca reinante, otros creen que debe tomarse por mesiánico, ya que representa la visión de la dinastía davídica. No cabe duda que el evangelista lo entendían en este último sentido.

37Si el mismo David lo llama Señor, ¿Cómo puede ser hijo suyo? La multitud escuchaba a Jesús con agrado.

“El mismo David le llama Señor, ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?”: La pregunta de Jesús es simple en si misma, pero han propuesto tres maneras de entenderla:

1) Jesús pone en duda el origen davídico del Mesías, por ser galileo, “hijo de un carpintero”, el no podía ser el Mesías; en consecuencia, trata de probar que el Mesías no pertenece necesariamente al linaje de David.

2) Jesús insinúa que el Mesías es mucho más que un simple descendiente de David, pues tiene un origen trascendente más alto que el mismo David. Se trataría de un nuevo paso en la autorrevelación de Jesús.

3) Se supone que Jesús alude indirectamente a la visión del Hijo de hombre (Dn 7,13 [13]  Yo seguía contemplando en las visiones de la noche: Y he aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia); efectivamente es Hijo de David, pero también algo más: Hijo del hombre en un sentido excepcional.

De las tres interpretaciones, sólo la segunda resulta convincente a la larga. La pregunta que hace Jesús no va tanto a negar que el Mesías sea Hijo de David cuando a declarar que es eso y mucho más. Si bien es cierto que en lo humano desciende de David (Mt 1,1-17; Rm 1,3 [3]  acerca de su Hijo, nacido del linaje de David según la carne; 2 Tim 2,8), el Mesías tiene un carácter trascendente que va más allá de los vínculos de sangre con David; éste es el motivo de que David pueda referirse a él llamándole con un título que, en otro sentido, se aplica únicamente a Yahvé. 

Tomado de http://www.diocesistoluca.org.mx/noticias/index.php?option=com_content&task=view&id=971&Itemid=26, vista el 28/05/2008.

 

Meditemos:

 

  1. ¿Quién es Jesús para mí?
  2. ¿Dedico tiempo a rendirle el culto que se merece?

 

 


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jueves, 03 de junio de 2010

Jueves 03 – Memoria Obligatoria: San Carlos Lwuanga y compañeros, mártires – Rojo / Misa: de la memoria – Liturgia de las horas: de la memoria


Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (2, 8–15)

Acuérdate de Jesucristo, que resucitó de entre los muertos

Querido hijo: 8Acuérdate de Jesucristo, que resucitó de entre los muertos y es descendiente de David. Esta es la Buena Noticia que yo predico, 9por la cual sufro y estoy encadenado como un malhechor. Pero la palabra de Dios no está encadenada. 10Por eso soporto estas pruebas por amor a los elegidos, a fin de que ellos también alcancen la salvación que está en Cristo Jesús y participen de la gloria eterna. 11Esta doctrina es digna de fe: Si hemos muerto con él, viviremos con él. 12Si somos constantes, reinaremos con él. Si renegamos de él, él también renegará de nosotros. 13Si somos infieles, él es fiel, porque no puede renegar de sí mismo. 14No dejes de enseñar estas cosas, ni de exhortar delante de Dios a que se eviten las discusiones inútiles, que sólo sirven para perdición de quienes las escuchan. 15Esfuérzate en ser digno de la aprobación de Dios, presentándote ante él como un obrero que no tienen de qué avergonzarse y como un fiel dispensador de la Palabra de verdad.

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial

Salmo responsorial 25 (24), 4–5. 8–10. 14

R¡Muéstrame, Señor, tus caminos!

4Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. 5Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R.

8El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados; 9él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres. R.

10Todos los senderos del Señor son amor y fidelidad, para los que observan los preceptos de su alianza. 14El Señor da su amistad a los que lo temen y les hace conocer su alianza. R.

 

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 12, 28b-34

Este es el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste

28Un escriba que oyó discutir a Jesús con los saduceos, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: "¿Cuál es el primero de los mandamientos?". 29Jesús respondió: "El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; 30y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. 31El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos". 32El escriba le dijo: "Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, 33y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios". 34Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: "Tú no estás lejos del Reino de Dios". Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor.

Comentario:

 

Era una discusión “de academia”… Pero a aquellos escribas les gustaban las discusiones “de academia”; se entretenían con ellas. De todos los mandamientos que pueblan la Torah y de los miles de preceptos en que los estudiosos habían desglosado la Ley de Dios… ¿Cuál era el más importante? Probablemente, llevaban decenas de años discutiendo sobre lo mismo sin llegar a una conclusión definitiva. Y aquel escriba, que quizá había pasado las noches en vela cavilando para tratar de dar a sus alumnos la respuesta, habiendo oído hablar de la Sabiduría del Rabbí de Nazareth, se acercó para formularle la pregunta.

Jesús no se esforzó demasiado. Simplemente, deshizo la madeja y citó a Moisés tal cual estaba escrito en el Pentateuco, libre del ornamento de los legistas: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor”»… Nosotros lo hemos traducido al español del catecismo diciendo: “Amarás a Dios sobre todas las cosas”, pero la traducción deja mucho que desear. Tal y como ahora lo pronuncia Jesús -según estaba escrito en el Deuteronomio- el imperativo descarga su fuerza en otro verbo: “El primero es: “Escucha””…

“El primero es: “Escucha””… ¡Si es que no paras de hablar! Llegas a la presencia de Dios, y sólo sabes hacer dos cosas: o abrumar el Cielo con tus palabras, con tus peticiones, con tus súplicas y ruegos… O callarte y decidir que te aburres. Entiéndeme: no digo que hagas mal en hablar. Tienes mucho que pedir, y debes pedirlo. ¿A quién se lo vas a pedir, sino a Dios? Tampoco le resto mérito al esfuerzo que te supone permanecer en oración durante los tiempos de sequedad. Mil veces mejor es quedarse junto a Dios y aburrirse que retirarse de su presencia. Pero… ¿cuántas veces has acudido a la presencia de Dios para escucharlo?

“El primero es: “Escucha””… ¡Claro que Dios habla, y habla para ti! Tiene hoy para tu alma una Palabra que no tiene para nadie más. Y, si no la escuchas, nadie la escuchará por ti. Tan sólo tienes que situarte delante del Sagrario, o cerrar la puerta de tu habitación (apaga la tele, por favor). Guarda primer unos minutos de silencio, hasta que se apague el ruido exterior e interior (ya sabes, preocupaciones, fantasías, recuerdos, naderías, bobadas…). Después abre la escritura, quizá por las lecturas de la Misa de hoy, y no quieras extraer conclusiones… Simplemente, escucha. Escucha y deja que esas palabras vayan iluminando tu vida, sacando a la luz tus tinieblas y señalando el camino por el que Dios quiere llevarte… ¿Lo ves? Dios quería hablarte, y tú, con tantas cosas encima, no lo escuchabas.

Tomado de http://homiletica.org/arquidiocesisdemadrid1832.htm, vista el 28/05/2009.


Meditemos:

 

  1. ¿Me hago tiempo para escuchar la voz del Señor?
  2. ¿En qué tiempo oigo a Dios? ¿Tengo horarios de oración?

 


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martes, 01 de junio de 2010

Miércoles 02 – Feria (o Memoria Libre: Santos Marcelino y Pedro, mártires – Rojo) – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección.


Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (1, 1–3. 6–12)

Te recomiendo que reavives el don de Dios que has recibido por la imposición de mis manos

1Pablo, Apóstol de Jesucristo, por la voluntad de Dios, para anunciar la promesa de Vida que está en Cristo Jesús, 2saluda a Timoteo, su hijo muy querido. Te deseo la gracia, la misericordia y la paz que proceden de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo. 3Doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia pura al igual que mis antepasados, recordándote constantemente, de día y de noche, en mis oraciones. 6Por eso te recomiendo que reavives el don de Dios que has recibido por la imposición de mis manos. 7Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad. 8No te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni tampoco de mí, que soy su prisionero. Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por Evangelio, animado con la fortaleza de Dios. 9El nos salvó y nos eligió con su santo llamado, no por nuestras obras, sino por su propia iniciativa y por la gracia: esa gracia que nos concedió en Cristo Jesús, desde toda la eternidad, 10y que ahora se ha revelado en la Manifestación de nuestro Salvador Jesucristo. Porque él destruyó la muerte e hizo brillar la vida incorruptible, mediante la Buena Noticia, 11de la cual he sido constituido heraldo, Apóstol y maestro. 12Por eso soporto esta prueba. Pero no me avergüenzo, porque sé en quien he puesto mi confianza, y estoy convencido de que él es capaz de conservar hasta aquel Día el bien que me ha encomendado.

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial

Salmo 123 (122), 1–2

R¡Levanto mis ojos hacia ti, Señor!

1Levanto mis ojos hacia ti, que habitas en el cielo. 2Como los ojos de los servidores están fijos en las manos de su señor. R.

Como los ojos de la servidora en las manos de su dueña: así miran nuestros ojos al Señor, nuestro Dios, hasta que se apiade de nosotros. R.

 

Aleluya: Juan 11, 25–26.

Aleluya. “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí no morirá jamás”, dice el Señor. Aleluya


Evangelio

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (12, 18–27)

No es un Dios de muertos, sino de vivientes

18Se le acercaron (a Jesús) unos saduceos, que son los que niegan la resurrección, y le propusieron este caso: 19“Maestro, Moisés nos ha ordenado lo siguiente: “Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda”. 20Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. 21El segundo se casó con la viuda y también murió sin tener hijos; lo mismo ocurrió con el tercero; 22y así ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos ellos, murió la mujer. 23Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?”. 24Jesús les dijo: “¿No será que ustedes están equivocados por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios? 25Cuando resuciten los muertos, ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que serán como ángeles en el cielo. 26Y con respecto a la resurrección de los muertos, ¿no han leído en el Libro de Moisés, en el pasaje de la zarza, lo que Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? 27El no es un Dios de muertos, sino de vivientes. Ustedes están en un grave error”.

Palabra del Señor.

Comentario:

 

El Evangelio de este día nos habla de la resurrección de los muertos. Algunas estadísticas indican que muchos cristianos no son conscientes de esta verdad de fe. Yo mismo he comprobado, hablando con adolescentes y jóvenes, que consideran la resurrección de la carne como algo metafórico. En los primeros tiempos pasaba algo parecido. San Pablo, cuando anuncia en Atenas que los muertos resucitarán, ve con sorpresa que todos dejan de escucharle. Encontraban aquella doctrina extravagante.

Al decir que resucita la carne, lo cual es posible gracias a la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, afirmamos también el valor de todo lo humano. La Iglesia siempre ha huido del angelismo. En la historia han existido muchos movimientos, nacidos en el seno del cristianismo, que despreciaban lo material. Daban tanta importancia a lo espiritual que negaban el valor del cuerpo. Era el caso, por ejemplo, de los maniqueos. Sin embargo, Jesús, con su encarnación asume todo lo humano y, en primer lugar el cuerpo y el alma. Muere verdaderamente y resucita.

La resurrección de la carne nos ayuda a relacionarnos con todo lo material sabiendo que lo mejor de ello será recuperado en la vida eterna. Por ello tienen sentido las emociones estéticas, escuchar una música bella o paladear un buen vino. El mundo no es malo y nuestro cuerpo tampoco. El hecho de que la vida humana no se agote en su corporeidad no significa que debamos despreciarlo.

Ahora bien, la resurrección señala también un estado de plenitud. Nuestro cuerpo, entonces glorificado, no estará sujeto a las necesidades que ahora experimentamos ni tampoco se resistirá a las mociones del alma. Resplandecerá con la plenitud de vida que Dios le comunica. Pensar en la resurrección no nos lleva a idolatrar lo corporal sino a tomarnos la vida en serio y con esperanza. De hecho, si no hubiera esperanza tampoco habría seriedad y todo parecería un juego.

San Pedro de Alcántara tiene unas sugerentes meditaciones sobre la muerte. Para algunos pueden resultar tremebundas, pero dice cosas muy interesantes. Señala, por ejemplo, y a mí me ayuda, el dolor que deben sentir alma y cuerpo al separarse en el momento de la muerte. Lo han compartido todo durante tantos años y, de repente, emprenden viajes separados. Ese es un punto muy misterioso de nuestra existencia. De ahí que nosotros aceptemos alegres la noticia del Señor de que la muerte ha sido vencida y el hombre, después de esta vida, podrá alcanzar en plenitud la unidad por la que lucha en esta vida.

Porque la resurrección de la carne nos habla también de la unidad del hombre y nos impulsa a buscarla. Precisamente uno de nuestros dramas es el vivir escindidos. Jesús nos da una clave para esa unidad: “No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos están vivos”. La pregunta de los saduceos escondía una trampa. Con su ejemplo absolutamente inverosímil pretendían separar lo que hacemos en este mundo de nuestro destino definitivo. Pero estamos en manos de Dios y sólo en Él se entiende todo.

Tomado de http://homiletica.org/arquidiocesisdemadrid0270.htm, vista el 28/05/2009.


Meditemos:

  1. ¿Cuál es mi opinión sobre la muerte y la resurrección?
  2. ¿Cómo me impacta la muerte de mis seres queridos?

 

 

 

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